EL ESCRITOR LIBRE

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

Seguramente en algún tramo de la vida, perdimos el deseo de saber aquello que nos fascinó con intensidad, cuando nuestros ojos quedaron maravillados ante lo inconmensurable. No es fácil llegar a los 45 años y ser un libre pensador, es decir, perseverar en los mismos cuestionamientos, hacerse un espacio en medio de ámbitos donde la rutina devora la vida de las personas, borrando los mejores recuerdos, aquellos que significaron algo en nuestro estar. Seguramente así debe ser la vida de miles de millones de personas en todo el mundo, sin tiempo para leer un poema, pasar una tarde en una galería de arte, escuchar un tema del recuerdo, darse un aliento entre formalidades, donde todo parece ser siempre lo mismo, donde pareciera que las personas son como autómatas, programadas para pensar de una sola forma, encasillados en un estilo de vida que logra alcanzar la evasión las pocas horas de los fines de semana, para consumir, para ser cortés, sumamente educados y gente de bien. ¿Hay otra manera para que funcione este sistema? Más allá de todas las ideas que puedan influenciar a las nuevas generaciones, más allá de las propuestas que se dejaron absorber por la corrupción, o las que son recientes y son defendidas por jóvenes que saben aún poco de la vida, me queda la sensación que no hay otro modelo de convivencia, que son cada vez menos las personas que leen, que los poetas se han perdido en medio de sus versos, que nos hemos acostumbrado a soportarlo todo, supongo que debe ser que este cambio se dio cuando se escarmentó ante la falta de trabajo, el nombre que se gana dentro de la economía de la región, cuando se trata de la buena reputación al momento de trabajar, esas comparaciones relacionadas con la capacidad, ese batallar día a día, para luego regresar a casa y sumergirse en el silencio de las familias burguesas, aquellas que acostumbran ducharse con agua tibia por las noches, luego de una cena ligera, con el cansancio que no da tiempo para pensar, para leer un libro de algún poeta maldito, o tener la suficiente energía como para ver una película en el cable; hay poco tiempo para seguir las noticias, normalmente éstas son dejadas para los que deben enterarse de lo necesario, porque las novedades se dan desde el mercado, desde donde se toman decisiones y, donde se mencionan los nombres de los amos del Perú, porque para ellos se trabaja.

Espera, qué me quieres decir. Resonaban sus palabras en medio de una tarde donde parecía que llovería. En ese momento, no sé precisar cómo ni por qué, recordé la anterior conversación que tuvimos hacía más de 20 años atrás, cuando al encontrarnos también fortuitamente, le dijera que nada tenía que hacer ya en esta ciudad, que lo había intentado todo, mejor dicho, todo mi futuro se había acabado en la ciudad de Arequipa. Sus ojos se entristecieron y parecía sentir lo mismo que yo, ya que por un momento percaté que quiso soltar una lágrima. Vamos a tomarnos una cerveza, sé que no bebes, pero sé a qué te refieres. Gracias, pero no es necesario beber. Aún en esos entonces no había sido publicado profesionalmente como Escritor en la ciudad. No pensaba en las sorpresas que la vida dá a quienes entregan todo, cuando se actúa de buena fe. Años después lo encontraría desde el balcón de su departamento, en una zona céntrica de la ciudad, sí, me refiero a ti estimado amigo, y sé que estás leyendo esto y debes estar haciendo memoria, porque recuerdo que me comentaste cómo dormías en Japón donde te fuiste buscando el futuro que ya no había aquí, recuerdo bien que me dijiste que dormías en un dormitorio donde a las justas podías entrar, que tenías que doblar las piernas si acaso así se podía descansar luego de haber trabajado todo el día en esa fábrica de donde sacaste el dinero con el cual compraste ese departamento. Lo cierto es que no fui yo el que se fue, Japón no estaba dentro de mis planes, yo creía que se podía escribir desde otras ciudades, que España me recibiría con los brazos abiertos y tendría muchas amigas y amigos, como también novias a quien amar. Lo que ignoré es que si es bien difícil hallar un espacio dentro de la ciudad donde se escribe, es más difícil hallarlo en otra ciudad donde nadie te conoce, donde tampoco querrían conocerte, donde la soledad es como hablarse solo por las calles, como lo hacen los adultos mayores por no tener con quién conversar. ¿Entonces sigues escribiendo sin trabajar aparte?, sí, eso es lo que quiero decirte. ¡Pero hombre!, así no es la vida, de algo hay que vivir. Sí, lo sé, pero pasa que mi familia me paga por escribir. Sí, lo que has escuchado, recibo un sueldo por parte de familia por sentarme a escribir diariamente, donde se incluye casa, ropa limpia, agua, luz, cable, internet, celular y alimentación. Y por supuesto, una cantidad de dinero para mis encuentros sexuales de la semana con las amantes que elegí para hacer el amor y no sentirme tenso. ¿Te pagan por escribir?, ¡pero eso no va a ser toda la vida! Sí va a ser toda la vida, hay propiedades en la familia, rentas aseguradas. Vaya hombre, tú sí que eres un privilegiado, pero y por qué te pagan para que seas Escritor. Ah, porque se dieron cuenta que eso me hace feliz, y que lo que escribo ayuda a muchas personas solitarias. ¿Y no piensas tener pareja estable? No, soy demasiado inestable para ello, no dejaría de hacer lo que hago para trabajar y mantener a una mujer. Ok, estoy de acuerdo contigo en ello. Nos tuvimos que despedir porque el tiempo apremia a todos, mi amigo se iba a beber con una muchacha que lo traía enamorado, yo me dirigía a casa a cumplir con mi trabajo, mi labor diaria de querer salvar el mundo, desde mi estudio habitación, donde soy feliz, con mi espacio propio y la paz que se requiere, para ser Escritor.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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