EL BUEN SEÑOR QUE YA LO VIO TODO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

¡Oh, bribones y ladronzuelos!

Buscan la ciudad donde la magia reina

Y las más bellas muchachas son los libros del amor.

¡Oh, aventureros de saber incierto y dedos mugrientos!

¿Has entendido el porqué de los rituales antes de subir a la montaña?

Hay un largo recorrido reza la tradición

Y en ello los sabios se regocijan por su verdad,

Que es sabio el músculo cuando encierra todos los secretos que nunca se te serán dados.

Las calles de la perdición donde dominan las mujeres de encajes rojos

Prohibidas están para los de corazón ingenuo e ignorante,

Dice el genio que cautiva con su música a los viandantes:

Yo no he compuesto lo que el oído reconoce como sagrado

Para el simple hombre que tres verdades tiene cuando no hay ninguna

Y solo mentiras desde su condición de tonto, truhan y sin mérito

En su poco entendimiento, costumbres groseras y ofensivas                                   

Lo devuelvan a  sus antros donde se embarrare con  sus olores.

Arribistas y traidores de credos, ideologías y lo que compre el dinero

A todos se pone a prueba en la hora de la ambición y  la desesperación de los hambrientos

¡Tú que abogaste por los débiles, ahora quieres la corona

De quienes juzgabas como amos y ahora en tu desgracia tu secreto revelado

Blasfema a ti mismo lo que a lo largo del tiempo, mantuvo su constancia!

Es raro el rebelde que casado con la princesa

Conviva con ella en el palacio.

Son comunes los embusteros que se alzaron contra los tesoros ajenos

Y clamando justicia en la noche que se reitera, vistan trajes que señalaban el Mal.

¡Oh, sueño que es la vida para los justos que los realizan!

¿Pocos saben del poco valor del dinero cuando honra se lleva en las pisadas?

Dice el hombre que sostiene la corona, que a sus pies los más rebeldes le han reverenciado

Y a los leones los ha lanzado. También dice que los verdaderos

En nada se les ha sido ajenos y desconocidos,

La leyenda es así: un niño humilde que eleva al pueblo contra el tirano

Con hambre genuina de justicia, bajo el rigor de su espada

Y los maestros que su saber le dieron

Destino fue sin saberlo, para la gloria del hombre

En medio de tanta deshonra y farsante,

Las inacabables noches de los desgraciados,

¡Los lanzados a los leones por felones de su pueblo!

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Poeta

 

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