LOS QUE ME ENSEÑARON SOBRE LA ÉTICA

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

No en vano mi madre se casó con un Profesor y Sociólogo. Ella además de venir de familia adinerada, por no decir que buena parte de esta ciudad, conocida como Las Pampas de Polanco, formaron parte del patrimonio de la familia de quien fuera mi abuelo, Melchor Aurelio Polanco Ibáñez, integrante familiar en su entonces, de una de las tres familias más poderosas de la región sur de Perú, quien en su momento también quiso ser Escritor, trabajando como periodista para el Diario La Prensa, era acaso muy mencionado en las grandes reuniones de familia en la casa de mi abuela materna, la burguesa Arequipeña, como era conocida en el Puerto Bravo de Mollendo, quien amasara una fortuna que permitiera a mi madre tener una autonomía bastante peculiar: nunca haber recibido órdenes de nadie, haber tenido a su cargo la administración de los negocios de la familia desde muy pequeña, en base a los prósperos negocios de la familia vinculados con el Puerto de Matarani, a quienes se abastecía con productos que ellos necesitaban, desde uniformes para estibadores, hasta productos de pan llevar.

Si bien mi madre siempre me comenta que el abuelo Aurelio a quien nunca llegué a conocer en vida, fue un hombre muy correcto, demasiado honrado, serio, y de modales finos, heredó justamente de él la probidad, el valorar la honradez, el esfuerzo recompensado con el trabajo de quienes solo saben trabajar y servir a las demás personas, acaso, por esos años, cuando conociera a mi padre, se quedara impresionada por sus modales serios, su presencia altiva pero no menos educada, su color blanco como el de los tradicionales mollendinos, y por supuesto, la visión que del mundo tenía, si en ese entonces cualquiera no era profesor, que para ejercer dicho magisterio había que ser una persona respetable, muy moralista y consecuente con lo que enseñara en las aulas.

Mi madre siempre me dice que las personas que se venden por dinero no valen nada. Siempre en las conversaciones de sobremesa cuando vivíamos en El Pueblo Tradicional de Cayma, era ella la primera en condenar al Dictador Fujimori, al cual lo llamada como un vendepatria, un corrupto, alguien que no tenía ética.

De esos años me quedan gratos recuerdos como los que tengo hasta ahora, como me lo dijera alguna vez el V:. M:. que, los hijos son hechura de los padres, que la manera de pensar de éstos se daba a conocer en los hijos.

Yo he pensado en cómo la suerte de otras personas ha sido distinta, y cómo el camino fácil les ha entregado todo menos honra. Si quizá la mejor enseñanza o legado que nos puedan dar en vida los padres es el ejemplo no con la palabra, sino con los hechos, mención aparte, concuerda en mi manera de escribir y proceder, si acaso la familia no debe favores a nadie, si acaso muchas familias deben favores a los padres de mi madre cuando en vida, gozaron del poder económico que les permitiera tener hijos alejados de malas costumbres, hábitos de personas que prefirieron siempre el dinero fácil al trabajo esforzado, el que da buena fama, renombre si acaso eso se reconoce por el apellido, como me lo dijera alguna vez una abogada notable de la ciudad al decirme que solo por apellidar Polanco, podía conseguir trabajo en cualquier empresa en la ciudad, que yo no era plenamente consciente de cuánto pesa mi apellido dentro de los notables de la ciudad de Arequipa.

Los valores con los cuales forman a las personas, parten siempre desde el hogar, así se forman a las personas, así se les enseña cómo es el mundo y la vida, y así de esa manera, cuando me siento a conversar con mis padres, los visualizo en sus batallares constantes contra la corrupción, explicando tal vez el por qué no tuvieran amigos, el por qué a casa solo vienen familiares muy de confianza, y el por qué se alegran tanto cuando como Escritor, he tenido oportunidad de criticar duramente a la corrupción desde mis escritos, como igual lo he hecho públicamente contra el narcotráfico, desde los medios de comunicación.

Nada de lo que escriba deja de tener influencia en los principios éticos de mi Madre y mi Padre, quienes me enseñaron que la mayor riqueza es la de ser honrado, sincero y honesto, que dinero, cualquier pobre diablo lo tiene, pero sabe Dios cómo lo habrá tenido.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Poeta

 

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