LOS QUE LOGRARON SUS SUEÑOS

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

¿Por qué no vas y dejas tus libros? Era una mañana agradable donde compartíamos un delicioso desayuno hecho de jugos de frutas, huevos pasados a la sartén, arroz y salchichas. Esto fue hace 6 años atrás. El editor llegará en estos días, me lo acaban de decir. Llega de Lima. Su pareja, desde la casa donde estábamos había servido los platos. El reconocimiento poeta, el reconocimiento es como andar en plena avenida de cualquier ciudad y ser detenido por gente que no conoces, mientras te alcanzan la mano, celebran tus escritos, y sin saber cómo ni en qué momento, te empiezan a hablar de sus problemas, de lo que ocurre en esa ciudad, y a paso rápido sin que te des cuenta, te están llevando a la radio, para que declares sobre cosas que no sabes bien, hasta terminar frente a un micrófono y un periodista que empezará halagando tu obra, como si de pronto el sueño de ser célebre fuera lo más bello que te pueda pasar, hasta que en menos de un par de minutos, no sabrás dónde esconderte, porque te pedirán opiniones sobre política, entre llamadas del público oyente, que despotricarán todo lo que digas, u otros llamen para apoyarte sacando beneficio en ello, hasta que quieras decir ¡basta!, yo solo vine a conocer la ciudad, no ha cambiarla.

Años después, cuando se organizarán Ferias del Libro en mi terruño, recordaría las palabras de mi amigo cuando no solo se hablara de literatura en los medios de comunicación, sino también de economía, de política, de qué me parecía la gestión del alcalde, de qué opinaba por ejemplo de las minas, siendo Perú un país históricamente minero.

Llega en una semana, ve, deja tus libros, están buscando un escritor que sea el referente de esta ciudad. Hasta el momento los que hay ya lo han dado todo en la capital, mejor dicho, se han gastado en su discurso, que como sabrás bien, tuvieron su apogeo, hasta la noche en que se vieron sentados solos a la mesa en algún café de Barranco sin más seguidores, y sintieron el sabor amargo de los que saben que ya no tienen nada qué hacer en la capital, que pasaron de moda, que esas noches de afiebradas tertulias donde eran el centro de atención acabaron, que debían retornar sin que nadie se percatara de ello.

Poeta, come que se enfría el desayuno. No le hagas mucho caso a mi mujer, ella cree ser dueña de la verdad, y a pesar de que dice la verdad, debes entrevistarte con ese editor, recuerda que la vida es así, ningún escritor logra ser protagonista toda su vida con su obra. Algunos dejan de escribir tempranamente, otros escriben cosas que ya a nadie les interesa. Tú ya has hecho una novela y tienes millares de escritos que estarán algún día expuestos a la crítica. Y la crítica siempre será eso, algo en lo cual no debes pensar. No se puede evitar estar en boca de todo el mundo donde sabes bien, nadie dirá precisamente cómo fueron las cosas, si acaso dirán a su manera de buena o mala fe cosas que nunca has dicho, si acaso te inventen parientes donde nunca los has tenido u historias en ciudades que no conoces. El hecho de ser una persona pública te convierte en eso: en el tema de conversación de los escritores frustrados, los que son excelentes narradores de vivencias que te serán atribuidas sin que las hayas vivido. Es más, ignorarás en gran medida todo lo que se diga de ti, y que no te extrañe si un día te hablen de ello en plena calle cuando te detengan para saludarte y preguntarte justamente sobre ello.

Días después, el editor llamó a mi celular solicitándome una entrevista. Había dejado una semana atrás mis libros luego que la secretaria que me atendió me recalcó que debía estar atento a la llamada de ellos. Al entrar al estudio del editor, volvió a repetir lo que se me había anticipado, que necesitaban desde la capital un escritor referente de la ciudad. Pensé todo lo que se me había comentado. ¿Escribe diariamente?, eso es lo que sé de usted. Sí, escribo todos los días. Su obra es interesante, pero aún no está maduro, usted es como un diamante en bruto, le falta corregir algunas cosas en lo que escribe, pero su talento nos gusta. Por ahora no lo publicaremos, primeramente quiero preguntarle: ¿sabe a lo que se expone en caso de ser una persona pública? Algo, le contesté. Los escritores a los cuales apoyamos para que sean célebres en este medio, no son precisamente felices, señor Mauricio. Llegado el momento creen vivir un sueño que poco a poco se va convirtiendo en una pesadilla. ¿Es consciente de ello? No supe qué contestarle. Veo que no. De todas formas, lo archivaremos. Veo que aún no sabe nada de agentes literarios, ¿sabe que hace décadas existen para ignorancia de quienes envían sus obras a nuestro despacho para ser evaluadas con el fin de ser publicadas?, no, veo que no lo sabía. Señor Escritor, siga usted escribiendo, sea cauteloso y muy prudente, siga cuidando su imagen. Le diré algo, el talento quiera o no quiera uno, vende, y eso es lo que nos interesa, no sé cómo sea en su caso, lo que quiero decirle es que cuando sea el momento en el cual la prensa decida darle todo su respaldo, será en ese momento cuando usted se dé cuenta que le estamos dando la oportunidad para ser el escritor de moda. Es cierto, a muchos los han reconocido después de muertos, y eso es algo que lamentamos mucho, pero los tiempos cambian, la gente quiere saber de nuevas formas de leer la vida, claro, a través de los libros. Por ahora no consideraremos su obra, pero no por ello debe extrañarse si de aquí a unos años nos volvamos a encontrar bajo otro tipo de circunstancias y condiciones. No ha sido dificultoso leerle, es más, me gusta mucho lo que he leído de usted, considerando que llegan decenas de manuscritos a mi despacho diariamente. Por ahora no tengo más nada qué decirle, solo que disfrute todo lo que pueda de la libertad de su anonimato, ¡enamórese!, ¡haga el amor con todas las mujeres que quiera!, ¡viaje todo lo que quiera y deba!, y dese el gusto de ser nadie dentro del mundo, porque todo lo que le he mencionado, no lo podrá volver a hacer cuando sea una persona pública, usted ya no se pertenecerá a sí mismo, nos pertenecerá a todos, usted será una marca a vender, y todo sirve, todo vale, cuando se trata forjar identidades, leyendas urbanas, en torno a los escritores que están de moda.

Me estrechó la mano acotando que no era una despedida, que era un: hasta pronto.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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