LOS DÍAS DE UN ESCRITOR SOLTERO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Capítulo IIb

 

. Una frase bien lograda para mí es haber escrito con simpleza y una lucidez que aspire a un verso clásico, lo que me ocurra que en suma creo, me convenzo, a alguien más en este mundo le está ocurriendo, o en todo caso, como escritor, entiendo, es la vida diferente de lo que vive un obrero, un banquero, esas líneas que son recibidas con los rayos más incidentes de sol en la Plaza de Armas de Arequipa por ejemplo, cuando una turista del norte de Europa lee uno de mis libros, no solo para querer comprender la cultura de un escritor peruano que solo sale dos veces por mes de su casa en afanes sociales y, que rehúye las reuniones de intelectuales o que se siente augusto con una Coca Cola desde cualquier café, siempre desde la misma plaza, dejando correr la mirada entre el tiempo, la historia, toda la historia si es que debo ser más conciso, si es que me refiero a la historia del ser humano, o mis aprehensiones en ese fenómeno que es la palabra y que me permite nombrar a las experiencias por su nombre y, lo más relevante: formularme preguntas anticipadas a esta generación desde la cual soy un espectador, un torpe analista político, o un extranjero que vivió la vida quemando etapas a destiempo, saltándose unas tras de otras, o persiguiéndolas en un desorden desquiciante, si acaso a mis años, debiera ser un abuelo serio, solemne y sabio, o menos propenso a desear a las muchachas de cabello rojo de veinte años a las cuales pague con suma diligencia por saber que ellas significan lo que no entendí a mis 20 años, cuando mi relación con los libros y el mundo era una pelea franca, pero incomprensible ante la vista de los psiquiatras que me trataron y cuanta gente a la cual atraje atención, porque para ser más honesto, fui educado de tal manera, que no resulta al menos para mí, comprender cómo puedo soportar estar tanto tiempo dentro de mi habitación escribiendo: sencillamente así crecí también, encandilado con mis libros y dibujos, si ello pudiera ser interpretado como haber nacido para vivir un mundo propio, o lo que yo podría definir como: los desengaños donde aprendí a discernir qué era lo bueno para mí, qué era lo malo. ¿Una conducta extremadamente antisocial o quizá, misantropía?, mi lucidez me dice que preguntarme ello solo podría ser válido si tuviera 16 años, pero tengo 45, y lo que necesito es solo leer, tener sexo con muchachas que sepan hacer bien el amor, una buena digestión, una salud apreciable, y todas las horas necesarias para reflexionar y escribir. Pero para que pueda expresarme de esta manera, he debido entender que cada quien hace su vida como puede o ha podido y así, espera la muerte mientras los hijos crecen si es que hay hijos, o en todo caso, se hacen necesarias certezas de otras formas de soledad dentro de este mundo, donde tener claro hacia dónde se va, qué se quiere de la existencia, qué propósito nos define en lo largo del tiempo, desde la individualidad de cada quien, me permita aportar desde mi literatura otros sueños, otras esperanzas, desde donde la mejor canción, la esperada, aún esté por venir, que la historia de amor que ya escribí, sea distinta para los que recién tengan que conocer al amor, o la locura que me hace tan diferente de ti estimado lector, como tú de todos, nos procure un mundo donde las diferencias sean mínimas desde la soledad de la lectura, nunca desde los debates o las polémicas encarnizadas donde, estar de acuerdo, es la peor forma de decirse estar vivos. Somos discrepantes en todo, hasta en la terquedad de no dar la razón y, creo, es de esa manera el cómo surgen los discursos, el desarrollo de la retórica, la vehemencia de los justos, los magníficos disparates cuando se enuncia otra visión del mundo, esa palabra con la cual interpretamos cada generación, el uso que le damos, el cómo en una época aportan ellas una cosa, y en otros contextos, significados menos importantes.

 

Continuará...

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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