El inevitable camino del mesianismo

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Las relaciones sociales acaso se ven afectadas por las de poder que van desde las propuestas en los ámbitos de desarrollo personal  y social, hasta las del sexo. Poseer a una mujer que complazca todos nuestros deseos desde los que el varón llega a tener la certeza que es amo y señor de la relación, se vincula con el inicio de perversiones y exploraciones de reconocimiento entre éste y su pareja. Contrariamente a como se pueda creer que es la técnica sexual lo que pueda provocar intensos orgasmos en la mujer, a la mujer solo le basta sentir cariño, afecto, admiración, ingredientes básicos para amar, antes del sexo.

El sometiendo y entrega acaso corresponda a lo que busque la mujer en un varón, desde donde las fantasías de ambos se liberan hasta conocerse plenamente y agotar la vivencia de lo que en su momento fue esplendoroso  e irrepetible. Roman Polanski en Luna de Hiel nos dá un ejemplo más ilustrativo sobre estas relaciones de poder y las perversiones en el sexo.

El poder como representación fálica, es decir, dominación del patriarca, despierta siempre seguidores como retractores.  Somos animales territoriales que constantemente estamos delineando el lugar desde donde estamos, para no ser invadidos por otros machos que pudiesen atentar contra el clan al cual se representa.

Estas características acaso son inherentes a la condición humana que va más allá de una simple formación o bagaje cultural con el cual haya sido formada una persona, desde los puntos de vista sociológicos, filosóficos, científicos,  y toda disciplina que intente resolver al ser humano.

Es completamente intrínseco dentro de la naturaleza del ser esta característica desde la que el poder se convierte en motivo de placer, seguridad y estilo de vida. Los machos perdedores acaso serán condenados a la soledad de las sabanas en el caso de los leones por ejemplo.

La historia del hombre se basa justamente en guerras cruentas desde las que, por ejemplo, partiendo de las novelas de caballería, propias de la cultura española, retratan cómo el caballero tenía que conquistar poder, gloria, celebridad y riquezas como territorios, que en desde sus hazañas, cumpliera con los rigores de quien debía aceptarlo como su esposo, la dama por quien el caballero recorría el mundo, con el fin de obtener su amor. Mejor dicho, todo poder lleva hacia el autoritarismo y por tanto al convencimiento que la razón la tiene quien ostenta el poder, exigiendo prerrogativas desde las que debe ser tratado como alguien superior.

De allí que generacionalmente los jóvenes al querer abrir su espacio propio, contradigan lo establecido y en franca rebeldía se opongan inclusive a la sensatez de quien desde oráculos viejos advierten de lo caro que se paga por los errores cometidos en la juventud.

Oponerse a lo que un orden intenta establecer por el bien de un sistema, no es en términos prácticos y redentores por ejemplo: drogarse en nombre de la libertad y cometer todo tipo de exceso sin límite desde los que se niega toda advertencia que concuerde con la cordura ante la desorganizada conducta de jóvenes que sin causa, se hacen rebeldes.

La razón quizá se base en el derecho a ejercer también el poder descubierto en un sistema donde los verdaderos oprimidos acaso sí se han de rebelar con causa ante la sociedad.

Acaso cada generación puede ser reconocida por el aporte dejado por sus integrantes, quienes desde la ciencia, artes o tecnologías, a la larga, en revisiones futuras, evidencien a través de sus paradigmas, qué sucedió con ellos, cómo fue su ilustración y formación, qué condicionantes tuvo el integrante de esa generación, y hasta qué punto su lucidez pudo marcar una diferencia que distinguiese a su generación  de las anteriores por el aporte evolutivo y acaso conquista sobre el conocimiento humano.

Más allá de los desórdenes en un sistema desde el que todo se abanderó por la libertad y terminó en el libertinaje que conlleva al vacío y derrota del ser humano ante su conciencia, desde la que su discernimiento le dice en secreto: podrás ser todo lo sinvergüenza que desees, pero nunca podrás borrar de tu mente todo lo que has vivido en tu contra.

No es una condena al libre derecho de experimentar y saber de los placeres que brinda el mundo, pero acaso los que ejercen el poder ya desde cúpulas mayores, dejan rastros que difícilmente no dejarán de ser reconocidos hacia caminos, desde donde, la persona se entregara al placer que le conlleve a perturbaciones y conflictos de identidad sexual, muy vinculadas a la condición humana y a su deformación.

El uso de las drogas por ejemplo y su vínculo con el sexo nos habla del éxito que tiene las deliberaciones de los que atrincheran su territorio, a cambio de sucedáneos que experimentados de tal forma, solo puedan conducir al hastío y la desolación o enfermedad. Éste es uno de los grandes problemas con los cuales lidian las universidades que como Álma Mater, no encuentra los mecanismos para proponer el control sobre el uso de sustancias que unidas al sexo, hacen en el delirio conocer el éxtasis y los puntos álgidos del placer. Lo cual no estaría mal si el daño no fuese irreparable. Dado el caso, ciertos rufianes, conocedores de la vileza de las drogas, se amparan en éstas para obtener favores de quienes se ganan su amistad, para entregarles el saber de la lujuria y lascivia total, gracias a las drogas.

Lo curioso es que el rasgarse las vestiduras ante los desconocidos hace que llegue a nuestro alcance, perfiles de personas de buen vivir con talento para las relaciones humanas y acaso, luchadores sociales o héroes que quieren un mundo mejor.

Este tipo de individuos solo se revelan ante quienes han de formar parte de su clan o acaso se les invite para disfrutar de la sodomía u otras opciones sexuales desde las que ellos iniciados, ejercen el poder gracias a la dependencia de las drogas y lo que éstas provocan junto con el sexo.

Los niveles de angustia y ansiedad provocados por la carencia de estas sustancias, conllevan a la degradación total del ser humano, a la pérdida total de su integridad y por tanto, a convertirse en un estropajo que hará cualquier cosa para calmar su deseo de consumo.

Es ese “maestro” que ejerciendo el poder, comprende como macho alfa o líder de su clan, tiene bajo su yugo desperdicios de personas que harán cualquier cosa ante lo que él les pida. Éste es el mesías de los perdidos.

El mesianismo dentro de los jóvenes responde acaso a lo que no se permitió vivir dentro de un territorio (llámese hogar) y que conoció la libertad (o libertinaje) en otros territorios, (el territorio del que ejerce el poder) para someterse a un nuevo esquema de vida desde el que sus experiencias son nuevas y acaso logró lo que anheló siempre: cruzar la línea de lo prohibido.

Debo ser más preciso con esto del mesianismo: en el salón de clases universitario, el catedrático con intenciones deliberadas que el estudiante desconoce dice: necesitamos un líder que salve al país, a una persona que sea capaz de desafiar al sistema y nos brinde un mejor mundo.

Dije que su disertación fue deliberada y acaso su exaltación manipulante. Éste catedrático es plenamente consciente que ese llamado en la conciencia de sus alumnos reacciona de la siguiente forma: ¿soy yo el elegido? ¿el llamado es para mí? ¿debo ser el líder que cambie a este mundo?

Los condicionamientos para que el mesianismo se dé en una sociedad donde el auténtico sentido de libertad es desconocido por casi todos, parte de manipulaciones perversas por parte de avisadas personas, quienes además de no afrontar la verdad, como en el caso de las drogas dentro de las universidades, delegan la responsabilidad del cambio a sus alumnos, quienes ignorantes de la realidad en la que están inmersos, salen del salón de clases llenos de ideas redentoras que les han seducido con la idea de ser un nuevo salvador.

Es la parte de la condición humana que quería abordar en este ensayo: no hay mesías sin maestro, y no hay persona sin sociedad, como tampoco no hay inteligencia sin cultura. Lo uno se relaciona con lo otro y este inevitable camino hacia el mesianismo o liderazgo acaso conlleva a una de las peores decepciones para el que cree: el sistema apesta, y el desengaño y descreimiento desde lo que ha aprendido lo convierte en un nihilista que solo obrará de igual forma como obraron con él.

El objetivo por parte de aquel que ejerciendo el poder somete a las personas a su  jurisdicción se ha cumplido. Hay en el mundo una persona destruida más, un mesías que jamás podrá atentar contra sus intereses.

Pero lo curioso de todo esto es que los mismos movimientos tolerantes de izquierda que se encarga de formar personas contestatarias, utilizan los mismos mecanismos para conseguir adeptos para su causa: las drogas y el sexo. Tertulias cómplices sobre Marx o Marcuse o visiones de protesta ante un sistema que coarta la libertad y oprime a sus integrantes negándoles el derecho a la igualdad, en una sociedad de consumo, acaso es solapadamente sobrellevada con el alcohol, inspirador de sus largas chácharas y por supuesto, las drogas.

De un lado como del otro, podemos observar que, los ejercicios de poder solo se sustentan así mismos en la medida que el desorden de un caos defendido por los anarquistas, aperturen la visión hacia una desobediencia que se contradice mientras no se llegue al poder.

Apreciaciones muy subjetivas como la de sentirse un elegido acaso deberían ser tratadas decimonónicamente o superadas en bien de un mejor orden establecido. Para nadie es ajeno el hecho de en algún momento haber pensado en sí uno es elegido para grandes misiones en este mundo. Estos mensajes subliminales nos llegan constantemente desde todas partes, y en una sociedad donde los medios de comunicación forman opiniones o brindan información que a sabiendas que pueda o no ser sesgada, sabemos que no podemos dejarlas de recibir para no aislarnos del mundo, el constante mensaje está allí.

El caso notable de los santos y su misticismo nos deja materia para otro ensayo desde donde desarrollemos el cómo el ser humano siempre ha sido víctima de manipulaciones mayores con el fin de controlarlo y adueñarse de aquello que algunos llaman: alma, y que a mi humilde entender es solo un pensamiento desarrollado que corresponde al bagaje cultural con el cual la persona fue formada, y es sin duda, la característica de su condición humana.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor.

 

 


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