EL HOMBRE QUE NO PODÍA CONTROLAR SUS PENSAMIENTOS PARTE IV

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

Un mes después de mi quinto internamiento en el psiquiátrico, el médico que me trataba me hizo las preguntas de siempre: ¿sigue teniendo problemas para conciliar el sueño? Era una pregunta constante por parte del médico que me irritaba mucho, porque él sabía que no tenía problemas para dormir, que mi sueño era normal. No doctor, duermo bien. ¿Sigue teniendo alucinaciones visuales? No doctor, nunca he alucinado y eso lo sabe bien. Reacción beligerante por parte del paciente, responde con agresividad, permanecen los síntomas. ¿Sigue escuchando voces? No doctor, nunca he escuchado voces, le dije tratando de serenarme. El paciente niega los síntomas, se agrava su esquizofrenia. Anotaba mientras en voz alta decía lo que escribía en la Historia Clínica. ¿Siente que le siguen acosando? Se ríe de mí todo el mundo en mi barrio, me han agarrado como “punto”, doctor. (Agarrar de “punto”, en Perú significa, tener a alguien de quién poder burlarse constantemente). Siguen las ideas de Delusión.

Recordé cómo un paciente fue internado durante toda su vida a sus 45 años, cada año era internado constantemente y temí eso con mi persona. Los anteriores internamientos fueron terribles, nunca me sentía seguro en casa, en cualquier momento podían llegar los policías con un técnico, inyectarme un sedante, para luego despertar en la sala de observación de esos psiquiátricos donde volvía a estar sedado como un demente, sin poder hablar, amarrado de las muñecas con correas de cuero a la camilla, escuchando apenas lo que me decían las enfermeras: “tienes que colaborar, debes aceptar que estás loco”.

Lo habían internado al paciente en mención 17 veces en lo largo de su vida. No, yo no quise eso. En un instante de resolución, me di un aliento superando mi impotencia de saberme víctima de algo que durante años me impidió reclamar por mis derechos para ser tratado con dignidad por las demás personas, soportando humillaciones donde recordaba siempre las palabras del médico repitiendo una y otra vez: “lo estás imaginando, no es real lo que piensas, estás loco”.

Acepto doctor, acepto que estoy loco, finalmente dije.

Levantó los ojos debajo de sus lentes. Hizo una anotación en la historia clínica, sacó su recetario, escribió en él unos medicamentos que recién habían llegado al Perú y me dijo: venga al próximo mes.

El medicamento fue recetado a centenas de pacientes que de pronto dejaron de tener dislalia o desesperación. Por fin la paz anhelada de muchos años podía ser experimentada. Podía sentirme tranquilo luego de más de 13 años de tratamientos donde las pastillas me provocaban movimientos nerviosos constantes en las piernas que no podía mantenerlas quietas, o el tener los ojos desorbitados y no poder mirar fijamente. Me habían recetado un medicamento que recién había llegado a Perú y que por orden de un Laboratorio Farmacológico, debía ser puesto a prueba con los pacientes.

Dos meses después, luego de la mejora notable de todos los pacientes recetados, que en realidad se debía a que este medicamento no producía efectos extrapiramidales o secundarios, se dio la orden que fuera retirado del Petitorio del Comité Farmacológico.

Los padres de familia y familiares se organizaron y reclamaron presentando quejas contra mencionado médico al cambiárseles de medicamentos y ver en ellos la desmejora provocada por otro medicamento que debía entrar a las farmacias. El reclamo se hizo de conocimiento público llegando hasta los medios de comunicación. Mis padres amenazaron con demandarlo ante la Ley a dicho médico.

Era marzo del 2003. Al año siguiente empezaron a publicarse mis libros. Me convertí en una persona pública como Escritor. Desde entonces cada vez que voy a mi cita con los médicos psiquiatras, éstos solo anotan los mismos medicamentos en lapsos de 3 minutos limitándose a preguntarme cómo estoy, la respuesta siempre es: bien. Me entregan el recetario, y luego me retiro.

Han pasado más de 10 años desde cuando acepté que estaba loco. Desde entonces empecé a hacerme amigo de abogados para defenderme ante agravios por parte de otras personas. He salido decenas de veces en los medios de comunicación, sea desde la prensa escrita a radial o televisiva. Se me han hecho homenajes como escritor y me mantengo firme en mis principios y valores éticos. He hecho campaña contra las drogas y el alcohol de manera pública como desde mi literatura y discurso. No tuve opción, tuve que aceptar que estaba loco para que me dejaran en paz. Sin embargo el aceptar que estuviera loco no habría solucionado todo de no ser por mis padres que apelaron a la justicia cuando quisieron cambiarme de medicamentos, y no precisamente porque necesitara otras drogas legales, sino porque otro Laboratorio Farmacéutico quería introducir en el mercado otra medicación, con fines comerciales.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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