DIÁLOGO CON EL SEÑOR DECANO EN EL 2014

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

¿No te gustaría ser catedrático? Calábamos ambos nuestros tabacos desde los altos del pabellón de La Facultad. Señor Decano, no soy Licenciado, es más, ni siquiera estoy matriculado en esta Escuela. Ah, pensé que ya habías acabado la carrera, habrías sido un excelente catedrático, sé de cuando entras a los salones y motivas a los alumnos con tus discursos, anécdotas y lectura de poemas, sobre todo cuando lo haces de manera espontánea. Te he visto hace más de 20 años rondando por esta Escuela, para ser preciso son 24 años, le interrumpí, ah, mira, es bastante tiempo. Leí una de tus novelas, me gustó, ¿consumes drogas para inspirarte? Solo consumo tabacos, no consumo drogas. Es bueno saber eso, hemos perdido muchas generaciones entre el alcohol y las drogas. Pero, entonces, ¿no te aburres? No, tengo lo que necesito para escribir: vida, tiempo y libertad económica, lo cual por cierto, me permite escribir en total libertad, mejor dicho, no estoy sujeto a la opinión de algún editor ni tampoco es mi afán  trabajar en algún diario local. Alguna vez tuve esa propuesta pero me advirtieron que sería editado, naturalmente no acepté. Pero sé que sacas quincenalmente una columna en uno de los diarios de la Región Sur de Perú. Sí, hago un resumen de lo que aprendo cuando entro a clases de algunos catedráticos que son mis amigos y que creo, deben ser de dominio público. He notado que eres muy amigo de casi todos los catedráticos, que te gusta pasar las horas de la tarde entre lectura y lectura, compartiendo con ellos tus inquietudes. Es cierto, como ahora lo es con usted señor Decano. ¿Qué te trae tanto por aquí Mauricio?, pues que encuentro gente que conversa sobre lo que yo converso siempre, eso mismo les pasa a todos los universitarios de esta Escuela, solo conversan sobre literatura. ¿Es un mundo raro, no?, por qué le pregunté, porque la realidad afuera de la universidad es distinta, los alumnos de esta Facultad sin darse cuenta, poco a poco comienzan a usar un lenguaje académico, un lenguaje que no es entendido por las personas que no son muy aficionadas a las lecturas continuas o que en todo caso, tienen una visión bastante pragmática de la vida, solo piensan en hacer dinero Escritor, cosa que veo a ti no te interesa. ¿Ya te dijeron que de la Literatura no se vive? La mayoría de estudiantes que egresan, ejercen la docencia, aprovechan las becas que les damos para que se vayan al extranjero para hacer Maestrías o Doctorados y generalmente son leídos por un reducido grupo de personas que son refinadas, cultas, y que esperan la visión personal del estudiante ilustrado que asimila los conocimientos para interpretarse. Esa interpretación es el aporte que nos interesa. El conocimiento es el mismo, pero el cómo es usado de manera personal para alcanzar respuestas personales es lo que le da vida a nuestro pequeño grupo de escritores. ¿No has pensado en estudiar en esta Escuela?, podrías ser un buen catedrático. Sí, podría ser, pero no me alcanzaría el tiempo para escribir, leer lo que yo elijo a voluntad, y preparar clases para diferentes cursos, sin embargo, su sugerencia me honra. Necesitamos más escritores comprometidos. Me han hablado bien de ti los catedráticos con quienes conversas, te tienen en su estima personal, dicen que los motivas antes de entrar a clases, que eres el alumno ideal, porque te saben leyendo todo el día dentro de estos claustros, siempre dialogando sobre lo que lees, nunca hablando de otras personas, solo abocado a tertulias donde la Literatura es el único tema de conversación. Es la manera preocupada que tienes de apasionarte por lo que lees, por lo que les pasó a los autores, por su contexto histórico, por querer entender los versos de los Poetas más difíciles, el querer entender qué les motivó escribir de tal manera, el saber cómo fueron sus derrotas dentro del mundo, cuando quisieron cambiarlo. ¿Eres casado?, no, no pienso casarme. Mejor, acotó el señor Decano, la Literatura y los matrimonios no van de la mano. Ten todas las mujeres que quieras y puedas, pero no pierdas tu libertad, los escritores generalmente no se casaron, se dedicaron de lleno a lo que les dio razón para existir: escribir. Sin embargo te expresas como alguien muy vivido, y eso lo corroboro en tus escritos. Te hemos visto crecer Mauricio, quizás eso no te lo han dicho tus amigos catedráticos, pero te hemos visto desde que eras adolescente. ¿Sabes que tenemos muchas esperanzas en cada uno de los estudiantes que se toman en serio esto de escribir? Sí, lo sé, hay compromiso desde la misma Cátedra y los estudiantes. Lástima que la vida universitaria sea tan breve, solo 5 años Mauricio, luego tienen que trabajar, se casan, dejan la bohemia, tienen hijos, y obligadamente tienen que dejar de lado los escritos, todo tiene una interpretación distinta a la que se tuvo cuando uno era estudiante y soltero. ¿Estás escribiendo otra novela ahora? Sí, y es siempre sobre lo que vivo. La Literatura como Verbo Testimonial, ¿ah?, ¿todavía recuerda ello?, ¡claro!, aún recordamos tu primer escrito público Mauricio, recuerda que pocos años después, cuando empezaran a publicarte en esta Escuela, los alumnos sabían de memoria algunos de tus poemas. Hiciste actos muy temerarios. Fuiste un héroe en la generación de los antihéroes. Así que no bebes. Pues no. Cuando termines de escribir la novela que trabajas quiero leerla, sé que nunca consultas a otras personas sobre lo que escribes, pero tengo curiosidad de saber qué estás escribiendo ahora, sabemos por todo lo que has pasado, sabemos que eso te ha hecho más agudo y profundo. Sabemos también que un día dejarás de venir a estos claustros, que ya no nos necesitarás, quiero que consideres a cada momento esto: “te queremos, como queremos a cada uno de los muchachos que creen en la Literatura”. Quizá no se los hemos dicho, quizá tú algún día se los digas, no sé, en tus escritos tal vez, solo recuérdanos como lo que fuimos, algo más que Catedráticos, sino lo que quisimos ser siempre: los amigos que también quisieron ser Escritores. Así será señor Decano, así será, apostillé como si fuera ese momento una premonición de lo que es este escrito.

Años después no supe más de ellos, de alguna manera entiendo ahora lo que me quiso decir el señor Decano cuando me habló de la vida y de la Literatura, de alguna forma entiendo ahora que me trató como a un amigo, muy al hecho de saludarme siempre con un: “Buenos días señor Pacheco, ¿qué está leyendo ahora?".

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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