De la muerte y su Inmortalidad

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

No esperes

A la muerte

Cuando el sol brilla con intensidad

Bajo la promesa de quienes juramos

No rendirnos ante la infamia y la traición.

No esperes a la muerte,

Contempla el fuego que madura en tu corazón,

Escucha la voz de los océanos.

Atento, descubre lo que en palabra

Propusiste al mundo.

No esperes a la muerte.

Recuerda el camino que abriste

Antes que la Luna se marchara

Y te dejara solo en los desiertos

Que fueron nuestros

Como la flor que en las manos se deshoja

Un amor te piensa siempre

Desde cualquier ciudad

Que sembraste en los tiempos en que soñabas

La balada que interpretó

Ese sentir que agitó muchos pechos

Hasta la exaltación.

No esperes a la muerte

Sonríe ante lo incierto

Es salvaje la primavera para quienes no la conocen

De sus misterios y leyes aprendí

Por eso,

No esperes a la muerte

Que ésta nunca ha de llegar.

Espera el campo de batalla,

La espada empuñada antes del grito final.

Que hay muchas formas de morir

Quizá frente a una botella de ron

O ante los labios de la mujer no esperada.

Yo he escrito para permanecer.

Para cantarle a los momentos que he llenado

Mi vuelo es mayor por tanto

Que desde mis alturas

La soledad es distinta

Que llegas fiel compañera

A hablarme sobre el tiempo

Y mis leyendas.

No.

No.

No esperes a la muerte,

Porque ésta es vana

Y a todos llega.

Que tu canto por tanto

Sea el mejor entre todos los cantares.

¡Aviva entonces el camino!

¡Revienta con el amanecer!

Y sueña,

Sueña sin esperar lo indescifrable,

Has del cuaderno en blanco

La ventura del mundo anhelado.

Porque al terminar de escribir tus manuscritos

Otros han de tomar la posta del destino.

Por eso,

No pienses en la muerte,

No la esperes,

Que en el camino,

Otras muertes encontrarás.

Y esas son las peores,

En medio de los oropeles,

De todas las historias escritas,

Que no terminaron en buen puerto.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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