EL HOMBRE QUE DERROTÓ A LA SOLEDAD

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

EL HOMBRE QUE DERROTÓ A LA SOLEDAD

El hombre sabio no estaba acostumbrado a hablar de su soledad.

Sagrado en su condición, había recorrido el mundo

Y en otras ciudades tardó bastante para saberse en su virtud.

No acostumbraba a dar consejos, sabía que ello era alterar un destino,

Soberano de sus horas, plácido en su universo contemplativo

Aprendió a escuchar las voces de la montaña, de los truenos

De los vientos que traen olores que alguna vez en el mundo fueron significantes.

En su postura, sus ojos se llenaban constantemente

Y su voz silente se convertía en estupendos pergaminos,

Si acaso la tentación de volver con el ser humano le hiciera olvidar

De su estancia en la soledad, en lo bello que es estar acompañado de sí mismo.

El hombre sabio leía versos de poetas, y así era feliz.

El amor alcanzó en él otras connotaciones

Y en su rostro se reflejaba lo que otros buscaban afanosamente

Cuando se va a la deriva, sea cual fuera la edad.

No tenía que obedecer a nadie, y procuró desde su vida propia

Alimentarse con lo que ritualmente cultivaba en sus huertos.

La simpleza en sus procederes era una memoria donde triunfó la paz.

Sentado en lo elevado de las montañas que diariamente subía

Era consciente de nuestros fracasos como hombres

De nuestra civilización llena de caos sin respuestas.

Así recordaba el mundo recorrido mientras danzaba solo para sí

Cantando canciones que en otras noches le descubrieran en el mundo

Cuando fue viandante y leyendas propias buscaba.

El hombre sabio que sube montañas todas las mañanas

Escribe pergaminos para cuando le tiente otra vez las ciudades

Para cuando sea seducido por la vanidad de los profetas.

Ha olvidado qué fecha traen las Lunas y acaso ya no recuerda cómo es su rostro.

Hasta aquí han llegado las novedades de este hombre sabio,

Y en los cafés de las grandes metrópolis los intelectuales hablan sobre la libertad.

Y él guarda silencio desde su propio estar,

Alguien se ha llenado de sí mismo.

¡Alguien en este mundo sabe de la soledad, alguien está lleno de sí mismo!

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Poeta

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