DESPUÉS DE BABEL

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

De todas las maldiciones que el ser humano ha conocido, no he sabido de una mayor. Ese desprecio por la inteligencia y el conocimiento, en un pueblo donde los hombres no hablan ni desean hacerlo, donde han renunciado a la comunicación, para entregarse a pensamientos, donde se observa, son dueños de propios universos que los hacen felices, narra esta historia de quienes en algún lugar del cual nadie ha querido retornar después de haberlo hallado, testimonio, debo así decirlo, sobre un consenso universal sobre el cual se llevó a cabo este pacto y cuyas razones serán explicadas en este escrito, posteriormente. Pergaminos que nadie lee y que contienen la explicación de lo que somos, abandonados y sin abrir, les resultan indiferentes a estos hombres que existen desde el origen y que decidieron guardar silencio hace muchos millones de años, a pesar de ser ellos los poseedores del verbo que da vida. Algo impensado para cualquiera de nosotros hallé en este lugar del cual apenas pude salir por no poder soportar tanta paz y felicidad, o para ser más sincero: por no estar acostumbrado a tan extraña forma de vida a nosotros los humanos, si es que debo apuntar otra revelación que, como estuviera escrito en el pórtico de entrada a aquella morada, donde en la piedra decía: “Todo aquel que sabe para qué vive, no debe morar en este lugar”. Yo que no entendí esta advertencia, debo ser honesto si es que acaso la relacione con la celebridad y cuanta compensación se dé al dolor y desgracia humana y así se celebre al intelecto fue que con el pasar de algunos miles de años, empecé a extrañar la tristeza, el sufrimiento y otros males que el ser humano evita para estar bien, errada suposición que ahora he esclarecido, cuando he entendido la necesidad del hombre para experimentar el trance, lo que bien llamamos pasión, esos momentos difíciles que son propios a los hombres sabios de mi mundo y que ignoran la forma política de ese lugar, donde la convivencia social obliga a que nadie hable ni pretenda hacerlo, por considerar la socialización, el origen de todos los males y, por saberse cada uno de ellos completos en su naturaleza, sin necesidad de aprender nada de nadie, cosa que es cierto y, como escribiera en un principio, su desprecio por toda ciencia que intentase alcanzar algún conocimiento, era repudiada como abominable y cercana a las ausencias de lo inexplicable, cosa que quise entender en su momento, antes de tener a mi alcance el entendimiento de la soledad, de dioses malvados y egoístas que no querían saber nada de nosotros, dioses que no necesitaban de esos hombres y que se explicaban como absolutos y con la prerrogativa de ser solo ellos amados, ante una existencia dada solo con ese fin para ser necesitados y ser la razón de alabanza de estos hombres que se rebelaron ante su destino inmortal y decidieron nunca más hablar.

Y esto empezó en tiempos de Babel, y el origen fue en Babel.

Después de Babel, cuando el hombre quiso tener la sabiduría para entender a Dios, los pueblos se separaron ante la ira de éste y, cada hombre fundó su propio pueblo con su propio idioma, según las características de lo que experimentara, encontrándose vivencias intraducibles, imposibles de ser entendidas por los forasteros que sabían casi todas las lenguas del mundo sin que necesariamente lograsen entender la cultura de cada pueblo, esto es lo que la historia nos pretende decir y explicar, a pesar de que ahora he corroborado sucesos diferentes y que eran ajenos al conocimiento del hombre, porque en Babel, alguien dijo que los libros eran un agrupamiento de grafías que se prestaban a interpretaciones erróneas y que no existía edad precisa para estar preparados ante su entendimiento. Así, los eruditos más eminentes en cortes muy secretas, explican que en realidad Babel era el Paraíso y el reflejo de la inocencia humana, y que desde entonces, existe una morada donde estos hombres viven y que los que vivimos en su ignorancia, somos aún inocentes y estamos condenados a perseguir su destino si acaso en los primeros manuscritos que entiendo, son sagrados, otra verdad he encontrado donde se afirma que la época del Edén fue Babel y que, fue construida antes de que todos los anatemas cayeran sobre el árbol de la ciencia del bien y del mal, antes que estos hombres hallaran el árbol de la vida y probaran de su fruto y alcanzaran la inmortalidad, y por ende, llegar a menospreciar todo tipo de ciencia, para guardar un silencio necesario, a sabiendas que no había otra forma de sobrellevar el tiempo incesante .

Desde entonces, tengo que errar y ser testigo del acontecer humano sin ser entendido cuando declaro que seguimos siendo inocentes, que Babel es un estadio de vida inevitable y que aún permanecemos en el Edén , para luego haber renunciado en mi propósito a las advertencias que he dejado en todos los lugares donde he estado, cuando he hablado sobre la vida y la muerte y cuanto se ignore sobre los padeceres y su no saber qué hacer con esas breves existencias que revelan toda la condición del hombre al momento de querer entender qué es la sabiduría si acaso ésta está entre todos los males que es capaz de hacerse la humanidad así misma cuando se busca a la verdad.

Hay un lugar en el mundo donde nadie habla. Donde la eternidad existe y cada hombre que allí habita ama su soledad sin querer compartirla con nadie a razón de estar convencidos que si se ha de vivir eternamente, al menos esa eternidad sea bien llevadera, es decir, sin Estados ni Reyes, cada quien dejado a una inacción donde el orden sea el silencio, y la contemplación de lo que ellos desprecian y es el origen de su mal que bien llamé a decir es: la inteligencia.

Así fue después de Babel, y esto lo sabemos todos.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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