LA SABIDURÍA DEL HOMBRE PROMEDIO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

Con lo que cuesta conseguirse nuestras mujeres. ¿Es real lo que dice? Estábamos sentados a la mesa compartiendo una Coca Cola con una cerveza cuzqueña negra. Yo solo consumía la cola negra, está demás decir que no bebo. Tienes razón, eres un capo. Me estrechó la mano mientras el otro seguía en el relato. ¡Había llevado a sus amigos para compartir la muchacha de senos enormes, impresionantes!, preferí no seguir opinando, estaba sentado a la mesa con alguien que no conocía, tampoco era de mi interés darme a conocer. Guardé silencio mientras seguía en el relato. Pocos minutos después me enteré que el tipo era alguien que estudió en su momento ingenierías y que por esas razones de la vida que se llaman: hijos no esperados, dejó la universidad para ganarse la vida honradamente.

Estábamos en el nuevo apartamento del amigo de confianza a quien frecuento de vez en cuando. Fuimos a su nuevo búnker con el fin de que el hombre que se servía la cola negra con la cerveza, hiciera algunas mediciones sobre unos cambios que se requerían hacer.

Mejor dicho, luego de esto, nos sentamos a la mesa para compartir experiencias sobre mujeres. A los pocos minutos de iniciada la charla, me di cuenta que no tenía nada qué enseñarles, tampoco es mi afán dar cátedra sobre lo que he vivido en torno a mis relaciones con el sexo opuesto, ya he escrito bastante sobre ello.

¿No has pensado en escribir sobre el desamor? No has leído algunos de mis libros estimado, le dije mientras desde el patio de su casa, calaba mi tabaco tratando de entender a su par de gatos que no pude descifrar, por un momento pensé que detrás de esa elegancia y clase sobre moda, había un felino carente de memoria, lo reparé luego de una detenida observación donde me di cuenta que uno de los gatos se había dado 3 vueltas alrededor de los dos automóviles que estaban en la cochera de ingreso a la casa, 3 inútiles vueltas para detenerse en un plato donde estaba la comida para él. Pensé que no tenían memoria. Un perro al salir de su casita, habría ido directamente al plato donde estaba su comida, estos gatos no, parecían tantear el camino, como si fueran ciegos, como si se desplazaran a oscuras, como si nunca hubieran estado en esa casa.

Así que todos están metidos en esa danza de corrupción, le dije mientras calaba mi tabaco. La información poeta, la información no les llega a todos. Algunos la usan para extorsionar. Tú tienes la rara virtud de alzarte como el paladín del deber y la justicia, también, no tiene cómo callarte. Te has enterado solo de una parte. Ahora sabes cómo muchos millonarios que se hacen los decentes en sociedad, amasan grandes fortunas, y encima se hacen los respetables y honorables.

Al entrar al búnker lo primero que vi era si la cama podía adaptarse a todas las poses que sé para hacer el amor. Me eché sobre ella tomando vuelo para probar su resistencia. Hundí mis manos sobre el colchón para reconocer qué poses serían más fáciles hacer allí. ¿Es un buen lugar para traer a mis mujeres, no? Sí, le dije mientras el hombre hacía las mediciones. Te lo puedo ceder cuando gustes, te debo varios favores. Gracias, le contesté, el hotel por 3 horas me sale muy caro y eso hace que apenas pise sus habitaciones tome el tiempo en mi celular hasta que sea una hora de sexo continuo, aquí hay muebles, más comodidad. Contemplé los sofás, las mesas, las sillas, era un paraíso para hacer el amor de decenas de formas diferentes. Además era silente, parecía que en ese condominio nadie vivía.

Así que llevó a sus amigos donde la tetona. Se armó un escándalo terrible. Eso terminó con botellas rotas y gritos que despertaron a toda la vecindad. ¿Era tu mujer?, le pregunté. Sí, por qué, por nada acoté sin participar más en la plática. Ningún hombre comparte sus mujeres ni las presenta a sus amigos, mucho menos a quienes podrían quitárnoslas. Preferí guardar silencio mientras pensaba en el terrible caso de corrupción internacional en el que estaba metido Perú y Brasil. Cosas más importantes acontecían en la capital. Muchas cabezas podrían rodar. Centenas de miles de personas no tenían el futuro muy seguro, otras ya habían salido al extranjero sin temor alguno: toda su fortuna estaba en paraísos fiscales. Me llegó el vaso, le eché la Coca Cola, la probé con calma, le di unos cuantos sorbos, pensé otra vez en los gatos, entonces me dije: las cosas acontecen ante nuestros ojos y casi siempre no tienen sentido, pero igual, acontecen. Era como las mujeres: satisfacerlas y satisfacerse. Estos ya no eran tiempos para el  amor, al menos para los que se entregan por primera vez y creen que el amor lo es todo. ¡Bobadas! 

Me bebí de un golpe la cola negra.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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