EN LA PUNTA DEL CERRO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

Ya sabes, tantos años a punta de masturbaciones. El tipo era un caso. Se dedicaba a la gasfitería y electricidad. Siempre tenía ese olor a huevos sudados por donde iba. Era el hazme reír de los muchachos debutantes que no paraban de criticarlo. Es que no les cabía en la cabeza que tremendo manganzón aún estuviera pito, es decir, virgen. Hasta que en una de esas, fue a dar a la casa de la loca del barrio, una cuarentona de la que se comenta, se acostó con medio puerto y a punta de abortos se quedó estéril pero no por ello con su fama de ninfómana. Ya, sí recuerdo de quién me hablas, era esa mujer que le olían feo las axilas y que andaba casi calata por las calles, con vestidos casi al filo del calzón, pidiendo a gritos que se la follasen. Esa misma, espera, ¿y mi limonada dónde está?, menudo calor el que hace. Tú desde que dejaste de tomar la cola negra bebes y bebes limonada a más no poder. ¿Es mejor a beber cerveza, no crees? Ah, cuando me hablas de la cerveza me recuerdas a mis conocidos de doble A, ¡toda una tragedia!, vivir en la orfandad, en plena calle, luego de haber aguantado meses en sobriedad, para volver a caer en las garras del alcohol. “La sangre del demonio”, así le llaman. Toman consciencia que la adicción es incurable. Sí, lo sé, pero, ¿cómo es eso que luchan segundo a segundo  contra la bebida? Pues es así, esa vaina es un infierno. Se mezclan el miedo, los ataques de pánico, los Delírium Trémens, la aparición de los súcubos, esas mujeres extremadamente bellas que representan a la muerte y que generalmente te dicen que te van a llevar a sus dominios. Ya, eso lo sé también, no es como en el caso de los demás bebedores que en la resaca, padecen de depresiones fuertes, por las cosas obscenas que hicieron cuando estuvieron ebrios, esos nervios a los cuales llaman los “muñecos”, o la misma “perseguidora”, que es la paranoia misma de sentirse perseguidos por un miedo intenso como si alguien quisiera matarlos o hacerles algún daño. Pero bueno, ¿y mi limonada?, espera, aquí está, la guardé en la nevera que el calor está fuerte y me ha dado ganas de tomarme unos vasos contigo, pero me estabas narrando la historia del onanista y la cuarentona ninfómana. Ah, sí, pues que se podía esperar, eran como el uno para la otra. Mira que se encerraban todo el día y la noche para follar. Esa calle solo olía a sexo, a verga de veinteañero mezclado con el olor a vagina cuarentona. Pero cómo fue que se le paró al onanista con ella, los incorregibles son normalmente impotentes, sino, ya habrían debutado como lo hacen generalmente los muchachos de la región, a los 18 años. Pues dicen que le dio algo en la comida, que a la media hora el flaco funcionó como un burro en primavera, porque si bien ahora está más flaco de lo que era, de tanto sexo, en ese entonces no bajaba de los 75 kilos. Es cierto, no era tan flaco, ahora parece una calavera andante. Es la lujuria mi estimado, la lujuria. El sexo lo tiene loco. Locos dirás. Bueno, sí, a ambos el sexo los trastornó. Y estuvieron así en ese plan a narices de la madre de la cuarentona que rápido se dio cuenta que él era un plato más para servir en la mesa, que no tenía ánimos de trabajar, que lo suyo era como todo buen debutante, solo follar y follar. Se tiró todos los ahorros de su triste trabajo en ella, y cuando la vieja vio que comenzaba a ser un estorbo él, lo quiso botar pero su hija, la ninfómana, estaba tan satisfecha y complacida, tan enviciada. Una noche se reunieron los padres de ambos y decidieron no darles más beneficios, que la vida no es así, que no solo se trata de follar y follar, que hay que trabajar, ganarse la vida de alguna manera. ¿Pero no es gasfitero y electricista?, nada, ningún hombre quiso hacer uso de sus servicios, temían que terminara por convertirse en un violador en potencia, así no iban a dejarlo entrar a sus casas ante sus indefensas mujeres luego de haberse recibido de semental con la ninfómana. ¿Y qué pasó entonces? Pues crían pollos, a duras penas entre horas robadas para el placer y unos cuantos maderos con cuartones de triplay cerraron el necesario espacio para una cama y unas 40 poses para el amor y desde entonces no se sabe nada de ellos. Sorbieron la limonada, ah, está buena, sí, el calor está insoportable y las muchachas se hacen mujeres y uno que está casado y ni mirarlas se puede, pero entonces, qué pasó con ellos. Ah, se loquearon, se fueron a vivir a la punta del cerro, para seguir follando sin parar. Qué locura. Es la lujuria mi estimado, la lujuria.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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