El libro de María según Godard

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

En El amor en los tiempos del cólera, cuando el doctor Juvenal Urbino, dictaba sus clases a los estudiantes de medicina, García Márquez hace una sugerencia que es tocada con mucha delicadeza en toda conversación, y que es evitada por lo controversial y polémica. Afirma en su novela sin apartarnos que el autor es el que le da sentido al Realismo Mágico, como una forma de explicar la realidad de la América Latina de las tres últimas décadas del siglo XX, que su esposa, Fermina Daza, evitaba el sexo por llegar a menstruar hasta 3 veces por semana, todas las semanas. Conociendo el genio descabellado de García Márquez, podríamos pasar por alto esta parte de la novela y considerarla propia de un imaginario en donde todo estaba permitido o era posible.

Sin embargo, muchos años antes, Simone de Beauvoir,en su obra “El segundo sexo” escrita en 1949, en su primer tomo, hace una defensa bastante sospechosa sobre la menstruación, dicho sea claro, en términos científicos cuando la ciencia hasta hoy no tiene claro en qué parte del cerebro se origina por decirlo de alguna forma la orden para que ésta se dé.

Esta introducción viene al momento en que María, la protagonista de la película del director francés Jean Lug Godard, en el consultorio del doctor que la ausculta, ella le dice que está embarazada sin que ningún hombre la haya tocado. (A lo que es fiel en el film hasta el final Godard). El doctor, un veterano que exclama: ¡mujeres, qué sabemos de ustedes si acaso son todas un misterio! Corrobora el embarazo de María, quien meses después, daría a luz a un varón quien se llamaría también Jesús.

(Yo te  saludo María, 1980, Jean Lug Godard y Anne-Marie Mieville dirigen esta película siendo ambos pareja).

Hasta allí quedan mis comentarios sobre lo poco que sabemos de la mujer nosotros los hombres, si es que acaso  hay algo que las mujeres nos ocultan desde siempre, y por tanto, la historia del hombre y su pensamiento es errado e incompleto. Pero eso lo dejo a la conciencia y criterio de mis amigos y amigas lectores.

Que volviendo a Godard, quien en su momento formó parte de la Nouvelle vague (nueva ola) y se comprometiera con las causas maoístas luego del Mayo Francés de 1968, en el que se unió a la causa del movimiento estudiantil y obrero junto con los partidos de izquierda y los anarquistas y los 9 millones de franceses que dejaron sin Estado a la Francia de ese entonces gobernada por De Gaulle, acaso el mismo cineasta declarara años después que solo hacía películas revolucionarias para audiencias revolucionarias, nos deja sobre el tapete serias observaciones en su película Yo te saludo María, cómo se forma desde su visión y la de su pareja, el imaginario de una adolescente que cree estar embarazada por obra de una inspiración espiritual que condena a la carne, y lucha con el conflicto de ser María-mujer, la mujer del hombre, del otro, del que ha de hacerla suya, el que la posea y a quien pertenezca, (cosa curiosa puesto que esto nunca se da en la película, ya que el hombre con quien se casa y a quien convence que el hijo que espera es hijo del alma y no de otro hombre) refleja acaso la no aceptación del rol de mujer en una sociedad europea de finales del siglo XX de casi dos décadas después del Mayo Francés, donde se luchaba también por el sexo y las libertades de expresión en torno a éste.

Habría que revisar lo que dice la historia en torno a la Inmaculada Concepción : El historiador Francesco Guglieta, experto en la vida de Pío IX, señala que el tema del naturalismo, que despreciaba toda verdad sobrenatural, podría considerarse como la cuestión de fondo que impulsó al Papa a la proclamación del dogma: La afirmación de la Concepción Inmaculada de la Virgen ponía sólidas bases para afirmar y consolidar la certeza de la primacía de la Gracia y de la obra de la Providencia en la vida de los hombres. Guglieta señala que Pío IX, pese a su entusiasmo, acogió la idea de realizar una consulta con el episcopado mundial, que expresó su parecer positivo y llevó finalmente a la proclamación del dogma.

¿Qué quiere decir esto?

Conversando con un psiquiatra en una ocasión, me decía que tenía una paciente que decía haber sido embarazada por el Espíritu Santo y que esperaba un hijo. “No hallamos explicación coherente a esto”, me decía. ¿Acaso el mito sobre el que la mujer en la edad púber al masturbarse demasiado podría ocasionar un embarazo no deseado sea tan influyente en la conciencia de las que recién empiezan a conocer su cuerpo, que en el delirio crean que ellas mismas se han embarazado?

Lo que sí queda claro es el cómo desde el mundo de los adultos, quienes tiene la responsabilidad de hablar sobre la sexualidad, vida y salud en la pubertad y adolescencia, por razones incomprensibles evaden el tema a sus hijos, y dejan que sean los profesores quienes orienten a los jóvenes en pleno despertar sexual.

Las confusiones propias en torno al sexo en esta edad difícil, donde el cuerpo de los mozos y doncellas por no decir: vírgenes, cuentan con un grado alto de hormonas que les incitan a tener sexo, entra en la confusión y el conflicto con la condición humana con la formación moralista dada por quienes en su juventud experimentaron excesos, excesos que justamente ellos no desean que sus hijos vivan.

María desde la visión de Godard y su pareja Anne-Marie,(ya cuando él había superado su etapa maoísta) nos dan otra semblanza de lo que viene a ser el descubrimiento de la sexualidad en la mujer y las culpas que padece por lecturas religiosas y el tratar de encontrar un nexo coherente entre la inocencia y la vivencia, o lo que María diría en la película: el alma que lleva cuerpo y no el cuerpo que lleva un alma.

Estas confusiones que vienen del seno de la misma Europa de los 80’s, nos remiten a otro tipo de interrogantes desde las que podemos comprender que no podemos evitar, ya sea desde posturas ascéticas o fundamentalistas, que es el sexo, la representación de lo que somos como humanos, es decir, el estar orientados de manera definitiva a pensarlo, gozarlo en la vivencia y no complicarnos la conciencia con el querer saber si esas delicias son justamente el Amor, como también se interroga María junto a  quien sería su esposo, un varón célibe totalmente ignorante e inexperto para con estos saberes.

Hay una constante negación a sí misma y “un secreto” mencionado a Joseph (su novio virgen) que no es develado o compartido mas sí insinuado, generando suspicacias no satisfechas en la película sobre el posible padre del niño que ella lleva en su vientre.

Lo cierto es que la pregunta ronda en torno a  sí el sexo tiene vínculo con el amor y si todas esas sensaciones de las cuales no puede ser libre María, tienen un vínculo no con su cuerpo, sino con algo a su entender más elevado y sublime: su espíritu o alma, en sus propias palabras.

María, quien pasa de ser la mujer que da a luz a un niño que ante los ojos de todos, no es de Joseph, al final de la película enciende un cigarro desde su automóvil cuando es saludada por un extraño, (precisamente le dice: Yo te saludo María), mientras entra en la duda propia de quien se pasó toda su vida leyendo a Baudelaire o a Shakespeare por ejemplo, para pintarse los labios como símbolo triunfal del placer sobre la pureza de la niña que perdió María, la niña que fue ella, para pasar a ser ahora, La Señora.

Recuerdo hace algunos años, un encuentro inesperado, en el que conocí en una reunión de adultos a una jovencita de 21 años con quien después de entenderme, nos besábamos en plena calle mientras observábamos a las señoronas salir de la reunión, para subirse a un taxi, entre risas y una alegría que es propia de quienes disfrutan del sexo, que le dije a mi compañera de esa noche: “todas las mujeres están locas, la diferencia está en que ellas se han dado cuenta tardíamente”.

Acto seguido, la muchacha me dijo que ella era más loca que esas señoronas, y se sentó sobre mis piernas, rompiendo su camisa y bajándose su sostén, para mostrarme unos senos perfectos, deliciosos y plenamente hermosos que no me dejaron pensar en nada más que en poseerla.

Esta relación con el sexo, su comprensión por parte de la mujer antes de asumirse como ser humano sexuable, y disfrutar sin tabúes o complejos acaso tiene mucho que ver con las exigencias de las púberes vírgenes, quienes siguen la tradición de los rituales en los que solo los machos más dominantes del clan, pueden desvirgarla y hacerla mujer. Godard y Anne-Marie acaso quieren compartirnos la visión fusionada de ambos, sobre lo que viene a ser el sexo y la mujer, sus hallazgos y los conflictos que les genera, como la culpa y acaso la mancha del pecado, dentro de un mundo donde la conciencia desconocía del deseo y otro tipo de pensamientos perturbaban en menor escala a la protagonista, quien desde sus noches calenturientas y en soledad, intenta filosofar sobre la vida entre apremios de una carne que la domina, concluyendo que el universo está explicado en base al sexo, que todo en la vida tiene su origen en el deseo y que ella es el imán que invita a la procreación.

Habría que preguntarnos entonces si acaso el Mayo Francés del 68, que convocó a 9 millones de franceses, por reclamos laborales, por una crisis dentro el estado en donde no se garantizaba si habría trabajo para los movimientos estudiantiles, y en el que los obreros protestaban por querer tener más tiempo para vivir, acaso no fue relevante el reclamo de querer ejercer libremente el sexo sin prejuicios ni tabúes.

Generacionalmente hablando, Yo te saludo María es de más de una década después, y acaso seguía en la mentalidad europea los mismos mitos, que impiden e impidieron que al sexo lo veamos con esa naturalidad propia de quienes no guardan culpa, y a la Iglesia van a golpearse el pecho, por esas inmundicias que dicen los sacerdotes, solo nos conducen al infierno.

¿Seguimos entonces tras una nueva revolución sexual? No lo creo. Todo se remite a entender solo lo que conocemos, y el mundo es demasiado viejo para los experimentados que saben del placer, dicho sea claro: sin prejuicios ni culpas.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 


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