EL ESCRITOR QUE SE ENCONTRÓ

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

Bien, recuerdo los cabellos apenas blancos de papá, yendo de psiquiatra en psiquiatra pidiendo ayuda para ti, sin saber qué más hacer,

La cólera contra el mundo de mamá cuando te vio ausente, silente y triste, cuando dejaste de sonreír como cuando eras su bebé feliz,

Tus hermanos sin poder entender nada.

Sí, recuerdo que eras bien flaco, alto y flatulento,

Que leías diariamente un libro sin saber si lo entendías o no,

Que dejaste de dibujar a pesar de haber sido tu pasión desde niño.

Cómo olvidar tus encierros en las Bibliotecas al ver tu fracaso en la universidad

Cómo no recordar la adoración a los libros, la veneración a los autores.

Quizás estabas loco, lo cierto es que te morías de miedo

Te cagabas en los pantalones al caminar por las calles más peligrosas

Detestabas a los mirones de mal vivir

Recuerdo que una noche de lluvia desde el techo de tu casa buscaste a la Luna

Para gritarle que nunca te ibas a rendir,

Aún te veo saltando lleno de ira en un parque solitario sin poder controlar las lágrimas.

Te refugiaste en la música y aprendiste el mal vicio del tabaco.

No sabías que no había mujer tan sabia para aliviar tus terribles penas.

Déjame decirte que lo has logrado

Que cuando te sentabas frente a tu máquina de escribir

Que era cambiada a los meses por otra por haberle roto las teclas

Porque escribías con furia, la misma furia que había en tus manos cuando dibujabas sin cesar

Déjame alegrarme muchacho de 20 años,

Porque me has alcanzado, porque aprendiste a no necesitar de nadie

Porque eres feliz escribiendo, porque tus brazos libres de cortes y tatuajes no cayeron

Pulseabas contra todo y tenías razón

Me has encontrado a mis 45 años y eres fuerte

Como lo fuiste desde los psiquiátricos

Desde las calles donde tu voz fue potente y te rebelaste 

¿Sabes que te desprendiste de ti mismo cuando quisiste salvar al mundo?

Ahora somos 95 kilos de pura fibra y determinación.

Lo que aprendimos estuvo bien, alguien tenía que escribir lo que ahora escribes

Alguien tenía que dar fe donde otros nunca hallaron norte alguno.

Nos hemos encontrado y ahora eres Literatura.

¿No es ese el mejor canto vital?

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Poeta

 

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