HISTORIAS DESAGRADABLES

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

Y qué fue del gordito maricón que una noche en plena Plaza de Armas, cuando hace años, compartían en grupo unas copas, te pidió que lo besaras, para contestarle que se estaba equivocando, que no le sacabas la mierda solo porque te daba lástima. Ah, pues se dio cuenta que solo sirvió para escribir un par de poemarios y más nada. Ahora se gana la vida haciendo la misma mierda que hacen los que no sirven para la Literatura, ¿qué?, pues enseñando a poner tildes a las palabras, ¿poca cosa para el arte, no?

Recordaba que en esos entonces vivía en El Pueblo Tradicional de Cayma, para ser más exacto, recordaba cómo una noche, un grupo de adultos, jóvenes y niños, junto con una perra que aullaba de manera escandalosa, hacían un escándalo en la calle donde yo vivía. Mejor dicho, estaban hostilizando a un travesti que vivía en esa calle, un travesti molestoso que fastidiaba a todo el mundo y que siempre lo veía cuando era botado de camionetas por hombres que seguramente se lo habían tirado para luego no querer saber más nada de él.

El escándalo era insoportable. Decidí salir para callarlos. Era un grupo numeroso de personas de ese pueblo, mejor dicho, los niños le metían una botella por el esfínter anal a la perra. Era algo que no me cabía en la cabeza. Una hora después, un tipo que ahora trabaja en un banco y que tuvo que casarse para callar los rumores de su homosexualidad, fue sodomizado por el travesti al cual él hostilizaba. Al ver esa escena desagradable, conversé con mis padres una vez más y les pregunté hasta cuándo íbamos a vivir entre gente de mal vivir que solo se dedicaba a beber, insultar, fastidiar, drogarse en plena noche por esas calles y vivir sin sentido, solo dedicados a los excesos propios de los que habían conocido del placer y se habían desviado totalmente. Paciencia, me repetían mis padres, no sabemos dónde hemos venido a vivir, nos iremos a Yanahuara, de donde es tu madre, aquí solo hay gentuza. Ya tendrás tus ajustes de cuentas cuando tengas tu momento de ser leído mundialmente, ten paciencia.

Años después, cuando fui a NA, (narcóticos anónimos), para hallar una cura a mi adicción contra el tabaco, me quedé sorprendido al ver a las muchachas que vivían en ese pueblo. Sus testimonios eran desgarradores, abrían las piernas por un poco de cocaína en plena calle. Tuve que verlo y escucharlo de sus propias palabras para verificar que vivíamos en un lugar de gente que habían destruidos sus vidas.

Así que te lee y no puede escribir. Pues sí. Cada vez que escribo un poema o un relato, se enfrenta contra sí mismo y las páginas en blanco que no puede llenar. Lo peor es que sale a beber los fines de semana y solo sabe ser antipático: habla de lo que lee, ¿es una vida triste, no?, pues sí, quizá se acabó, o quizá la poesía en él fue solo un chispazo de un momento, como pasa con muchos que quieren ser escritores y solo tienen aliento para unas cuantas páginas, para más nada. Solo sé que quiso ser un gran poeta. En lo que vino a dar, sí pues, en corregir las tildes de sus alumnos, eso lo enseña una profesora de primaria. ¡No, espera, el tipo no es tan subnormal!, además es un buen tertuliador, pero vamos, me dijo, cualquier borracho es un buen tertuliador, es una grabadora que solo repite lo leído, alguien que no tiene nada qué aportar a nuestra sociedad. ¿Aportar?, solo aporta para la chancha, es decir, para beber en grupo y sentir la necesidad de ser oído por algunos niñatos ingenuos que creen que ser intelectual es leer, leer, vivir, vivir, y escribir, escribir. Pero eso mismo dices tú cuando te preguntan qué se requiere para ser Escritor, sí, le dije, pero hay algo que aún no dije: se requiere también una Biografía, y eso mi estimado amigo, él no tiene, solo tiene biografía de borracho.

Me dejas pensando, ¿te pidió que lo besaras? Olvídalo estimado, hablemos de cosas agradables.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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