LOS DÍAS DE UN ESCRITOR SOLTERO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Capítulo IIIa

 

Nadie puede salvar a nadie. Nunca el amor fue el camino. Muchas personas, millones de personas en el mundo van a la deriva buscando algo, la mayoría confunde esa búsqueda con algo llamado amor. Hasta antes de saber qué es el amor, idealizamos. Ya escribí sobre lo que pienso sobre los hechos y las ideas desde mi manera personal de entender qué es una idea y qué es un hecho. Nos llenamos de ideas de cómo ha de ser el amor, más aún las personas solitarias. La soledad nos llena de reclamos, de quejas, de interrogantes que giran en torno a un amor que está ausente, que debería estar justo cuando más lo necesitamos. No estoy escribiendo para quienes descubrieron el amor tempranamente, otra es la vivencia de los desesperados, de los que están en pie de guerra, los carentes de afecto, los que tienen mucho qué demostrarse a sí mismos y al mundo. Solo después del amor se puede decir que una persona es madura, antes es solo alguien que debe alcanzarse en esta experiencia en medio de errores imperdonables ante los cuales pocos sobreviven, si acaso se llega completo para el amor, si en el aprendizaje llegamos estropeados, mutilados, incompletos o llenos de prejuicios, de lágrimas y heridas, creyendo que el amor lo resolverá todo. Lo peor de todo es que nos creemos esto la mayoría de personas.

Las calles eran eso, largas avenidas donde la desesperación derrotaba al poeta, confundido por sus lecturas, por sus culpas, por su escaso entendimiento ante el avanzar en etapas de las demás personas que ya habían corroborado qué es el amor, si estaban bien amando a otra persona, si estaban por un tercer compromiso, si se estaban gastando y quedando sin fe, si las luchas eran mayores y con otros ojos se miraba al amor.

¿El sexo lo es todo en el amor? Diría que lo es todo en el primer amor, que lo es todo en el segundo amor, en el tercero y así, cuantas veces fuera necesario intentarlo entre noches equivocadas, hijos en otros compromisos, arrepentimientos de decisiones donde la vida cambia para siempre, esos matrimonios donde con el pasar del tiempo se lidia con el seguir estando juntos, volver a enfrentarse a la soledad, irse con un amante que enseñó otra forma de sentir al amor, tener una doble vida desde la que se tiene dos mujeres, o dos hombres, mandar todo al diablo y quedarse solo por un tiempo para saber por dónde se debe volver a empezar, recurrir a ex parejas cuando la crisis es incontrolable, pactar soledades para entender de otra forma la compañía, asumir una autosuficiencia donde solo se recurra a muchachas para tener placer, dedicarse de lleno a uno mismo, a desarrollarse profesionalmente, obviar al amor, comprarse una mascota, sea perro o gato, recorrer el mundo sin ataduras y compromisos, llamar de vez en cuando a las ex’s para repetirse una y otra vez que fue un error llamarlas, visualizarse fuerte y capaz de poder enfrentar a la vejez rodeado de éxito pero sin amor, o por último, conformarse después de una larga búsqueda que no satisfizo nuestras expectativas hasta por fin entender que el amor no salva a nadie, que el mundo no se puede cambiar desde el momento en que se da cuenta uno que en una relación de pareja no se puede cambiar a una sola persona, que el mundo son miles de millones de personas, que el optimismo acaba cuando un hombre y una mujer han llegado al final de su relación y sin odios, sin apegos, deciden separarse, o uno de los dos muere y la felicidad se convierte en recuerdos a los cuales no se quiere renunciar en medio de tristezas donde la ausencia lo llena todo, desde cada calle, ciudad, plato de comida, algún color en especial, las canciones o los olores al despertar se esté donde se esté y donde se estuvo antes con quien lo significó todo, cuando salvarse solo era ya no estar solos.

 

Continuará...

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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