LOS DÍAS DE UN ESCRITOR SOLTERO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Capítulo IIa

 

 

No había contado con la posibilidad de tener una ventana desde donde no se pudieran ver las estrellas por la noche. Si bien, hace más de una década, en el psiquiátrico, estuve las primeras veces, meses enteros sin poder ver el cielo, sea de día o noche, no sabía lo maravillado que quedo siempre al despertar con el contemplar el celeste de un cielo al cual puedo durante el día, mientras leo y escribo, ir viendo cómo cambia de tonalidad, inclusive en los días de lluvia, donde se me hace plácida la sombría y el poder ver cómo caen las gotas constantemente, hasta hacer riachuelos en las calles, hasta que la oscuridad triunfe y llegada la media noche, el silencio sea el que predomine para provecho de mi trabajo. Como podrá notar mi lector, me dedico enteramente a la lectura y escritura. No cuentan las horas entregadas al placer, las considero como necesidades de un cuerpo que necesita del contacto con una mujer a la cual le pago por dos razones importantes: por saber darme buen sexo, cosa para lo cual, me tomo la molestia de probar de una en una según las que más me exciten, hasta quedarme con unas cuantas de ellas para esos días donde me siento muy inseguro y de muy mal humor, mejor dicho, cuando el sexo es asimilado como una terapia y, segundo, porque les pago, es decir, no les otorgo ningún derecho sobre mi persona y, así, de esa forma, me permito escribir sin tener que ser interrumpido, porque hay algo claro que tengo en este tipo de relaciones: no me pertenecen, por lo tanto, no tengo por qué celarlas. Pero empecé escribiendo que no conté con esta posibilidad: una habitación con una ventana que no me diera la posibilidad de contemplar el cielo. Si bien es cierto que estoy acostumbrado a pasar casi todo el día y la noche dentro de mi habitación haciendo la labor de intelectual, saliendo contadas veces para tener contacto con una ciudad donde a veces me siento como un extranjero, una ciudad que recorro en sus calles principales cada 15 días y me asombra siempre por sus cambios constantes, sea desde este estilo de vida del porqué necesite escribir. Si bien, la ventana que daba al cielo me ayudaba bastante, este nuevo apartamento donde ahora radico y que carece de poco cielo, me hace sentir reducido en mi espacio propio aún más. Pareciera que a mis 45 años lo único que me queda, aparte de una vida sin muchas preocupaciones o responsabilidades es, mi Libre Albedrío, o capacidad para ensimismarme y visualizar el presente a voluntad, bajo otras circunstancias, en otras ciudades, con otras formas de extrañeza y soledad. Porque podría recorrer los desiertos o las selvas, tal vez caminar por una angosta calle de algún pueblo de Europa, o hacer el amor con una muchacha de sonrisa muy parecida a la del primer amor. Debo ser preciso: mi entorno es el ideal para el de cualquier escritor que quiera serlo, y si se trata de escribir, he abordado casi todos los temas que fueron necesarios ser desarrollados desde mi literatura. Viejo y sin esperanzas en el amor, me veo en este romance con mis escritos donde hago mi vida a capricho y deseo. Mi mayor temor es no tener qué escribir, o el que pase día alguno y al haberme sentado frente al ordenador, no haya escrito nada. Significa ello para mí dos cosas aterradoras: o bien que ya no tengo más nada qué aprender de la vida, o que he dejado de ser un escritor. Cosa totalmente diferente me pasa cuando extenuado y con los dedos adoloridos de tanto escribir, sienta la satisfacción de haber llenado todo el día de literatura, desde la que veo, interiorizo más en mí como persona y sigo esa linealidad donde evito ser el que fui por ejemplo, hace un par de días atrás. Creo que así es mi manera de entender la literatura: una evolución que persigo hasta culminar en esos éxtasis donde me digo a mí mismo: ¡qué bien está eso que has escrito!, por ello, me son necesarias las horas en reflexión y el silencio, como la claridad que se requiere para poder expresar lo que siento.

 

Continuará...

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

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