EL LIBRE

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

 

Ah, bueno, pero, ¿no crees que esa es labor de los periodistas? Está bien, me hablas de una literatura comprometida, pero, entonces, qué me puedes decir de los escritores negros, esos que escriben obras para los reconocidos, los que solo ponen su nombre a los libros y dejan que los grandes sellos editoriales conviertan sus libros en éxitos de librerías. Claro, puedes decirme que la política no puede estar desvinculada de la literatura en estos casos, que el discurso de un escritor siempre es importante al momento de aparecer en medio de coyunturas donde se hace necesaria la voz de un intelectual, pero dime, esa actitud tuya, de ser rebelde, contestatario, ¿hasta dónde crees que la debes llevar?

Calé mi tabaco mientras sorbía de mi KR en plena mañana de abril en Arequipa, donde el cielo estaba claro, hacía un sol agradable y el viento era fresco. Cómo le decía a mi amigo que tenía mucha razón. Que los autores comprometidos habían hecho mucho daño a varias generaciones donde se mezcló el arte con la política. Pensaba en que no necesitaba conocer ciudades ni tampoco a personajes eruditos cuyo pensamiento fuera relevante. Tenía claro sobre qué debía escribir, sabía que no podía resolver el mundo y, que los medios de comunicación solo me volverían a abrir las puertas en la medida que fuese menos incómodo para los grupos de poder, al menos desde mis declaraciones. Hablaba mucho sobre el compromiso con el ser humano, pero mis decepciones eran cada vez mayores. Tenía claro que cada día que pasaba, estaba empezando a escribir para menos personas con alguna ideología definida, que mi discurso estaba convirtiéndose en una voz aislada que debía evitar ser manoseada por intereses de otras personas. Está bien, me opongo desde mi literatura a las drogas, al alcohol, la corrupción, hablo de la necesidad de formar un modelo social de convivencia donde los principios éticos predominasen, pero la verdad es que, pocas personas he conocido que o no se droguen, o no consuman alcohol, o mucho menos, hayan o tengan vínculos con la corrupción. No había forma de resolver algo que estuvo de tal manera desde muchos siglos antes que yo naciera.

No mi estimado Mauricio, no me vengas ahora a decir que si tu discurso triunfa en París, has triunfado ya en todo el mundo, ¿Aspirar a un premio Nobel?, míralo a Vargas Llosa, desde mediados de los setentas era voceado para ganar mencionado reconocimiento mundial, pero, ¿si no llegaba vivo al 2010?, claro, no habría recibido el Nobel. Es que nada es justo, habría muerto sin haber sido reconocido con mencionado premio que viene a ser el máximo galardón en las letras mundiales. Sí, reitero, nada es justo, debemos aprender a dejar de lado los resentimientos. Está bien, en su momento fuiste privado de tu libertad y los psiquiátricos fueron una experiencia constante para ti, pero eso ya pasó Mauricio, ahora eres libre, gozas de una libertad de expresión envidiable, has conocido intensamente al amor y has tenido todas las mujeres que has querido, cosa que lo puedes seguir haciendo. Te han publicado y has publicado algunos libros, ¿8, no?, pues es bastante. Escribes desde un blog donde has superado las 22,000 visitas, eso es un logro envidiable, pero ¿no crees que ya es momento que debas redefinir tu literatura?

Calé otra vez mi tabaco, repensé en otras conversaciones donde el tema abordado había sido el mismo. Me acomodé sobre el asiento, di otro sorbo a mi KR mientras distraía mi mirada con las torres de la Catedral. Sí, definitivamente en Perú era libre, para ser más preciso, en la Ciudad Blanca de Arequipa. En ninguna otra ciudad podría haber escrito ni dicho todo lo que he escrito y dicho. Podía pasarme noches enteras hasta el amanecer tecleando desde mi ordenador sin que sea sospechoso de ser un seguidor de alguna ideología extrema. Recordaba que en Rusia, por algunas noticias que tuve, no hay libertad de expresión, que las personas guardan un silencio que es condenado con la cárcel. No,

en Rusia no podría escribir por las noches sin que los policías sospechasen sobre mis escritos. Tuve la suerte de no nacer en Siria ni mucho menos ser judío, a pesar de tener amigos judíos y saber que son muy buenas personas, como me lo hiciera entender Efráin, un hombre muy amable, médico, judío de segunda generación, cuando al contemplarlo con su sonrisa de niño, con sus impresionantes ojos celestes y su porte mayor al mío como los 20 años que me lleva de diferencia al decirme: no Mauricio, no estamos en Jerusalem, mira a tu alrededor, Arequipa es una de las ciudades más seguras del mundo, aquí hay paz. Si los escritores supieran que aquí se puede escribir en total libertad, vendrían de seguro. Aquí se respeta el credo de las personas y lo mejor, no hay musulmanes que quieran imponer un credo que ambos sabemos, es inhumano. Nuestros amigos católicos a pesar de las denuncias que caen sobre la curia, tratan de ser lo más educados posible, de ser personas de bien, ¿por qué entonces abrazar causas donde nada tenemos que hacer? Si los muchachos quieren fumarse un porro de marihuana, pues déjalos, hay otros como tú que son medicados con drogas legales. Te quiero decir Mauricio que la vida no es fácil para nadie. Un vaso de cerveza no le cae mal a nadie, ¿no? Se trata de dejar vivir, de dejar ser a las personas. Yo que he recorrido el mundo te puedo dar fe de esto, aquí sí se puede vivir.

Disculpa, le dije a mi amigo mientras me levantaba de mi asiento para contemplar el horizonte, calé una vez más mi tabaco. Reitero, el Sol estaba muy agradable. Podía ver desde donde estaba a cientos de turistas disfrutar de su estancia en la ciudad, podía notar cómo el bronceado de su piel les daba un color cobrizo como la piel de la mayoría de peruanos, podía notar cómo el color de los ojos de las personas cambiaba hasta volverse marrones o simplemente grises. Ah, las pupilas siempre fueron mudables para todos, hasta para mí. Debo retirarme, le dije a mi amigo. Espera, Mauricio, por qué, ¿dije algo que no debía?, no mi estimado, al contrario, dijiste la verdad, cosa rara que no se puede hacer en otras ciudades, me retiro a hacer mi labor de siempre, ¿escribir?, sí, escribir. Tenía muy en claro qué era la literatura para mí. No había Nobel en mente ni necesidades de lucro con lo que escribiera. La literatura era mi oficio, mi necesidad.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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