LA RAZÓN DE SER

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

Es que Mauricio, vives en una zona donde se puede dedicarse a escribir. He leído algunos de tus textos donde mencionas recurrentemente el silencio que te acoge y que es propicio para tu creación y, que inclusive es tan intenso que llegas a sentir a viva voz tus pensamientos. Te diré que eso no les pasa a la mayoría de Escritores y que eso lo sabes bien por haber vivido alguna vez en otro distrito donde no había esa quietud que los que escribimos, necesitamos para la creación. Ah, silencio, silencio. ¡Es maravilloso! Porque además, tu condición es privilegiada. Caminas por las calles y sabes que la gente sabe que tú escribes y te dejan ser. Y no solo ello, el apoyo familiar. ¿Sabes que muchos escritores no recibieron el apoyo familiar que necesitaron?, pero no, presentas tus libros, y tus amigos más allegados y tus padres y hermanos, están siempre presentes, felices con tu labor de escritor. Hasta tienes herencia y una módica pensión que tu padre te dá para que puedas abocarte a lo único que realmente saber hacer, si acaso las personas quisiéramos tener esa bendición. Te das el lujo de rechazar entrevistas de otros países que quieren conocerte y sin hacer mucho aspaviento, todos los días escribes como lo debe hacer un auténtico escritor. ¿Sabes que cuando te recuerdo, te visualizo frente a tu ordenador, escribiendo infatigablemente? Y en ello no me equivoco o nos equivocamos los que te conocemos. Nos has dejado la certidumbre que los sueños se pueden hacer realidad, porque además jamás pensaste o a tiempo dejaste esa errada concepción de creer que se debe vivir de la literatura, porque publicas de manera gratuita tus escritos para todo aquel que quiera leerte, sin ningún ánimo de querer lucrar con tu obra. Esa abnegación y altruismo es lo que hace falta en el mundo, en este mundo donde la mayoría de personas quieren hacer dinero con lo que considero yo también, el arte en este caso, no debe prestarse para hacerse millonario o mucho menos perder lo que tú nunca has perdido, tu cualidad de librepensador. Te basta un tabaco, unos cuantos tabacos y tu KR para poder desarrollar tu temática. Está bien, sé que estás en contra de las drogas, el alcohol y la corrupción, pero sabes bien que ello está en todo el mundo y que los testimonios que has recogido, con el afán de entregar a las juventudes, serias advertencias de estos males que laceran en todas partes, son nocivos para la salud y para el desarrollo de la personalidad, sean parte de eso que llamas: compromiso con el ser humano. Porque además has hecho novela psicológica y crees en eso que se llama: literatura de rescate. Pero ambos sabemos que los jóvenes solo escarmientan cuando ya han cometido todos los errores posibles que se deban cometer para tener eso que se llama: experiencia. ¡Ah, pero cuánta alegría y satisfacción nos dá el verte enfrentar problemas tan extremos!, o los que tuviste que enfrentar, sin que hayas sucumbido a los flagelos de las drogas y otros vicios donde las personas se echan a perder, porque te hemos visto sufrir, desde una soledad que creemos nadie habría podido soportar, enfrentado contra rituales imposibles de ser resueltos por nosotros y, sin embargo, mantienes tu fe intacta en la humanidad, a pesar de solo conocer la ciudad desde donde escribes que viene a ser para ti, todo el mundo, más allá de la información que puedas tener a tu alcance desde las redes sociales donde te enteras cómo es el mundo. Bien o mal, has renunciado a vivir en España o Francia, y mucho menos aprender otro idioma que no sea el español que utilizas en tus escritos y como bien lo dices: quieres dominarlo, porque es tu lengua madre, con la cual fuiste criado y educado, y con la cual piensas y vives. Sé que tienes amigos políglotas con quienes aprendes mucho y, a través de ese trato, promueves la amistad en tertulias intensas donde solo consumes agua con limón, o aguas de soda. Estás tan enamorado de la ciudad desde donde eres libre, como de tus mismos escritos. Dudo mucho que puedas escribir con total libertad en otro lugar. Mollendo te descubrió Poeta, y Arequipa te llenó de literatura, y así, aprovechas al máximo las redes sociales para compartir tus escritos, como lo hacen miles de poetas y cuentistas, que hacen uso de ésta, para dar a conocer sus obras. Formas parte de esa generación del Facebook, que usa esta red social para promover el arte, desde tu forma de entenderlo, sin querer lucrar o ser, lo que una vez dijiste: un mercenario de la literatura. Porque abordas temas difíciles, temas que nos son comunes a todos, desde cualquier latitud y, esclareces lo que muchos creen, solo les pasa a ellos, hasta hacer de la literatura un refugio donde todos nos damos cuenta que no estamos tan solos, que el sentir es generalizado y, que al leerte, comprendemos mejor eso que es expresado como: el nuevo ser humano, y que es obsesión en tus escritos e intentas esclarecerlo, como soporte emocional o ayuda, ante quienes creen que la soledad no tiene remedio y es insalvable, porque has entregado otra visión de ésta, otra manera de comprenderla, al hacernos entender que hay alguien en este mundo que la disfruta y necesita, para ser feliz, porque es desde la soledad donde tú necesitas escribir y, es desde ella, donde tu personalidad se desarrolla, con tu manera de entender el tiempo, con tu aporte ante el dolor y sentir humano, y con la devoción con la cual te sientas a escribir diariamente, para recordarnos qué es la fe, la esperanza, o lo más importante: la razón de ser.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

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