EL DÍA EN QUE EL SER HUMANO SE REBELÓ

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

¡No creemos ser tan insignificantes como para no merecer una respuesta! Un inocente quiso darlas y ocasionó desastres en la historia del hombre, dividió al mundo como él lo advirtió en su prédica según el evangelio de Mateo, 10,34: “No creáis que he venido a traer paz, sino espada”. Buscábamos un hombre santo al cual instruimos para que fuera el origen de la separación del mundo, desde El Patriarcado de Rusia, hasta Roma, desde los protestantes hasta los mormones. El mundo está dividido en religiones y credos, hay guerras en el mundo que se dan por su causa. Los islamitas aún creen en la guerra santa, los judíos esperan aún a su Mesías, pero lo cierto es que desde los orígenes de la civilización, el hombre ha mirado al cielo para encontrar una respuesta ante sus tribulaciones, y nunca ha obtenido respuesta alguna. Tantas cruzadas por la tierra santa, tantas muertes, más de 1,000 años de oscurantismo con el dominio del Papado, millones de muertos en América.

Yo que vi la Estrella de David en el cielo y puedo entender que fue un holograma, un holograma que solo podía ser sentido por alguien que cree y, decidido quise salvar al mundo, cuán ignorante fui. Ahora mismo soy el último hombre justo de mi generación. No ha quedado nadie más. Y me llegan constantes correos electrónicos de diferentes partes del mundo. Un nuevo orden se avecina, mientras el hombre vive en constante conflicto consigo mismo. Me dicen que se dará un gran cambio en la historia del hombre, que nuestras creencias, explicaciones e interpretaciones del mundo cambiarán radicalmente.

Debo ser preciso, está en mí decidir si estoy de acuerdo o no. La responsabilidad la han dejado en mi criterio. Y estoy pensando que es lo más justo para el hombre actual. La vida nos ha quitado tanto y todos, somos conscientes que no hay más allá, que forzamos la creencias en universos paralelos, en ver una luz al final de un túnel cuando estamos a punto de morir, que Dios es misericordioso y perdona todo.

¿Primeramente, necesitamos su perdón? ¿No somos nosotros los que deberíamos juzgarlo por todas las desgracias que hay en el mundo?

Mientras escribo este texto, he reflexionado en cuándo justo he sido en mi proceder al momento de haber dado mi respuesta. La sexualidad, ¡Ah!, cuánto ha perturbado la sexualidad al hombre, y lo sigue haciendo. ¿No saben que el amor es algo que todo el mundo ha buscado desde siempre y que jamás ha sido hallado? ¡Lo que más teme el hombre es no ser amado, sino su soledad! Enterados de mi resistencia y soledad extrema, me han preguntado sobre sus nuevas percepciones, estos señores que siempre han decidido sobre el sentido de la humanidad, el adónde vamos.

Les he contestado que estoy de acuerdo.

En pocos días será borrada toda la información que hay en internet, la información con la que contamos de nuestra historia, la ciencia, la biología, etc., todo cuanto intentó explicar al hombre. No quedará nada de lo que hemos aprendido y tenemos como conocimiento. Hace ya décadas atrás el hombre elaboró un plan desde donde otra verdad nos explicase. El momento ha llegado. En unas cuantas generaciones, otra será la interpretación que tengamos del mundo, del universo, de la vida.

El hombre se ha rebelado contra todo, en medio de guerras y amenazas de guerras mundiales. Aquí nadie es feliz. Todos son esclavos del dinero, sin éste no hay felicidad, no hay lo aproximado al amor ni libertad. El cambio esperado estará lleno de textos sabios, literatura que contiene la sabiduría de hombres más entendidos de los que formaron al inocente de Jesús.

De los adelantos que puedo decir, en honor al ser humano, solo puedo decir que esto responde a una revolución mayor. Porque en tres generaciones otra será la verdad que nos defina dentro del universo, si así el hombre se rebele contra todo y se atribuya la prerrogativa nihilista esperada.

La tierra volverá a ser el centro del universo. Todo conspirará para ello. El hombre volverá a ser el centro del universo. Desecharemos la idea de que existan extraterrestres. Interpretaremos de otra forma las estrellas. Seremos la razón de ser del cosmos, por unos cuantos miles de años.

Mejor dicho, dejaremos de ser insignificantes, para ser los únicos que existimos y, que le dá sentido a todo. No nos importará estar solos en medio de lo infinito.

A esto se le llamará Amor. No tengo más nada qué adelantarles.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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