EL SOLITARIO BUSCADOR DE LA POESÍA

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

EL SOLITARIO BUSCADOR DE LA POESÍA

 

La muchacha que nunca fue mujer

A pesar de los años

Tuvo Maestras que le enseñaron el don del discernimiento,

El mundo se había unido a ella

Y todo su saber se lo entregó.

El hombre que erró hasta la locura

Y que tuvo gestas y reconocimientos que a solo nombre mereció

Creía que el amor era solo pasión

El sexo de una vulva

Y todas las mujeres que a su paso el deseo encendía.

Todos nos habíamos equivocado

Así lo dicen los veteranos en sus milenarios libros

Que ella encontró en sus momentos de soledad tierna;

Sin embargo nunca lloró

El Amor dentro de ella era propio de una Virgen que admiraba

Y el solitario buscador de la poesía,

Un destino que la hallaría al final de su vida

Cuando al verla a sus ojos

Reconociera lo que tanto buscó

Al sentenciar ella: “Todo lo que has aprendido,

Ese largo recorrido que habrían anhelado los más malditos,

Ha sido con el fin de salvar al corazón de los orantes.

Perverso y lleno de aberraciones

La lujuria te entregó solo placer mas no la Verdad.

Mi Amor por tanto que es fiel hasta en estos años

Que ambos cargamos en este día donde debemos partir,

Con el permiso del destino donde mi voluntad ha sido superior,

Por haber sido la Musa de los tiempos,

En nuestro sacrificio, para enseñar a los demás mortales

Qué es el Amor

Al no ser de este mundo, como sí lo es la carne

Y el sufrimiento. Que gozosa te he esperado y te he sabido

Y en cada lágrima tuya he sonreído ante tu purificación.

Tus hazañas no elegidas donde el mundo te empujó a emprenderlas

Ya estaban escritas en el Libro de las Mujeres,

El Libro que no se ha compartido con el Hombre,

El Libro que guarda el  amor propuesto desde el Origen.

Ahora que me has encontrado como debía ser, con la cabeza altiva

Y la serenidad de los que han vencido

En tu largo avanzar,

Ya sabes de la causa de tus escritos                       

Cuando el hombre propuso sobre el amor erradamente

Y cuando la común mujer lo comerció.

Y tomas de mi mano mientras sonríes con la fuerza de un dios,

Porque ahora sabes para qué escribiste tanto,

Así te amé y así te amo hasta lo que no se puede medir.

Ahora sabes cuál fue tu misión en este mundo,

Desde el momento en que te hiciste Poeta

Para enseñarnos qué es un hombre y una mujer inmaculada

Para honrar al Amor que nadie en este mundo encontró.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Poeta

 

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