DE MUJERES Y AMIGOS

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

Pues estás mejor que yo en relación a las mujeres. Yo apenas tengo solo 3 y tú quieres tener una quinta mujer. Sí, pero Mauricio, tú tienes solo a marocas, les pagas para aliviar tus necesidades. Es cierto, pero el amor a nuestra edad es solo sexo, nada de cursilerías donde el corazón sea el que mande, eso está bien para los que recién se inician en la vida. Tú les das casa, las vistes, les complaces en todos los gustos, ¿cuál es la diferencia entonces mi estimado? Ninguna, salvo que tú pusiste tu postura firme desde hace años: no quieres otorgar derechos sobre tu libertad, solo quieres estar sentado frente a tu computadora y escribir toda la santa noche, entonces qué, ¿se nace Poeta?, ¿es cierto eso que se empieza a escribir desde niño? Creo que empezamos dibujando, leyendo con avidez y en la suerte de pocos, con un mundo propio que pocos lograron conservar. Mira que en las Europas, digamos Francia, de cada dos franceses, uno quiere ser escritor, y escribe muy bien, pero el espacio es reducido por los reconocidos, ya sabes, esos que dominan la prosa y tienen el don de saber qué decir y no decir en las entrevistas dejando la certidumbre para los Amos del Mundo que no son peligrosos, a pesar de denunciarlos públicamente, esas pequeñas licencias de las cuales gozan algunos autores cuando ya son personas públicas y no hay sorpresas de por medio que agiten masas.

¿Así que te acostumbraste a tus 3 mujeres? Sí, el año pasado tuve 6, pero mi presupuesto no es tan amplio como para poder gastar en tantas mujeres. Poco a poco fui acostumbrándolas a mi manera de hacer el amor hasta elegir con quiénes quedarme a pesar de saber que es solo sexo, algo fisiológico y propio para superar el estrés. ¿Y no piensas casarte? No, eso está fuera de mis planes. Me acostumbré a estar solo y a rendir culto al silencio, a tener horas de horas que me son necesarias para pensar, reflexionar y luego escribir. No están dentro de mis expectativas tener esposa, no creo tener la paciencia para criar hijos.

Abrí mi KR puesta sobre el escritorio mientras prendía un tabaco mentolado. Observaba esos libros que alguna vez detenidamente, en el estante, atrajeron mi atención. No, esos libros no tenían nada más qué decirme. ¿Y el compromiso con el mundo? Sigo creyendo en que es necesario en un mundo mejor, pero es una postura egoísta, porque lo que para mí puede ser mejor, puede resultar la vulneración de las libertades y derechos de otras personas. ¡Tanto hemos madurado!, ¿no mi estimado?

Pero tienes 45 años, deberías pensar en tener ya una compañera permanente. Ya hablamos sobre ello la vez pasada. Sí, cuesta conseguir nuestras mujeres, no las presentamos a nadie y no es porque se sienta celos de por medio. Los celos te lo curan las mujeres que provocan muchos celos, ya luego, te da igual, haces el amor sin sentir amor y la vida continua. ¿Pero es no es mentirse y llevar una vida vacía? No mi estimado, la vida que yo deseo vivir la tengo en mi literatura, desde mi soledad, muy alejado de los académicos que se cuestionan siempre si acaso el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española sirve para algo, reconocido como un cementerio que no puede ser usado en el diálogo cotidiano de las personas normales y que poca relación tienen con los ámbitos desde donde se utiliza. Si usara al pie de la letra lo que este diccionario propone en mis conversaciones con las personas comunes y corrientes, no sería entendido, al menos tengo esa impresión, solo lo uso cuando escribo, para alcanzar la precisión en la literatura. Es raro que empodere la palabra salvo sea con amistades cultivadas como la eres tú entre otras tantas.

Así que quieres tener una quinta mujer. Sí, quiero una mujer más, para cada día de la semana y descansar luego los sábados y domingos, a mis 55 años el sexo sigue siendo el motor que le da vigor y sentido a mi vida. Siempre he pensado que detrás de todas mis debilidades, el sexo ha sido lo único que me ha podido sobreponer ante mis decepciones o momentos de aflicción. Volví a sorber la KR, calé el tabaco, me acomodé en el asiento, eché una mirada desde la ventana al cielo que podía verse desde Arequipa. Me complacía su amistad, no solo por su sinceridad, es decir, lo que piensa, sea bueno o malo, el tipo era un hombre sabio y tenía mucho mundo, ávido lector como yo de libros cada vez más raros y de lectura complicada pero excepcional. Así son mis amigos, hombres maduros con quienes se comparte experiencias tenidas con nuestras mujeres y por supuesto, consejos que van y vienen, cuando se trata de entender qué fue el amor, hace años.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

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