TODOS ESTAMOS SOLOS

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

Desde que dejó de tomar, se quedó sin amigos. Servía un vaso con una cerveza helada. Se notaba que tenía sed.

Qué son los amigos de chupa al fin y al cabo sino el evadir el miedo a beber solo, a sentarse frente a un ordenador, con una botella de whisky, escuchando temas de Frank Sinatra, quizá cantando My Way, chateando con solitarios que fueron arrojados a un margen más espantoso. No, siempre había que contar con alguien para beber. No importaba de lo que se hablara, el alcohol era algo que se esperaba siempre con suma paciencia cada fin de semana. Otros leían con el fin de ser interesantes en la plática.

Se empieza todo con el alcohol. Parado en la puerta de uno de los dormitorios del psiquiátrico, hablaba quien había sido dado de alta hacía un par de días, para darse una parranda de los mil diablos y beber hasta quedar privado en el suelo, en plena calle, donde algunos perros lo olfatearon y mearon. Repitió que con el alcohol se empieza a todo, ¿qué quieres decir con eso?, le pregunté. Que cuando digo todo, es todo. Era la quinta vez en el año que lo internaban por su serio problema con el alcohol.

Que lo pararon en plena esquina, así lo relató. Era el man. El policía le encañonó y le dijo, “se te está acabando el tiempo”. Ahora está preso en el penal. Agarraron a golpes al que le defendía, le dejaron un ojo morado y las ganas de encerrarse en su casa por un buen tiempo. Oye, pero ¿no te sirves? Pero cómo le decía que ya no quería beber, que estaba luchando contra el ron, el whisky, la cerveza, contra cualquier tipo de bebida y drogas. Lo peor era la soledad, el estar encerrado en su casa, el no poder frecuentar las mismas amistades. Sin alcohol no tenía espacio en este mundo. Hasta las mujeres de su entorno eran adictas al alcohol.

Se empieza todo con el alcohol. Me quedé pensando en ello, como cuando las dos muchachas, pasadas en alcohol y drogas, se encerraron en una habitación y empezaron a tocarse primero a manera de broma, acariciándose mutuamente, riéndose, jugando una con otra, comparándose los senos, celebrando tenerlos bien grandes, tocándoselos, sintiendo la excitación de lo prohibido. Estaban solas en un cuarto, nadie las observaba, todos estaban ebrios y tirados en cualquier lugar en medio de un mar de botellas.

Se besaron.

Lo peor es estar ebrio y solo, repitió, es jodido tener ganas de beber y no tener con quién hacerlo. La soledad es fregada, porque te dan ganas de conversar, y de pronto te sientes feliz, y quieres estar con tus amigos de chupa, con los que te ríes y la pasas bien, con los que la conversa puede ser horas de horas.

Se empieza todo con el alcohol… resonaban sus palabras en mi mente al momento de recordar aquella mañana cuando, junto con una amiga que me visitaba siempre, un domingo luego de mucha juerga para muchos, en un pasaje angosto de piedra volcánica, en el barrio donde viví un tiempo, de clase media alta, diríase muy seguro, encontramos a un muchacho con el pantalón bajado hasta sus muslos, sentado con el culo al aire, del cual salía un trozo de mierda. Ese orto estaba bien dilatado.

El tipo se acercó y me dijo: “bebe”, la botella estaba abierta,  ¿por qué quieres que beba?, no te conozco, qué tiene esa bebida. ¡Bebe!, insistió el advenedizo desde plena Plaza de Armas en la madrugada. No quiero beber, tú no eres mi amigo. ¿Solo por eso se agarraron a golpes? Sí, solo por eso. El tipo estaba muy avezado, quería que bebiera de su botella. Mandrágora, Burundanga. Sí, ¿y si tenía la droga de la voluntad? ¡Nada que ver!, tú eres mi brother, en ti sí puedo confiar, total, nos conocemos de años, ¿años?, bueno, un par de años, pero como te digo, es horrible beber solo frente al ordenador y chatear con perdedores. Eso le pasó, te reitero, se quedó sin amigos desde que dejó de beber. Nadie le hizo nada, no sé por qué tomó esa decisión. Un golpe lo estrelló contra el piso, ¡hijo de puta!, estoy ya dos semanas sin querer beber, acabo de regresar de AA. ¡Largo mierda, largo! La soledad, ¡la soledad es asunto de niños!, no sabes por qué ataques de pánico paso yo cuando bebo semanas enteras chupando como loco. Cerró la puerta, y asustado dijo: ¿cuándo empezó todo esto, cuándo?

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Comentar este post