Cómo controlar nuestros pensamientos

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

En un texto de Bhaktivedanta Swani Prabhundapa, maestro yoga, escribe el diálogo entre Arjuna el guerrero y Krisna lo siguiente:

¡Oh, Krsna! Porque la mente es inquieta, turbulenta, obstinada y muy fuerte, someterla, me parece a mí más difícil que dominar el viento.”

Sin, particularmente ser seguidor de Krisna, me parece de valor sumamente apreciable la confesión que le hace el guerrero Arjuna antes que con sus guerreros, empiece una cruenta guerra. Krisna lo que intenta es enseñarle los secretos de Yoga y el cómo alcanzar la paz y el control sobre la mente, cosa que por cierto no nos es ajeno a muchos de nosotros.

Debo remontarme a uno de esos mediodías en que reunidos en las terapias grupales dirigidas por la piscóloga, un paciente decía el cómo había aprendido a convivir con las voces que oía, que a su entender provenían del diablo. Yo lo miraba fijamente sin que se sienta juzgado y en pleno desembarazo le preguntaba: ¿pero qué te dice? Me da órdenes.

No podía concebirlo, sin duda alguna su identidad había sido usurpada por otra entidad mayor, que de alguna manera vivía dentro de él concretándose lo que se denomina como enajenación, es decir, que una entidad cultural, ocupe el lugar del yo personal, en la mente.

Pese a su confusión, al hecho de tener que convivir con su certeza que el diablo le daba órdenes o le hablaba, otras voces también perturbaban su estado de ánimo: la que sentía en el barrio donde vivía. Eran voces que siempre eran dirigidas hacia su persona, desde la que se sentía agredido y vulnerado.

He tratado de ponerme en el lugar de la persona que menciono, quien con una sonrisa franca y una buena actitud, pedía que se le diera aquel medicamento que le permitiese controlar sus pensamientos y de esa forma ser libre, es decir, estar en paz consigo mismo.

Entiendo que el saber de los orientales, en este caso de Krisna, se vuelve relevante en este caso: el guerrero descree la posibilidad que el ser humano pueda controlar su pensamiento. Y esto lo he oído cientos de veces. Todos tenemos una conciencia que alerta ante nuestros actos, constantemente nos está diciendo qué está bien o qué está mal. Esto se llama discernimiento, y está bien enraizado en nuestra cultura judeocristiana. La voz de un ser superior que desde pequeños nos hacen entender, mora dentro de nosotros, particularmente me parece el peor atentado contra la libertad de pensamiento. Desde pequeños, en los colegios católicos, nos forman así, convenciéndonos que Dios está en  todas partes y lo sabe todo. Esa conciencia del pecado, del sentirse sucio ante nuestra condición humana que no es perfecta, y que por tanto, podrá sumirse en depresiones agudas en el despertar sexual o cuando ya teniendo una vida sexual activa, en el experimentar, se trasgreda desde la perversión hasta la lujuria todo tipo de conducta hasta consumar el placer, acaso se contradice con la inocencia de la niñez, donde nuestra mentalidad era de naturaleza filósofa, y acaso el candor y la gracia en los rostros de los niños, nos recuerden la enorme brecha que hay entre un adulto y un infante que interroga sobre la vida, digámoslo así, de manera pura.

Entendí entonces el porqué en los internamientos que tuve, los textos bíblicos estaban prohibidos. Había conocido a Abraham, quien me confesó que llegado el momento, en sus delirios, él creía ser Jesús, el salvador. Y lo dijo con la naturalidad del que ha vuelto de un universo que quedaba solo en su mente y del cual fue rescatado, para integrarse a esta realidad de la cual formamos todos parte, pero por consenso, es decir, porque hemos aceptado ciertas normas dentro de un orden establecido que nos exige comportarnos de tal manera, que debemos guardar ciertas normas, para convivir en armonía. Al menos eso es lo que entendemos los adultos.

Pero la relación don Dios o el diablo, en torno a la esquizofrenia, fue algo que empezó a inquietarme más. Los estigmas o exorcismos, el hecho que se produjesen acontecimientos inexplicables para la ciencia, es algo que todavía ha quedado pendiente en los archivos de la psiquiatría o la psicología. Muchas personas a propósito de esto, me han confesado inclusive que tienen dones o poderes supernaturales. El caso de videntes que practican la magia blanca o negra según sean su credos, o el hecho de que otras personas entregasen su alma al diablo por temor a la vida, en el sentido de que se han sentido defraudados por el Dios de la cultura judeocristiana, y su estilo de vida se adopta a los credos de sectas en donde, la maldad y deseos reivindicatorios, busquen en el demonio la justicia de la cual reclaman y no fue oída por Dios, me hace entender que la soledad del ser humano es mayor, y que siempre necesitamos un ser superior, sea que represente al bien o al mal, para echarle la culpa de lo que nos ocurre en este mundo, y el cómo no sabemos afrontar la responsabilidad de nuestros actos, o no estemos preparados para enfrentar la desgracia o tragedia de la cual nadie está libre.

Conversando sobre esto con un amigo que ahora es médico, sobre el porqué se daba esta enajenación, y algunos pacientes se crean Dios o el mismo diablo, su respuesta fue clara: es que no tenemos Iconos. ¿Cómo así? Le pregunté interesado. Pasa que en nuestro tercer mundo, no tenemos en el momento del delirio con quiénes identificarnos. En Francia por ejemplo, los psiquiátricos albergan  a pacientes que se creen Napoleón Bonaparte. Quise reírme, eso lo sabía por caricaturas que había leído. Que no puede ser posible. Pues que es así, me volvió a decir mi amigo.

Es que la enajenación parte justamente de un buscar la verdad. Cosa curiosa si comprendemos que nuestra cultura condiciona altamente a las persona para que busquemos la verdad. Es decir, ¿cuánto debe cambiar el orden establecido que tenemos para que las personas puedan disfrutar de la libertad en su pensamiento y por tanto conductas que no generen culpas, estados de ansiedad, o sentir la sensación de suciedad dentro de sí mismos por el pecado que Dios no perdona?

Arjuna, siendo un guerrero, al conversar con Krisna, descree lo que su deidad le dice, puesto que se le hace imposible creer que la mente pueda ser controlada. Los Budas hablan sobre un nirvana desde el cual se puede alcanzar el vacío de la mente, el estar en este mundo por momentos en los que la paz interior se manifieste como un desconectarse de este mundo, para entrar en las delicias del pensamiento del que se es dueño.

Es que se percibe esto como algo no posible. Que el libre albedrío no esté al alcance de todas las personas y por tanto, el control de los pensamientos sea algo no dable en la realidad. Porque lo he conversado con muchas personas y acaso sus testimonios han sido negativos o escépticos ante el libre albedrío del cual les escribo.

Pero para los que no saben qué es el libre albedrío, les explicaré que es la voluntad de la persona sobre su pensamiento, y en la que uno tiene la facultad de poder pensar lo que desee, siendo así la persona dueña de su mente y por tanto, única moradora de su conciencia, de su yo.

El libre albedrío no es un invento mío. Escritos católicos nos hablan sobre éste y el cómo Dios nos mandó a este mundo con este don.

Lamentablemente no todas las personas logran desarrollarlo a temprana edad y se ven víctimas de un pensamiento desorganizado desde el que su mente les ocasiona daños que les impide ser felices. El hecho mismo que en desvelo, las personas se pasen toda la noche sin dormir, pensando una y otra cosa, a tal punto en el que se desorganiza la conciencia y en este pensar, se vaya de una idea a otra sin que se pueda hallar paz en la mente, conlleva a confusiones expuesta párrafos arriba como la enajenación.

Esa cualidad filosófica que tiene el ser humano, de que en desvelo, se aboque a la filosofía es interesante si aunamos a ésta, el hecho de querer conocernos mediante preguntas en las que nos cuestionamos y queremos saber el porqué asumimos ciertas conductas ante determinadas circunstancias, concluyendo en que todos tenemos un psicólogo interior, que llegado el momento, puede convertirse en nuestro mejor amigo, si es que se le da las técnicas necesarias para la  autoayuda.

Los problemas económicos o familiares, en donde otras responsabilidades mayores sujetadas a circunstancias muy diversas donde otra es la realidad apremiante, nos evoca el momento en que la persona afectada por lo que está pasando, pida un calmante porque no puede más con lo que siente o vive.

Personalmente en su momento, no podía yo controlar mis pensamientos y también negué la idea que exista un libre albedrío, que ello era imposible, y que la mente no se puede controlar. Obviamente debí estar muy enfermo, ya que en la actualidad, este libre albedrío es el que me permite poder escribir, que es parte de mi desarrollo personal, y por cierto dar testimonio y fe que la mente puede ser controlada a voluntad, pese a haber tenido experiencias negativas o en todo caso, sensaciones deprimentes que pueden ser manejadas hoy en día, con reanimadores que estabilizan el estado de ánimo de la víctima.

¿Y cómo conseguí tener dominio sobre mi conciencia? Pues tomando mis medicamentos. Las drogas legales que recibo como tratamiento, lograron de manera eficaz controlar esa vorágine de ideas que seguramente tienen alguna relación con los neurotransmisores , la sinapsis, las neuronas, por decirlo de alguna forma, que al poner control sobre éstas, no solo relajan mi funcionamiento cerebral, sino que hacen que éste funcione de manera óptima, y me permitan no pensar tan aceleradamente, sea el caso, lo esperado, para sí, pensar lo que desee, desde una conciencia libre, en la que aprendí hace tiempo a perdonar mis defectos, aceptarme, y disfrutar de mis pensamientos.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor.

 

 


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