El arte como terapia

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

A mis 20 años había decidido no salir más de mi habitación. ¿La razón? Tenia miedo a la vida y al mundo. Tras las experiencias negativas que arrastraba, sin novia y un grupo de amigos en quien confiar, encontré en los libros una nueva forma de vida, si acaso las respuestas a mis preguntas con las cuales me enfrentaba a todo,sin tener certezas que con el tiempo comprendería, las hallaría dentro de mí, cuando hubiese madurado y vencido a mí mismo.

Escribía diariamente una página entera, sean ensayos,cuentos o poemas. Aún guardo esos manuscritos que releo de vez en cuando, observando siempre el deseo a través de mis escritos, de explicar la vida. Creo que en lo único que he cambiado en mi literatura desde esa juventud perdida hasta hoy, que tengo 40 años, ha sido la lucha librada para conseguir mi espacio propio.

Esta crisis agorafóbica me duró poco tiempo. Me habían recetado Melleril Retard.

Y ocurrió algo que cambiaría totalmente mi visión del ser humano y sus crisis existenciales: el medicamento me produjo una sensación de euforia. Y lo decía a viva voz: soy feliz, y no tengo razón para ello. Con el pasar de los años, a medida que iba siendo recetado con diversos medicamentos cuyo efecto no duraba mucho para equilibrar mis emociones, me convencí que éramos pura bioquímica. Que algunos medicamentos podían producir una tristeza insoportable y por tanto, alterar la interpretación de la vida.

Es decir, ¿soy real, o solo soy producto de lo que una droga legal hace efecto en mí, y por tanto condiciona mi visión del mundo?

Tuve que tomar una decisión: decidí quedarme con el medicamento que me entregara la paz, la tranquilidad ante la angustia o desesperación, y lo más importante, la libertad que derrotase a mis miedos interiores.

Pero a mis 20 años, luego de superar con la ayuda de mi psicólogo y el tratamiento psiquiátrico, el miedo, y el negarme a salir de casa, mi refugio fue la Biblioteca de la ciudad, donde me sentía augusto, tranquilo, y complacido: tenía a los maestros del pensamiento humano,y curiosamente algunos sentían lo mismo que yo, o pensaban de manera parecida. Entendí entonces que no estaba solo, que mi lucha fue compartida por intelectuales que intentaron a través de su pensamiento buscar un modelo de convivencia social, donde no hubiesen víctimas y el deseo de vivir, contagiado por sus vivencias o las leyendas que arrastraban, motivasen al lector a entenderse así mismo, o esclarecerse, como lo digo en mi discurso de Escritor.

Pero la pregunta queda pendiente en el imaginario de mi estimado amigo lector: ¿se puede derrotar definitivamente a un joven de 20 años? La respuesta es no. Apegado a los libros, era lógico que el mundo universitario me fuese muy atractivo, y el deseo por conocer más me impulsara a querer estudiar con el fin de aprender todo aquello que de manera autodidacta tenía a mi alcance.

Naturalmente al leer un libro, uno se llena del aporte del autor, y necesita compartir lo que ha aprendido con otras personas, o al menos, comparar la visión del autor con otros jóvenes que pudiesen aportar otras conclusiones. Y fue entonces que los estudiantes de la Escuela de Literatura comenzaron a acostumbrarse a mi presencia, al verme ir seguido a su escuela, para visitarlos y conversar con los poetas, los filósofos y algunos catedráticos cuando entraba de vez en cuando a las clases en calidad de alumno libre, y participaba ante mis inquietudes ansiosas de conocimiento, mejor dicho, el tener a través de éstos las herramientas para entenderme a mí mismo.

Dos años después, decidí volver a la universidad luego de haber dejado dos carreras abandonadas. Al estudiar Arquitectura y sentir la libertad otorgada por los catedráticos quienes complacidos, me vieron como un buen elemento por ser un flaco lector, rebelde, y con ideas cuestionadoras y sociable. Sí, como lo leyó usted amigo lector: sociable.

Mensualmente me inyectaban una ampolleta de Piportil de 25 ml. cuyo efecto me dio un punto de apoyo para conocer a las demás personas, para saber de los demás y cerciorarme que los temores eran comunes,que muchos iban a la deriva, que no teníamos líderes en quien creer.

Los diálogos variaban desde el sexo hasta la política. Acaso mi libido también se elevó y pude conocer a lindas jovencitas a las cuales les declamaba poemas o les hablada del pensamiento de otros autores, impresionándolas con mis lecturas y mi actitud intelectual. Era curioso, yo no lo sabía, pero me decían siempre: cuando hablas, parece que estuviese hablando un libro, no te expresas como los demás, el lenguaje que utilizas es diferente. Era naturalmente el único lenguaje que tenía, el que usaba al momento de escribir, para expresarme con propiedad, para ser entendido.

A mis 22 años, edité y publiqué junto con un compañero de promoción del colegio, una revista de corte contestatario, nihilista y rebelde, donde publicamos artículos relacionados con nuestras experiencias juveniles, sean desde poemas hasta cuentos  o ensayos. Nuestros seudónimos no fueron objeción para que se nos hiciera dos notas de prensa en los diarios más leídos de la ciudad, y acaso la fama que pudiese significar ello para un joven, era mayor.

No pude terminar ese año los estudios universitarios, comprendí que tenía límites, que mis miedos aún permanecían dentro de mí, y lo más importante, no quería perder los amigos que había ganado, siendo esa una de las razones del porqué dejé la facultad: llevarme un lindo recuerdo de lo que sería una de las etapas más lindas de mi vida.

Dos años después volví a la facultad, me rematriculé, y sin darme cuenta, otra vez estaba embarcado en otro proyecto literario. Tenía a mi cargo alrededor de 40 universitario de diferentes escuelas que representaban a los centros estudiantiles de su facultad. Había conseguido el apoyo de 8 decanatos y del Rector de la universidad: mi proyecto era sacar una revista multidisciplinaria en donde los alumnos universitarios participasen con artículos escritos por ellos mismos. 

La universidad tenía su propia radio como también su propio canal de televisión. Yo llegaba con el proyecto de la revista que sería repartida gratuitamente y financiada por el fondo de cultura de la universidad. Lo que no sabía era que no estaba preparado para enfrentar a 20,000 universitarios, quienes tenían muchas y diversas formas de pensar, y era bien difícil ponerlas de un solo lado para llegar a un acuerdo. Intereses políticos y actos dolosos como la corrupción, me hicieron comprender que mis buenas intenciones eran mínimas ante una realidad que se me abrió a los ojos y que por escrúpulos no decidí aceptar.

Una mañana, conversando con una de las mujeres a quien enamoraba, me preguntó: ¿qué quiere ser de aquí a unos 20 años? Mi respuesta fue convincente: no quiero ser Arquitecto, quiero ser Escritor. Y es cierto, a los escritores nos ocurre de todo. Que era lo que les decía a quienes estaban conmigo en el proyecto de la revista: "aquella mañana, mientras granizaba sintiendo un frío tan intenso, que me exigía mover mis dedos mientras usaba el pico y la pala, cuando estaba en el área de ingeniería de la mina,abriendo zanjas  a 4,100 metros de altura, me preguntaba, Mauricio, ya has trabajado casi de todo, desde vendedor de ropa en una tienda, de vigilante para fábricas, de operario de fábricas, de vendedor de libros, de locutor de radio cuando estabas en el colegio. Has leído bastante y te gusta escribir, ¿Por qué entonces no te entregas de lleno a lo que te gusta tanto y forma parte de tu vocación? Si la vida es una aliento fugaz, ¿por qué resistirse a conocerla desde tu propio espacio donde encuentres la realización?

Esa mística con la cual me expresaba hizo que mucha gente creyera en mí hasta que dejé el proyecto a un lado, y me refugié una vez más en mi soledad. Había defraudado a muchos amigos, pero no había defraudado mis principios: no podía ir contra lo que escribía. Eso galvanizó la moral de otros lectores: era un escritor consecuente, había religión en mis escritos.

Ya ahora, con más calma, y en retrospectiva, siento que no me arrepiento de no haber llevado adelante el proyecto de la revista. No fue quizá como me dijera una amiga que estudiaba psicología, que yo le tenía miedo al éxito. Creo más bien que no era ése el momento oportuno para darme a conocer como Escritor, que necesitaba un discurso cuyo aporte contribuyese a la mejora de la sociedad. Y yo no quería ser como los demás, como seguramente todos los jóvenes piensan, al menos los que van contra corriente, y no se venden por ser fieles a sus principios e ideales.

Abocado una vez más a la lectura de libros y a escribir diariamente, diagnosticado con esquizofrenia, fue que empecé a hacerme más conocido en la Escuela de Literatura, y sin saberlo, años después,en uno de los poetas que convirtiera su verbo, en uno de los más influyentes.

Les dejo el poema que salió en la revista que publiqué a mis 22 años y que se convirtió en mi himno como poeta, si acaso sigo creyendo en lo escrito, como si recién lo hubiese creado.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

El Impulso de mi Corazón

 

tu corazón es libre
ten el coraje de seguirlo

No preguntaré por las flores que se marchitaron en primavera
Ni por los ríos que se secaron antes de llegar al mar
No cantaré a los vacíos de corazón
Aquellos que con su conciencia niegan sus deseos

No rezaré por los que se consideran muertos
Mi oración va hacia aquellos que encuentran una razón
A los que con valor se equivocaron y no sucumbieron
A los que en algún entonces contemplaron la oscuridad y temblando decidieron seguir adelante por el deseo de su corazón.

No preguntaré por tu ayer pues en todos hay una historia por contar
y acaso cada quien halla sus propios argumentos para excusarla
y yo no quiero saber tanto de tu pasado.
Sin ti o sin mí algo pudo ser diferente.
Contigo o conmigo algo pudo cambiar,¡Algo puede cambiar!

No cantaré tampoco por tu mañana
la antorcha que ilumina tus días sólo podrá ser encendida desde tu interior
Cuando tu corazón desee
Cuando tu Corazón anhele.

No me preguntaré si existe Dios
ni tampoco perderé mi tiempo en juzgarlo
Abrazaré todo mi universo en mi poema
Y me uniré con los demás hombres 
Por la fuerza de mi Corazón
Y si antes vi flores marchitas
Y si antes vi ríos secarse
No me detendré
Seguiré libre entre desiertos y ciudades
pues seguiré siempre
El Impulso de mi Corazón.

 



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