SENSUALIZACIÓN

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

Por esos años equivocados cuando creía que usar camisa y pantalón de algodón, zapatos italianos y corbata, era lo correcto, para saber qué era ser útil a la sociedad, sin entender que la labor que hacía la podía hacer todo el mundo, si acaso hacía operaciones crediticias de montos que llegaban a los millones de dólares, entre horarios de oficina, con mi propio escritorio y la mirada temerosa del gerente del banco que empezaba a verme como un potencial rival, una mañana de esas, en las que decidí darme un aliento en ese primer mes donde puse de cabeza a todos los funcionarios por haber hecho un leasing en menos de 15 días, por el monto de un cuarto de millón de dólares, hizo que mi supervisor me pusiera como meta para la siguiente quincena superar los $ 700,000.00, cosa que no se me presentaba imposible porque tenía en mi agenda una solicitud para una línea de crédito y otro leasing que superaban el millón de dólares, a la par que había logrado fidelizar a un cliente que requería un préstamo de dos millones de dólares de manera inmediata al que, luego de verificar que era buen pagador por figurar así en las páginas donde analizamos la morosidad del cliente, vi que era puntual en sus pagos y que reunía todos los requisitos para acceder al préstamo en menos de una semana, lo cual ya de por sí generó que el gerente empezara a tomar más clonazepanes de los acostumbrados y a salir angustiosamente del banco para calar un tabaco, quizá pensando en que su puesto no estaba del todo seguro mientras estuviera yo presente en las oficinas, llamando a uno y otro cliente, ofreciendo créditos a diestra y siniestra luego de revisar una base de datos que contenía todo el parque industrial y la Cámara de Comercio de la ciudad donde, tenía a mi alcance los nombres, direcciones, teléfonos personales, direcciones electrónicas y celulares que por supuesto, empecé a aprovechar al máximo.

Pero digo que eran años equivocados, porque a lo mucho, hoy sería un hombre aburrido que solo estaría hablando de operaciones crediticias, con un vientre abultado de beber tanto por los compromisos obligados luego de cada cierre de crédito o, en todo caso, atrapado por alguna muchacha que me viera como un buen partido, uno de esos proveedores que pueden satisfacer en todos los gustos a la esposa e hijos a tener.

Está demás decir que pudo más en mí la literatura y, que por esa razón, a esta hora de la noche, lo repienso mientras me digo: ¿qué habría hecho con todo el dinero que pude tener como funcionario?, pues creo que después de haber recorrido todo Perú y viajado al extranjero como turista que va a hoteles de 5 estrellas, con guía incluido y los mejores servicios en las mejores ciudades, me habría provocado esa sensación de los que creen que el dinero los hace felices, hasta llegar al desengaño y empezar a añorar los sueños personales, los de querer por ejemplo, tener tiempo para dedicarse a día completo para leer y escribir, cosa que sin dudarlo lo hago, sin que me arrepienta, porque solo de esta forma es como más vivo me siento, si acaso desde antes de entrar a laborar al banco, ya era un hombre libre, de buenas maneras y buenas costumbres.

Porque sentado desde mi asiento donde se podía ver un panorama agradable de la ciudad, desde la avenida principal, la avenida de las finanzas, cuyo matiz variaba con el caer del sol, hasta ver las luces de las oficinas encendidas de otros edificios y, esos anuncios a colores donde el mercado hablaba solo de eso: dinero y más dinero. Todo era eso, publicidad para generar más y más dinero, nada tan parecido a la labor de un poeta que no piensa en ello, si acaso estaba ya enterado que nadie compra libros de poemas, que desde la web se podían encontrar a los clásicos, los Maestros de la Literatura, de manera gratuita.

Hasta que le pregunté esa mañana a mi compañero, pero qué pasa con la gente, por qué tanto alboroto. Mi compañero de mediana empresa, funcionario también, riéndose de manera celebrativa me dijo: “la están enamorando todos a la nueva funcionaria. Verás que en menos de una semana es mujer de todos. La están sensualizando”. Porque yo vi cómo uno tras de otro se le acercaban con esas sonrisas propias de los galanes que no le tienen piedad a quien será su mujer y turno tras turno, con tocamientos en los brazos, las manos, los hombros, finalmente abrazos cariñosos, palabras muy halagadoras, muy coquetas, muy provocadoras, relacionadas con su belleza, con su encanto, con su forma tan femenina de ser, con su olor tan agradable, que podemos salir a tomar un café luego, sí, este fin de semana si gustas te llevo a mi departamento de playa, Cusco es lo máximo en esta temporada, ¡vamos al nuevo restaurante que han abierto!, te presentaré a gente muy influyente, ¡quedarán enamorados de ti! Porque esto se lo decían una y otra vez cada uno de los funcionarios mientras ella poco a poco se sensualizaba, hasta sentirse deseada por todos los varones del banco, hasta mojarse en las bragas en plenas oficinas por recibir la atención casanovesca de los varones con quienes trabajábamos.

Y tú Mauricio, ¿no la vas a enamorar?, me dijo el funcionario finalmente. Y después, en qué acaba todo esto. El tipo se acomodó sobre su asiento, giró la silla mientras ajustaba el cinturón a su incipiente barriga con sus manos y, después alzó los brazos con el fin de descansar su cabeza en ellos, puestos en actitud autosuficiente, para luego agitarlos, frotarse las manos, sonarse algunos dedos, mover la cabeza de un lado para el otro en afán nervioso y salaz. Pues será una sorpresa para ella que nos encontremos todos en el departamento de playa de uno de los funcionarios. Ya sabes, todos somos compañeros de trabajo, todos queremos estar con ella, nos encanta su presencia, porque ella es muy especial, queríamos darle una sorpresa, homenajearla como se merece, entre copa de vino, 

whisky y lo que 10 hombres podemos provocar ante la presencia solitaria de una sola mujer que ha sido llenada de piropos hasta convencerle que es la más hermosa funcionaria de todos los bancos, si acaso no esté ya excitada y esté tentada a iniciarse en… ¿qué, como que no te agrada lo que hemos pensado hacer?, es la tradición, todas han pasado por ello, por eso ninguna de sus compañeras de trabajo le advierten nada, si las conocieras a cada una de las mujeres que trabajan con nosotros, ah, Mauricio, ¿le entras? Qué, veo que eres nuevo en estas cosas, en fin, te la pierdes, como te reitero, es parte de la tradición. Solo no las cagues ni comentes esto con nadie, nadie nunca ha sido un soplón, esto forma parte de nuestras tradiciones. Miré mi reloj, tenía justo una entrevista con un empresario que debía ser corroborado en su documentación para ver si salía o no su crédito: cuadernos de contabilidad llenos de facturas, tarjetas de propiedad de vehículos, planillas de pagos a empleados y un etc., que me pareció tedioso. ¡Mauricio!, el mundo es así en todas partes, donde vayas encontrarás siempre la misma realidad, ¿cambiar el mundo?, nadie cree en eso, mira dónde estamos, en un banco, estamos donde el dinero, el capital fluye, aquí la gente o quiebra o se hace más millonaria de lo que es. No hacemos nada malo, solo intentamos pasarla bien, ¿puedes entender eso en tu pequeña cabecita de contestatario y rebelde? Olvídalo, le dije, no soy un soplón, esto ya es cosa de ustedes. Tengo que hacer, finalmente dije y salí a la entrevista que tenía.

A la semana siguiente luego de haber pasado lo que tuvo que haber pasado, en un fin de semana en un departamento de playa, donde 10 hombres estuvieron a solas con una mujer, nada parecía haberse alterado dentro de las oficinas. Besos y abrazos y luego nada, la novedad había perdido su encanto, la funcionaria hizo como que nada hubiera ocurrido, la discreción es una rara virtud alguien me dijo alguna vez. Un grupo de funcionarias se le acercaron, eran funcionarias más antiguas, ¿tomamos un café?, le dijeron el grupo de mujeres que sonrientes la llevaron de la mano hacia un lugar aparte. Tenían mucho de qué conversar. Más aquí, ninguno de los varones dijo nada, el día era tedioso y largo, se movía el capital, y nos esperaba a todos gestionar muchas operaciones crediticias.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

Todos los Derechos Reservados para

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Comentar este post