LOS DÍAS DE UN ESCRITOR SOLTERO

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Capítulo IIIb

 

Porque puedes gritar desde los escritos una y otra vez, uno se puede hacer el fuerte e ignorar lo que no se puede ignorar y, en el crecimiento personal dejar pasar a una y a otra muchacha, porque sabes que ellas no son el amor, porque no son capaces de retenerte, porque el orgullo es más fuerte, porque no se les puede odiar con intensidad ni desear lo peor, porque al decir adiós ninguna de las dos partes hace el intento para volver a empezar lo que en otros contextos acaba de golpe de una sola vez, o porque no se está completamente enredado con quien aún cree tiene la fuerza para salvarte, si acaso tú también crees que puedes salvarla, si acaso ambos son un hombre y una mujer perdidos dentro del mundo, buscándose el uno al otro, preguntándose cuándo es el día, dónde está el rostro, cómo son los sueños de las ilusiones, qué significa el aferrarse, en qué momento se renuncia a todo por alguien, en qué día los sueños de uno se convierten en los sueños de dos personas y entonces uno se da cuenta que el sueño de uno era el egoísmo con el cual se enfrentó al mundo, para ceder a un egoísmo mayor: el sueño de dos personas donde alguien tendrá la culpa por una vida renunciada, dos vidas renunciadas, dos planes que eran diferentes, dos metas que no concluyeron y que se cree, en sus renuncias, fueron los errores más grandes que se cometieron, porque el amor no salva a nadie, porque los prejuicios con los que llegaste al amor no te dejaron ver con claridad a quien amabas, cuando te hablaba y no la oías a ella sino oías a quien querías que apareciera, para reprocharle todo lo que sufriste, todo lo mal que te fue en la vida, por lo tanto que tardaste en aparecer, que si hubiera sido antes, tal vez todo sería distinto, o mejor dicho, habría sido distinto de manera afirmativa, odiando porque se te han otorgado los derechos para odiarle y echarle en cara que si la vida de uno es un desastre, es por culpa de ella, que todo pudo haber sido mejor, que todo podría ser mejor si ella no hubiera aparecido en la vida de uno, que ella no era lo que uno esperaba o pensaba, que la soledad es sin embargo insoportable sin ella, que en conclusión, sino están para salvarse, al menos están juntos para compartir locuras caóticas, que si hay que hundirse del todo, que sea juntos, que yo solo quería ayudarte, que no quiero perderte, que y todo lo que se jura cuando te sientes a pesar de todo fuerte, capaz de enfrentar al mundo donde no persigues ya tu sueño sino el sueño de dos, como son dos que persiguen un sueño, como son un hombre y una mujer condenados al fracaso dentro del mundo, como lo ha sido siempre con todas las parejas a lo largo de la historia del ser humano.

Porque eran todas las calles de la ciudad, esa desesperación donde nada tenía sentido y tú creías que tendría sentido cuando ya dejaras de luchar por ti para luchar por otra persona, y así definías la existencia, un ser para otro ser, sin saber que la historia de amor que te encontraría cuando ya estabas derrotado y convencido que nunca amarías, un día de golpe te entregaría vivencias increíbles para ti, una historia de amor inesperada, nunca similar a la que soñaste, porque tus prejuicios, tus ideas sobre ella eran otros y, cuando la conociste te quedaste impresionado y cambió tu vida para siempre, hasta entender el significado de lo eterno de las promesas que son ciegas y carecen de razón, de esos diálogos que la soledad te había arrebatado y que ahora tenías con quien compartir, entre tazas de té, platos de comida preparados por ambos, camas tendidas de a dos, platos sobre la mesa que había que recoger, cuentas donde el dinero tenía que alcanzar, menstruaciones que se retrasaban, los hijos que debían o no nacer, cuando aún no era tiempo, cuando pensabas y pensabas y te pasabas con ella pensando en cómo resolver un futuro para ambos, cuando te diste cuenta que ser escritor no era una profesión rentable para el amor y hacías el amor una y otra vez mientras sentías que el tiempo al lado de ella era un enemigo, que todo pasaba a una velocidad que te aterraba porque sabrías que no podrías sobrevivir sin ella si algo pasara, porque pensaste que cualquier trabajo valdría la pena en nombre del amor, a pesar de haberte dedicado toda tu vida a leer y a querer ser reconocido como escritor y de pronto, el mundo era otra cosa, porque abrías los ojos a la realidad y te dabas cuenta que el dinero siempre puso condiciones a los que se atrevieron a ser libres pese a todo y no contaron con que un día terminarían enamorándose y eso cambiaría todos los planes, porque el amor hasta antes del amor, era un sueño donde todo se podía resolver en base a voluntades propias de los que inexpertos en la vida, no entendían que el trabajo se interpone entre los que se aman y, todo se complica cuando el tiempo ya no es de dos sino de quien siempre fue quieras o no: del trabajo, de lo que se debe hacer obligadamente para subsistir, porque los ahorros no alcanzarán toda la vida para hacer las compras en el mercado, pagar el alquiler del apartamento, la luz, el agua y todo lo que los adultos afrontan con resignación, cuando sienten que el trabajo les roba el tiempo que bien podrían pasarlo con quien se ama y necesita, porque existe algo que te atormentará lentamente, poco a poco, hasta desquiciarte del todo, ya que descubrirás que en el mundo de ella donde trabaje, otros hombres la mirarán como lo que es: una mujer, y tú sabes bien que la frecuencia en el trato despierta el deseo quieras o no, porque te pasa a ti lo mismo en tu trabajo, hasta que el sueño se convierta en una pesadilla, hasta que los celos aparezcan y se interpongan entre tú y ella.

 

Continuará...

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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