NO TENEMOS NADA

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

En realidad no tenemos nada, es tan fácil que la mafia asesine a alguien que curiosamente no se opone a los intereses de ésta, sino que pida más, sí, más dinero. El silencio de los grandes es tan fuerte, mucha gente se ha ido a la tumba sin revelar todo lo que hizo en vida. Nos enseñaron que ser libres podía tener otra lectura, es decir, anteponerse a un sistema donde nuestra consciencia era el único lugar donde no podrían gobernarnos, le llaman: libertad de consciencia, a esto le llamo: el silencio impuesto, a la fuerza, o como sucede en México, con plata. Grandes fortunas podrían explicar cómo la gente consume sin algún sentimiento de culpa, total, de eso se ocuparon en la universidad antes que se egresara, de ser obedientes, de decir amén a los jefes, de saber esperar el turno de uno, de transar con quien sea el que tome las decisiones, grandes mafias que no aparecieron de la noche a la mañana, mafias que no dominan una sola región, mafias que gobiernan un país, un continente, transnacionales, centenas de miles de familias que reciben el dinero de ellos, centenas de miles de familias que jamás se revelarían contra quienes les dan una oportunidad para ser felices, consumiendo, teniendo hijos, a los cuales se les enseñará lo mismo que ellos aprendieron, en un voto de silencio, no compartido con nadie, por más confianza que se tuviera. Es que cuesta tanto entrar en esos círculos cerrados en los que se puede disfrutar de los privilegios de un sistema donde se gasta y gasta dinero, compulsivamente, sin saber qué más hacer, porque es dinero que viene fácil, dinero con el que se compra a todo tipo de personas, desde prestigiosos profesionales, hasta alcaldes, presidentes de una región, ministros, congresistas, e inclusive Presidentes. Está demás decir que el término: corrupción, es tolerable. Nadie se pregunta por ello. Las preguntas se quedaron de lado, solo había que sentarse a la mesa, de cualquier elegante restaurante, ordenar el mejor plato, y repetirse una y otra vez que se es feliz, así no lo fuera. Por ello había que beber bastante cerveza, consumir cocaína, o tal vez tener la mayor cantidad de mujeres a las cuales se podía mantener, porque en un mundo de hombres, las mujeres sobrevivieron con el esfuerzo de sus vaginas. Sí, un mundo de hombres callados, hombres que solo saben recibir órdenes.

Si preguntas cómo sobrevivieron las personas en esta década, pregunta mejor en qué noche abrieron los ojos a la realidad y se dieron cuenta que no tuvieron opción, que serían bien recibidos en casa de retorno, cuando trajeran la billetera llena de dinero, que eso podía compensarlo todo.

Debo ser un personaje bastante incómodo. No solo he rechazado propuestas de matrimonio de mujeres muy bellas narcotraficantes, modelos de revistas para adultos francesas, empresarias polacas que no sabían qué hacer con su fortuna. El amor no se compra, ¿o sí?, qué puedo decir, no tiene importancia repetir lo que siempre dije, “no tengo precio”, mejor dicho, venderme sería quedarme sin literatura, sin tener qué escribir, sería engordar con una mujer que me daría todo, desde el mejor sexo, hasta los viajes más maravillosos y, por supuesto, la oportunidad de conocer el mundo que no conozco, si acaso mis narices no han llegado hasta la capital de Perú, que a mis 45 años no conozco Lima, sin tener interés en hacerlo. Sé que en cada ciudad algo terrible ocurre, algo que es consentido por todas las personas, sin importarles cuándo sea el momento en que la suerte o protección deje de acompañarles.

Alguna vez al retornar del Puerto Bravo de Mollendo, pensé que el bus pararía en plena carretera, en marcha a Arequipa, que todo de lo que estaba enterado merecía un tiro de gracia, un cuerpo que se desbarrancaba por las quebradas, o un bus que caía en una de esas pendientes, bajo consentimiento de todos los demás pasajeros, porque no solo el bus estaba asegurado ante desgracias, además, hay personas que como yo, escribimos y hablamos sin miedo, creo que eso se llama Libertad de Expresión, algo que no existe en ningún lugar del mundo. Por qué añorar Madrid o París entonces, porqué soñar con Nueva York. No tengo libreto, hablo por mí mismo. Eso es ser demasiado contestatario. No tendría espacio, o mejor dicho, voz, porque como escribí al inicio de este relato, la mafia no tiene contemplaciones con nadie, y es capaz de decidir quién será el Presidente de este país o de cualquier otro país de Latinoamérica. Estimo que seguiré escribiendo como siempre lo he hecho, y así será, lejos de quienes transaron con el sistema, a la fuerza, o por dinero, mientras yo escriba, sin salir de esta habitación, sin querer hacerlo tampoco. En el mundo nunca habrá espacio para escritores como yo. Por alguna razón solo he quedado yo. Quizá sea el último que escriba sin ningún interés, sin querer alcanzar ningún tipo de reconocimientos por parte de personas que obedecen órdenes del crimen organizado, del tráfico de influencias, de órdenes que vienen desde muy arriba, tan arriba que una sola alzada de ojos no alcanzaría para poder imaginar cuánto poder tienen. Solo sé que mantienen a centenas de miles de familias en esta parte del continente. Aquí mientras tanto, la gente evade como sea la realidad. Con tanto dinero, no es pecado ser consumista, total, el dinero llega fácil, y seguirá llegando fácil, mientras se calle y obedezca.

Entonces, por favor, no me vuelvan a hablar que somos dueños de algo, ¡no somos dueños de nada!

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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