LA REVELACIÓN DEL OJO DE LA PIRÁMIDE

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

Cuando Jesús cumplió 28 años, se supo un destino, el esclarecimiento llenó sus pensamientos y, al momento de enfrentar su lucidez, comprendió que era el esperado, que en su entorno hombre más justo no había. A esto yo le puedo llamar: el origen del deber.

La muchacha de 18 años, de piel agradablemente bronceada, cabello rubio, y ojos verdes, fue descubierta una mañana de sol en plena Plaza de Armas, mientras yo calaba un tabaco, mientras ella miraba a todas partes, como si buscara algo, no a alguien, sino algo. De esto fue hace varios años atrás, cuando en mi derrotero mis búsquedas eran otras verdades que he dejado en el camino, si acaso hacían interesante mi sabiduría que era compartida con pocas personas, tal vez solo desde mis escritos, tal vez solo con muchachas como ella.

Vestía de manera casual y al detener su mirada en mis ojos a pocos metros de mí, pensé que una extranjera en una ciudad donde no tiene la protección de sus amigos o familiares, las sensaciones que tenía eran totalmente diferentes a la comodidad que yo sentía al estar sentado desde una banca en donde, plácidamente disfrutaba de mi tabaco.

Descuida, le dije, hay cámaras en todo el Cercado de la ciudad y, más aquí en la Plaza. Cada 5 minutos ronda un patrullero con policías dedicados a proteger a los turistas, los puedes reconocer por la camisa blanca que llevan. Ella sonrió y me dijo, espérame por favor. Entonces corrió como cuando se es uno niño y se va detrás de las gaviotas en la orilla del mar, sin miedo alguno, aventurándose con movimientos no muy bien coordinados para atrapar esas aves imposibles, aves migratorias que cruzan según las estaciones, continentes y, acaso como ella, en su mirada, otras ciudades desde su soledad, con una infinidad de noches y extraños que se convirtieron en amigos, fue que al sentir la libertad de la protección otra vez, quiso tener entre sus manos una de las tantas palomas que hacen recorridos circulares alrededor de la pileta. Al seguirla con la mirada pude comprender su apetito de conocimiento, de querer saber de la mayor cantidad de personas posibles, de hacer todas las preguntas necesarias a todas las personas que pudieran responderlas, hasta cuando en el horizonte, en otras latitudes el sol fuera rojo en los atardeceres, hasta el día del retorno, cuando saciada de mundo desde su afortunada y corajuda juventud, pensase en lo que resignadamente piensan todas las personas, cuando han conocido todo lo que tenían que conocer, como para convencerse que debía estudiar en la universidad, ser profesional, y entrar a trabajar en los negocios de la familia, asumiendo los roles propios de los adultos.

Sí, soy de Argentina como lo has pensado. Luego de haber caminado hacía mí para sentarse en mi banca, lo primero que me preguntó al verme fue, ¿de qué vives? Es un privilegio ser Escritor, estimada. ¿Y te han publicado muchos libros? Algunos. Entonces eres famoso. Creo que ese no es el fin al momento de escribir o publicar, le contesté.

Los portales desde los altos que cercan la plaza, llenos de restaurantes para lugareños y turistas atrajeron su atención. No tienes la apariencia de alguien que beba a pesar de ser Escritor. Es cierto, el sol está muy fuerte a esta hora, podemos ir a servirnos una Coca Cola con hielo si gustas. ¡Claro que sí!

A nuestra marcha supe su nombre, y otras presunciones que confirmé entre todas sus búsquedas. Sentados a la mesa, solo había ánimos de ser solidario. Era muy tierna, podía ser mi hija, pensé, y pensé también que me recordaría siempre, que sin embargo no todos los días serían iguales, ni todas las personas que conociera serían confiables, seguras, como yo.

Luego de que el mozo sirviera los vasos con hielo y la gaseosa, dejando el cenicero a un costado con las servilletas, precipité intencionalmente lo que ella debía enterarse. Probablemente a lo largo de tu indefinido viaje, te acompañen lecturas y jóvenes llenos de novedades que te maravillen y enriquezcan tu sabiduría, pero cuando la soledad inevitable te alcance y permanezcan en ti esas preguntas y tus ojos solo alcancen cielos nocturnos estrellados u horizontes donde el mar cambia constantemente de color, querrás saber el porqué, que se relaciona con la vida, el amor, y los misterios que a pocos se les han sido esclarecidos para los momentos donde las certezas son necesarias, justo antes de cometer errores insalvables.

Ella me miraba con atención mientras calmaba la sed con la gaseosa y los hielos. Apagué mi tabaco contra el cenicero y le pregunté si recordaba El Ojo de la Pirámide. ¿Qué sabes de ello señor escritor?, preguntó, me dijeron que es un símbolo de la masonería y que representa al Gran Arquitecto del Universo o a Dios y, bueno, que también está en el billete de dólar americano. Sí, le dije, el Ojo de la Providencia, el Ojo que todo lo ve… El Ojo de Horus, señor Escritor. Es correcto, estás preparada entonces. ¿Sabes que todos somos ese Ojo?, que cuando comprendemos el milagro de la vida éste se nos manifiesta. Seré un poco más claro, ¿te has enamorado? Vagamente contestó que algunas veces. Pero veo que no has estado con un guía, alguien que dé el nombre a las cosas y explique las emociones. Al parecer, por la manera en que lo dices, pues así parece.

Entonces le pedí que juntara su rostro de manera frontal al mío, hasta que viéramos la claridad de nuestros ojos y éstos fueran un solo ojo. Esta es la naturaleza de Dios, que se manifiesta en el amor, a partir del cual toda ciencia y arte se ha desarrollado hasta hoy. No podemos evitar el por qué ante Dios o el Amor, ni podemos evitar hallar a ambos en el ojo que ahora contemplamos mientras mantenemos nuestros rostros frente a frente, confundiendo nuestros ojos en un solo ojo. Porque cuando estés preparada para el amor maduro que pocas personas han conocido, tu amor descansará en el ojo de tu amado y lo que se haya de ver, sea el universo que les corresponda a conocer desde su vivencia, si es que el amor reúne todo lo que se necesita para ser personas completas, capaces de sentir a la vida en su plenitud. Serás entonces con Dios y serás con tu pareja y contigo misma. Y ya sea, desde la tragedia hasta la ventura, notarás que necesitarás de ese ojo, del amado en este caso, para los días de lucha y el descanso necesario, para los días del placer y la alegría desbordante, porque tus ojos que recorren el mundo buscando algo esencial, cuando sea el encuentro con el amor, anhelarán la filosofía de los sedentarios, de los niños correteando por los jardines y los afectos de los unidos bajo ese mismo ojo, mi pequeña amiga.

Le pedí que guardáramos silencio un momento para que meditara mientras yo probaba de la Coca Cola con hielo y encendía otro cigarrillo mentolado. Y así lo hizo luego de haber apartado sus ojos verdes de los míos, mientras bebía de su gaseosa en otra ciudad, en otra parte, cuando en el momento de partir, buscó la verdad, dentro del mundo.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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