El mundo del poeta

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Entre las muchas charlas que he tenido en torno a la literatura y el cómo he defendido, a veces bien , otras pesimamente mal, y en ocasiones precisas, con mucho vigor, recuerdo mucho la que tuve con otro colega Escritor, quien pese a no haber sido publicado, escribía y reescribía la única novela que tenía y, guardaba con mucho celo sus poemas, que una vez me mostró, haciéndome pensar en la innumerable cantidad de poetas que había conocido, que todos secretamente escribíamos.

No era casual que donde hubiese estado,las persona que conocí me confesaran que también escribían, ¿desde cuándo? Quizá desde el colegio, o quizá desde el momento en que se dieron cuenta que tenían algo qué decir al mundo.

Lo cierto era que este colega, mientras sentados desde la Plaza de Yanahuara, a medida que fumábamos nuestros cigarros, me dijo algo que tiene mucho de razón, pese al hecho de haber superado en mi ciudad la cantidad de 2,000 ejemplares vendidos con mis 4 libros.

"Encima quieres que te paguen"

Nos reímos.

Tremenda sentencia nos causó una gracia que hasta ahora recuerdo. Hombre, puedes dedicarte enteramente a escribir. No tienes apuros económicos ni familia que sostener. Tienes todo el tiempo del mundo para leer e investigar que es algo que sé te apasiona. Y vienes con el rollo que quieres que te paguen por escribir.

En realidad esto es legítimo: aspirar a vivir de la literatura.

Pero viendo las cosas con calma, suena un poco tirado de los cabellos, pese a que cuando personalmente vendía mis libros otro tipo de experiencias gratificantes conocí, recorriendo todos los locales comerciales y oficinas, las señoritas, jóvenes y señores, compraban mis libros por interesarse en lo que yo escribía en ellos. La venta más rápida que tuve no duró ni un minuto. Es exacta la cantidad de tiempo: ni un  minuto. Salí una mañana muy temprano para vender mi última novela y decidí sentarme en una banca de la Plaza de Armas. Luego , ya descansado, pasé por el escaparate que daba a la calle de una librería, donde habían decenas de libros, y en donde un señor estaba repasando la lista de libros que estaban a la venta. Me acerqué y me presenté. Éste es mi último libro. El señor lo tomó y me dijo: es justo lo que estoy buscando. Era un hombre de buen  vestir, con cabello cano y las manos bien cuidadas. El título de la novela es: La brevedad en el tiempo. Puede usted ver en la contraportada mi biografía. No es necesario me dijo mientras repasaba la novela rápidamente. ¿Cuál es su precio? 

Esa fue la venta más rápida que hice.

Es que no solo escribía y decidía quedarme con mis escritos. Además quería como todo escritor, ser leído por otras personas para que supieran de mi mundo. Recuerdo la presentación de una de mis novelas en el Centro Cultural Peruano Norteamericano, el auditorio estaba repleto de personas, lo cual me motivo a dar un discurso más enérgico y entusiasta. Mi sueño de ser Escritor se hacía realidad. Mi primer editor se me acercó y me dijo: Mauricio, ¿recuerdas la primera vez que estuviste aquí? No habían más de 5 personas. ¡Ahora está repleto!

Esa noche se vendieron más de 50 ejemplares y la cola era larga para las dedicatorias. ¡No sabía que tenía tantos amigos y seguidores como seguidoras! Sin duda hay gente que cree en mí, de la misma forma en que yo creo en otros escritores o en otras personas que me inspiran a contribuir a que este mundo sea mejor.

Pero mi mundo, marcado por la constante de escribir diariamente, acaso es propio de los privilegiados. Un mundo construido en torno a mi creación literaria, desde el cual manejo mis tiempos u horarios, y puedo dedicarme de entero a mi producción. Acaso siempre estoy pensando en qué escribir, cómo hacerlo y qué mensaje optimista darle a mi amigo lector. Porque además de considerar que un buen texto te puede atrapar, sé del poder de la palabra al momento de ser leída y asimilada.

Siempre he dicho que todo escritor debe escribir con un alto grado de responsabilidad.

En mi caso, la ventaja es doble en torno a mis privilegios como Escritor: pude conocer la psicología del mejor de mis personajes, es decir : yo.

El que hubiese tenido esquizofrenia, no quiere decir que una parte de mi vida esté olvidada o que no recuerde los disparates que en su momento dije, o las descabelladas actitudes que asumí. Mi locura para ser más preciso fue rica en ideales y ensueños desde los que sin oír voces o alucinar cosas, quería a punta de convencimiento cambiar al mundo. Ya más adelante, en otros escritos, les escribiré sobre la consecuencia de mi literatura a la cual denominé: La literatura como Verbo Testimonial. 

Sabía que mediante la literatura podía influenciar en jóvenes que pasan o pasaron por lo mismo, que era legítimo pensar en que si me lograba salvar en el mundo, no iba a ser un acto egoísta y aislado: otros también se salvarían.

Sin darme cuenta, me convertía en la voz de aquellos que teniendo problemas emocionales o trastornos de la personalidad, podrían encontrar en mis escritos, certezas sobre algo muy temible y que se creía, era irretornable: la esquizofrenia.

Como me dijera una  amiga que siempre lee mis escritos y que estudia psicología: naciste con un don, el de escribir, desde niño ya te gustaba la literatura. Dios te puso en tu vida la esquizofrenia para que la esclarecieses y además, aportases algo distinto, como el dar una nueva visión a la enfermedad  que de alguna manera es algo ya optimista, ante el dolor y sufrimiento de muchas personas que se les hace más complicado enfrentar a la vida.

Es que en mi generación , la mayoría de escritores talentosos que había conocido, habían empezado a hacer literatura testimonial, como Alex, otro amigo lector, quien además de perseverar en sus lecturas, se enfrenta contra sus adversidades y cree con mucha convicción en que un día hará su obra maestra y podrá aportar desde su experiencia, la obra que interprete al amigo lector y le entregue otra óptica de lo que es el mundo.

Lo cierto es que ambos tienen algo de razón importante en común: con la literatura aprendimos a derrotar la soledad, y empezamos a llenar nuestro mundo con otro mundo, desde donde a veces mediante la ficción: vivimos lo que no pudimos vivir, o rescatamos lo que consideramos es trascendente y merece ser eternizado a través de la literatura.

A si que, recordando al colega escritor, que rehacía y volvía a escribir una y otra vez su novela, y que me dijera: ¡todavía quieres que te paguen! Me dejó pensando en el privilegio que pude alcanzar, al abocarme enteramente a escribir y hallar en ello, la razón de mi existencia, como otro colega Escritor, quien en uno de sus talleres que dictaba y al cual asistí una tarde de manera fortuita, aseveró de manera muy emotiva y con fervor: "Yo soy Escritor".

Para todos la vida no se nos presenta fácil. Todos tenemos problemas y todos queremos encontrar la fórmula mágica para salir de ellos. En los 90`s por ejemplo, los manuales de autoayuda abundaban con libros en los que decían que se podía cambiar la vida desde en 15 días o aplicando una reingeniería mental.

Supe desde entonces que no era la única persona que en secreto sentía que no era "normal". Que algo le pasaba a mi generación.Que necesitábamos escritores comprometidos que nos devolviesen la fe en base a testimonios desde donde se asegurase que todo problema podía ser enfrentado y superado.

La pregunta ya no era el Qué Hacer, sino el Cómo Hacer.

Escribir respondiendo a los amigos lectores es en realidad, desde mi opción literaria , la razón de mis escritos.

70 millones de personas con esquizofrenia que han pasado por lo mismo que yo y que seguramente también escriben, o pintan o hacen escultura o se dedican enteramente a la lectura nos dice el cómo el arte ayuda a salir de los trastornos de la personalidad, siempre apoyados por un tratamiento efectivo que reinserte al paciente a su entorno social.

Sé que es legítimo pretender vivir de la literatura. Pero en mi caso, ¿en qué habría cambiado mi vida ello? En nada. Mi mundo es más rico cuando escribo, y ello no tiene un precio comparable con ninguna suma de dinero: la libertad de poder elegir mi destino y ser Escritor.

Como lo dijera mi amiga que estudia psicología y que siempre me lee: tienes la suerte de haber padecido lo que necesitamos comprender y entender para ayudar a las demás personas con los mismos problemas que tú tuviste. Y es cierto, desde mi mundo, donde me desenvuelvo con un placer y satisfacción óptimo, nada me hace sentir tan lleno, como el despertar todas las mañanas, y sentarme frente al ordenador, para decirle a mi amigo lector, que me gusta lo que hago, es decir, escribir, y por nada del mundo cambiaría este oficio, así tenga que vender mis libros personalmente, uno por uno, porque es el destino que he elegido, el ser Escritor.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

 


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