LA MUCHACHA DEL VIENTRE PLANO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

Tienes el vientre plano, por eso me agradaste desde el primer momento que te conocí. Supe que contigo podía sentirme relajado, que no te hacías complicaciones al momento de liberar los gases. Tú también tienes el vientre plano. Bueno digamos que ambos no tenemos el estómago lleno de mierda ni de cuescos, que somos bien relajados. Lo que me agradó de ti fueron tus ojos que siempre brillan, ¡eres un hombre muy sensible e intenso!, gracias, lo sé, pero es también porque consumo bastante tabaco, eso hace que mis ojos siempre estén lagrimeados, y claro, siempre estoy de buen humor. ¿Sabías que los sementales siempre tienen los ojos brillantes? ¡Claro que lo sé!, tengo buen sexo y me entusiasman de sobremanera las mujeres muy bellas, allí es donde más se dilatan mis pupilas. No, no es solo con las muchachas Mauricio, es en todo momento, has alcanzado el óptimo, tienes una inteligencia emocional muy fuerte. Ja Ja, y pensar que hay gente que cree en eso de reptilianos. ¿Qué es eso?, no he tenido tiempo de leer sobre ello. Nada, nada de importante, ¿entramos al café?, se me apetece una jarra con limonada y unos tabacos. Ok, ¿ves que soy tu mejor amiga?, siempre te digo sí cuando dices: vamos.

Era una muchacha de esas con las cuales uno puede contar cuando más solo se siente. Alguien que hacía saber a uno que disfrutaba con la compañía que se le brindaba, mejor dicho, leía mis escritos. Eran esos años cuando necesitaba ser leído para seguir escribiendo, cuando quería saber qué opinaban mis amigas lectoras sobre lo que escribía, si acaso quería ser un hombre sabio, como son los escritores en general.

Un día tendré que marcharme Mauricio, y ya no estaré a tu lado, debes dejar de lado esa necesidad de buscar a tus amigas para que te lean. Ese mismo año ella conoció el amor con un español que se la llevó a su tierra, y desde entonces nunca supe más de ella. Perdí el contacto con casi todas las amigas que tuve en mis épocas universitarias, de cuando era el poeta que escribía en su propia revista y que la repartía gratuitamente, que le costaba hablar con las mujeres que tenían más lecturas que yo, y que se sentía más seguro cuando estaba rodeado de muchachas que se perdían en mi mirada mientras me insistían que siguiera hablando, porque yo les hablaba de por qué el mundo estaba mal, pero luego me daba cuenta que solo querían escuchar la modulación de mi voz, o el cómo mis ojos se hacían más intensos. No era necesario hacer esfuerzo alguno cuando las tomaba de la mano y poco a poco las acercaba hacia mí, para luego abrazarlas, tocarles ligeramente de los hombros, ganar territorio hasta juguetear con sus cabellos. Ese era mi último límite. Sabía que cuando me decían que se les malograba el cabello si lo tocaba demasiado, era porque no estaban interesadas en mí.

El Mauricio solo va hasta donde las mujeres se lo permiten. Estábamos recostados los tres sobre la cama, esas dos muchachas habían estado entre mis brazos, las había besado, acariciado, estaba excitado, quería hacerles el amor, de pronto ellas dijeron no, y lo dijeron a sabiendas que yo les haría caso. Con mi experiencia, ahora no les habría hecho caso, puesto que habría sabido que ellas estaban también excitadas. Era un muchacho con dos muchachas, ellas tenían el poder en el sexo, mejor dicho, me habrían hecho el amor. Quizá me tantearon, querían saber hasta qué punto podría ser un macho dominante.

Así que eso fue lo primero que te atrajo de mí. Sí, tu vientre plano. ¿Un síntoma de buena salud y buen humor, no crees? Ordené la limonada y la miré pensando en lo que me dijo, que no estaría todo el tiempo conmigo como amiga. Pensé en ese momento en que una parte muy importante de mí se llevaban ellas, que mis recuerdos de universidad serían esas muchachas que me decían en qué me había equivocado al momento de escribir, de querer hablar sobre la vida, sin saber que aún seguía cometiendo el error de muchos novatos: querer enseñar a vivir. Y eso no se hace desde la literatura.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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