Cómo encontré mi psicólogo interior

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Podría llamarlo también, el maestro interior, es decir, la voz que viene de adentro y nos ayuda a discernir entre lo bueno y lo malo para con nuestras vidas. Durante mucho tiempo intenté la forma de encontrar cómo derrotar esa soledad que se manifiesta no solo en mi persona, sino creo, como constante, en aquellas que requieren ayuda y se formulan la pregunta: ¿qué hago? Y es que cuando nos hacemos adultos, comprendemos que debemos asumir con responsabilidad las decisiones que tomamos, sin que por ello, tengamos que echarle la culpa por nuestros actos a otras personas, relegando las consecuencias de lo que podamos hacer a terceros. Creo que aprender a tomar decisiones que asumidas como tales, marcan un antes y un después en lo que concierne a las relaciones sociales y humanas. Decidir por ejemplo quien va a entrar a nuestras vidas y a quien debemos decir adiós porque puede ser una influencia negativa en nuestras vidas, corresponde a la selectividad con la cual, nos ayudamos a formar un entorno positivo en el que queremos sentir la misma vibración por decirlo de alguna forma. Es decir, si de pronto no deseo estar vinculado con personas conflictivas o apegadas a las drogas o el alcohol, sin tratar de herir los sentimientos de aquellas personas, evalúo antes de conocerlas si acaso su aporte en mi vida significaría un crecimiento personal o acaso el desorden de mis hábitos y en consecuencia, la afectación a mi conducta. Justamente sobre ello le hablaba a una persona a quien le decía que para que una persona entre en mi mundo, atraída por mi interés, le doy una oportunidad o dos, y a medida que veo cómo reacciona ante ciertas circunstancias y se dificultad para aceptarme, o la encuentro poca sincera o manipuladora, pues decido que apartarme ante el poco valor que le ha dado a la amistad que le he brindado. No es que ésta sea una actitud muy radical, más bien la considero asertiva, no necesito personas que a mi alrededor me recuerden constantemente cosas que quiero superar sin que me den soluciones a mi condición de vida sino más bien se conviertan en cargas afectivas, de las cuales podría hacerme cargo, si acaso la persona desease crecer emocionalmente, pero entregada a una amistad en la que se entable la relación con honestidad e igualdad, sin ánimos de sacar más provecho que el de ayudarse mutuamente a crecer como personas. Las amistades que he tenido han durado muchos años y acaso yo elegí a esas personas, por ver o entender que podría aprender mucho de ellas. Me he alejado de otras personas quizá porque he notado que mi influencia ha podido generar algún daño o en todo caso, nada bueno traería a mi vida si acaso no fueran excesos de los cuales deseo alejarme, sea el caso de las drogas o el alcohol. Y es que justamente hace párrafos arriba hablaba del psicólogo interior y de la soledad. Aprender a encontrar a ese maestro interior que se convierta en el mejor compañero ante la soledad no es tan fácil. Algunos recurren a libros para así de esa forma, desarrollar la empatía necesaria con otros autores y vivir las vidas ficcionadas que querría vivir, o entrar en la creación de un autor que se transparenta y da cabida a que uno pueda saber qué piensa desde su rica imaginación. Otros encuentra ese psicólogo interior en seminarios, talleres o cursos desde donde las técnicas aprendidas, les mejora el acercamiento hacia su yo interior, un yo libre de mezquindades y miserias, desde donde se aprende a morar en paz y a disfrutar de todo lo que el universo nos entrega, sin necesidad de cuestionamientos sin salida o acaso perturbadores. Recuerdo aquella mañana cuando desde los altos de la facultad de arquitectura, un conocido mío se me acercara y confidenciándome me dijera: Mauricio, ya no controlo mis pensamientos, creo que me estoy volviendo loco. No puedo concentrarme para hacer mi tesis. Mis pensamientos se disparan sin que yo pueda hacer nada. Me cuesta mucho poder repasar todo lo que en estos 5 años aprendí en la universidad. Estoy contra mí mismo. A propósito de este ejemplo, no fue la única persona que me confesara que su falta de concentración les hacía infelices y acaso dudar sobre su cordura. El sentirse distraído constantemente ante lo que sucede al alrededor o estar muy alerta, revela sino inseguridades o quizá temores que se manifiestan en un desorden del pensamiento donde en realidad se está todo el tiempo pensando de manera inconsciente en una sola cosa, impidiendo que la mente se puede objetivar en otras cosas. Conversando sobre esto con mi psicóloga, le preguntaba sobre el Método Silva y el cómo uno puede aprender a tener dominio sobre sus pensamientos. Aquella mañana ella estaba decorando su nuevo consultorio dentro del hospital acompañada por una practicante y a la vez conversando conmigo. Me explicaba el porqué de algunos cuadros que había colgado en la pared, del porqué de sus colores y el banner que quería poner a sus espaldas para que el paciente al momento de hacer la catarsis o terapia, sino pudiese verla a ella, viese a sus espaldas un panorama relajante. Pensó en el mar, un paisaje donde el mar esté presente. Y bueno , volviendo a lo que charlaba con ella a propósito del cómo aprender a pensar lo que uno desee, le decía que hacía muchos años atrás, cuando estaba muy en boga el pensamiento Alfa, el psicólogo que me trataba, sabedor de que me encantaba leer, usó una técnica de fijación mental que con el pasar de los años terminaría por aplicar a mi vida. Me hacía cerrar los ojos y me pedía que me concentrara o visualizara colores. A medida que iba visualizando uno u otro, el psicólogo me daba pautas de lo que ellos significaban. Estos pequeños ejercicios acaso contribuyeron de forma óptima para que mi imaginación pudiese estar enfocada al momento de hacer mis creaciones literarias, me refiero al poder estar concentrado en una idea y a así poder desarrollarla. Tiempo después, ya en otras sesiones, (siempre esto comentándole a mi psicóloga) ya no visualizaba colores de variados matices, ahora podía visualizar una inmensa pantalla de cine desde donde el psicólogo que me guiaba y me ejercitaba en visualizar la luna por ejemplo o el sol, o paisajes o animales o personas, personas conocidas o por conocer. Lo que no sabía en ese entonces, era que este psicólogo lo que hizo fue brindarme una puerta hacia realidades subjetivas que con el tiempo me conllevarían a sentirme pleno y satisfecho tanto así que en mis momentos de soledad, en vez de sentirme deprimido, desde mi habitación, escuchando la música que a mí me gustaba, me recostaba en mi cama y veía a través de la ventana el mundo buscado con ansiedad y desesperación por la mayoría de personas. Comentarlo era bano a no ser que hubiese sido con personas que ya habían alcanzado niveles superiores de conciencia y acaso solían jugar con sus sentidos como yo. Había aprendido mi propia técnica para segregar endorfinas y así sentirme bien, relajado y contento. En más de una ocasión inclusive le di la razón a los filósofos orientales cuando dijeran que el universo puede caber en los pensamientos de una persona capaz de convertirse en “un recipiente” que acogiese a todo lo que éste es. A esto empecé a llamarle a mi humilde entender, entrar a la frecuencia del todo, y ser uno solo con él. Este tipo de técnicas de dominio o control mental acaso ayudaron mucho no solo a creadores o personas que por el contrario no pueden manejar altos grados de ansiedad sea el caso de adolescentes que aún no saben que el templo del ser humano es la mente, y se debe tener cuidado con lo que se decide pensar, para sí de esa forma, poder mantenerse en un estado tal, que se pudiese tener dominio sobre las emociones. Así como aprendí con el tiempo a ser selectivo con las personas que entrarían a mi entorno social, aprendí también a saber escoger qué leer, cosa que no es común en el medio en el que me desenvuelvo, donde los escritores leen de todo y acaso en el desarrollar de su discurso sufren la afectación de aportes buenos o pesimistas en la mayoría de casos. Por ejemplo, hace poco un amigo mío me regaló algo de 20 videos para que pudiese conocer parte del cine europeo, lo cual le agradecí enormemente. Lo llamo mi mecenas por ser una persona muy optimista, desprendida y generosa y que cree en aquellos que insisten en lo que les gusta: en mi caso la literatura. Fue así que empecé a ver película tras película, que supuestamente debían tener un aporte a la sociedad. Me había equivocado. Me preguntaba acaso si la sociedad estaba tan enferma como para a través de sus películas mostrasen imágenes perturbadoras y deprimentes. Sin menospreciar las buenas intenciones de mi mecenas, dejaba ciertas películas luego de por ejemplo 5 minutos insoportables de un cine esquizofrénico que contribuía a generar pensamientos desordenados que en nada posibilitarían tener visiones óptimas de la realidad. Creo que ése es sin duda el maestro interior o psicólogo interior del cual les escribo: aquel que te advierte siempre qué es bueno o malo para ti mismo, y el cómo de manera saludable uno mismo sin ser discriminador, se aleja de aquellas personas que siendo negativas en su forma de ser, pudiesen alterar el orden ganado a través del espacio propio. Como por ejemplo lo que le decía a esa persona que mencioné cuando hablaba justamente de saber elegir amigos. Me hablaba del cómo debería ella reaccionar en el caso que estuviese en una relación de pareja donde de por medio hubiese un niño que los mantuviese unidos, a pesar de que ellos ya no se amaban. No quise ser pesimista, solo le contesté que el amor dura poco, dándole razón en lo que me decía, pero en parte, para acotar que uno no se enamora del color de ojos de una persona o de su billetera, sino de las virtudes justamente similares o acaso que brinden la certeza que el compartir de los días pudiese resistir la costumbre o rutina tan propias de la parejas casadas. En términos precisos le decía que si bien es cierto, no siempre elegimos a quien amar, hay un momento en el que se puede detener todo inicio de relación humana, en términos de pareja para evitar que alguna de las partes resultase lastimada, o en el peor de los casos si lo hubieran, niños de por medio que ninguna culpa tienen ante los errores de sus procreadores. En realidad ella me hablaba de su experiencia y preferí cambiar de tema para no herir sus susceptibilidades. Sabía que seguramente lo había dado todo de sí, que hizo todo lo posible por salvar su relación, que su soledad no era culpa suya. Y es que recalco acá la importancia de saberse rodear de las personas indicadas para de esa forma entrar en la armonía de quienes disfrutan de este mundo sin muchas complicaciones. Estas técnicas de visualización, desde las que ejercitamos el control sobre nuestra mente acaso sirven de terapia personal, (no podemos tener por ejemplo a nuestra psicólogo a las 2 de la madrugada) para contrarrestar el insomnio o las preocupaciones que requieren de nuestra mayor concentración para hallarles soluciones a nuestros problemas. Por ello, una mente relajada es más creativa y por lo tanto, más proclive a encontrar respuestas a nuestros problemas para así hallarles soluciones a lo que vendría a ser una mente confundida, desde donde la víctima no tiene control de sus pensamientos, como en el caso del conocido de la facultad de arquitectura de quien escribí párrafos arriba, que me confesaba que no podía poner orden a su mente, y así concentrarse en sus estudios para hacer su tesis y titularse. La elección, selectiva, y el tener la capacidad para disfrutar de nuestra soledad en el caso de las personas solteras, tiene mucha relación con este maestro interior o psicólogo interior del cual les he escrito, porque ésta es otra forma de decidir qué quiere uno vivir y con ello contribuir no solo al desarrollo de su personalidad sino al aporte a brindar a un entorno donde, las personas ven con entusiasmo a la vida, alejados de drogas y otros excesos que en nada contribuyen a llevar una vida sana.

Feliz día del psicólogo.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

 


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