LOS DÍAS DE UN ESCRITOR SOLTERO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Capítulo IVa

 

Escribo porque escucho mis pensamientos. Así, escribo diariamente mientras escucho con los audífonos puestos canciones de otras décadas donde solo sabía de mí. Es obvio que son canciones cuya letra es cantada en un idioma que desconozco, ello me permite concentrarme en lo que escribo mas no inspirarme sino, recordar quién fui antes del amor, qué quedó de mí después del amor, y en nada de esto están todas las muchachas que fueron mías, si acaso las recuerde y sienta que no fueron importantes en mi vida, a pesar de haberme dado buen sexo, de haber entregado todo su saber casi enciclopédico para saber hacer feliz a una mujer en la cama, de pie, en cualquier postura, reteniendo la eyaculación, desnudándose en todos sus secretos posibles para dejarse amar plenamente, con todos los orgasmos posibles que conmigo tuvieron y terminaron por convertirme en lo que soy: un escritor soltero que recurre a ellas cuando más inseguro se siente, cuando el placer es mi remedio para superar mis miedos, esos miedos que a mis 45 años no se van y hacen que recurra a mi celular para escoger a alguna de ellas y estar luego de una hora de sexo, con o sin eyaculación, tranquilo, de buen humor, y otra vez complacido en mi seguridad de macho dominante, de varón libre que va por el mundo sin estar atado a nadie, sin necesidad de explicar nada a nadie, orgulloso de haberle hecho el amor a una muchacha de 19 años, de haber disfrutado de su cuerpo a voluntad, de haberla sometido tras órdenes donde soy yo el que guía al momento de tener sexo, si acaso los años de la soledad y la convivencia me otorgaron experiencia y dominio, esa lujuria que es satisfecha por todos cuando se llega a casa y la esposa excitada sabe que se hará el amor infatigablemente y, eso convertirá a ambos en dos personas seguras de sí mismas, con buena autoestima, cuando los niños ya estén durmiendo, en medio del silencio de la noche, cuando nadie ve televisión y las conversaciones a voz muy baja no pueden ser escuchadas desde el otro lado de la habitación, y al momento de hacer el amor, el arte de la práctica les ha enseñado a no hacer el mínimo ruido en la cama, porque es sagrado el sexo, es algo íntimo, solo de dos, y de todos los que no están solos.

Por eso escribo de esa forma de noche, tecleando hasta ver el amanecer, porque las añoranzas de cuando hacía el amor toda la noche están presentes en mi libido y es entonces cuando me autocomplazco y me siento mal y me doy cuenta que la literatura me ayuda a estar tranquilo, que es necesario pensar en otra cosa, que al día siguiente citando a alguna muchacha, todo volverá su cauce, que a pesar de ser un cuerpo contra otro cuerpo, no un cuerpo y otro cuerpo como es en el amor, esa línea nueva en mi viejo mamotreto me dirá que la vida no es tan miserable a pesar de dejar un billete sobre el lecho por un trato donde ellas me dan placer, y yo, transo con las muchachas que disfrutan la experiencia de sentirse sucias, promiscuas, putas, porque no me vas a decir que cuando se mojan y su cuerpo está a elevadas temperaturas y se orinan o desde lo profundo de su vagina ese líquido que sale no es producto de un coito donde ellas alcanzaron el orgasmo. Debo ser más sincero, así sobrevivo con ellas y, no creo ser el único en el mundo que lo haga, claro está, en el mundo de los solteros, de los escritores que como yo, escribimos para soportar el silencio donde al menos yo, escucho mis pensamientos como si estuvieran en voz alta, como les pasa a muchas personas solitarias que lidian con esto sin tener el oficio de la literatura para no perder la razón, para no volver a esos psiquiátricos donde los inocentes revelan con los gestos de sus rostros qué piensan.

 

Continuará...

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

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