DE LAS IMPRECACIONES DEL DESTINO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

Dijo el buen hombre a Nuestro Señor:

De esta estancia que pareció larga

¿Por qué propusiste un mundo desigual

Del cual no queremos partir?

Hay vino y mujeres en mi casa

Tanto placer para olvidar los años miserables,

Mas de todo esto,

¿Era necesario ser desdichado para reconocer lo feliz?

Me has otorgado discernimiento

Y libre albedrío,

Mas noto que ya culpa no tengo

Por saberme cada día más humano

Y por tanto, solidario ante mi causa,

¿Podré así entrar al reino donde todo es delicias

Cuando podrido de espíritu por el mundo

No logre desentenderme de estas costumbres que no condeno?

Dijo el buen hombre a Nuestro Señor:

Me has dado vida y vida es lo que me quitarás

En mi pecho aún quedan exclamaciones que no has oído

Y si he de ser más preciso,

Noches enteras donde pensé estar maldecido,

De la persecución injusta que nos fue común a todos

Y el crimen que pagamos sin culpa alguna

Cuando nos perdimos en el mundo por inocentes

Dime mi Señor, ¿qué pasión fue mayor, sino la tuya o la nuestra?

¡Ah, has olvidado al misántropo y sus razones

Y has hecho hábil al vil con todas las razones!

Y así, de tanto transcurrir, aprendimos a amar la estancia

Donde apenas caminamos y temblando

Nos negamos a partir.

¿Es así tu gloria mi Señor?

Porque volveremos a la pregunta incesante

Cuando de la fe se trate

Cuando entenderte sea necesario,

Cuando nada sabemos

Y sin embargo, aquí estamos.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Poeta

 

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