Estoy triste, ¿cómo venceré mi tristeza hoy?

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 
 

He tenido un sueño muy confuso, donde he encontrado recuerdos insoportables, traiciones, reveses que la vida dá, ex compañeros del colegio que en su momento creí fueron mis amigos y que ahora no lo son, los días en que en soledad no tenía nadie con quién conversar, las largas caminatas donde el amor nunca estuvo, mis proyectos universitarios que incomodaron a los corruptos, todas las veces en que intenté culminar una carrera universitaria sin querer comprar exámenes a los profesores o acaso proponer mi propia visión en formación de la cosas ante una realidad que nunca me gustó. Y lo más importante, como una resaca que no perdona, los momentos difíciles que pasé con mi familia, cuando se creía que yo ya era un caso irrecuperable, que nunca más volvería a este mundo por decirlo de alguna forma, que mi locura no tendría solución. Todo se me ha mezclado esta mañana, pero como yo soy una persona madura y adulta, siendo por tanto un ser humano que se conoce, entiende y comprende, y que por cierto no me gusta estar triste, porque deseo empezar el día con el ánimo propio de los que saben que no puedo darme el lujo de deprimirme porque no me gusta sentirme así, he decidido confesar una de mis técnica para vencer a mi tristeza. Les comento que apenas despierto, (acá en Perú son exactamente las 7:42 a.m.) me pongo frente a mi ordenador, y escribo a manera de catarsis todo aquello que considero, podría ser útil al amiigo lector que me sigue diariamente. El ejercicio es continuo, y por lo tanto el hecho de que de pronto en un lapso de casi 30 días, hoy haya despertado triste era de esperarse, porque para ser preciso, debo recordarles que soy un ser humano, y por lo tanto, no me son ajenas todas las emociones. Ahora mismo estoy escuchando un tema de Jon Bon Jovi, para ser preciso: You give love a bad name. Es música de los 80´s. Esta constante por encontrar un punto de apoyo en los temas del heavy metal acaso en mí funciona. Por ejemplo, asocio mucho el golpe de la batería con los latidos del corazón. Esa fuerza desplegada en el baterista al momento de estremecer al tambor o el mismo golpe del bombo la siento como el mismo latir de mi corazón, que viene a ser otra forma de sentirse vivo. Pero eso es materia de un ensayo aparte en donde intentaré explicar porqué me gusta tanto el heavy metal. Lo cierto es que solo necesito poner en claro mis ideas, visualizar bien mi pasado y contraponerlo con la libertad que he ganado y que me permite ahora poder dedicarme a lo que más me gusta: escribir e investigar. Esos años difíciles en los que veía al futuro con temor e incertidumbre, preocupándome sobre el cómo podría vivir tranquilamente sin apremios económicos y acaso realizándome como persona, pasaron esta noche por mis sueños. Me preguntaba: “Mauricio, ¿a cuánto has tenido que renunciar y dejar en el camino, no? Y es que en realidad tiene sentido la pregunta. No lo podemos tener todo. Llegado el momento debemos aprender a renunciar a ciertas cosas si es que queremos alcanzar otras. En mi caso, tuve que discernir entre llevar una vida normal desde la que mi autonomía me permitiese lograr socialmente lo que se espera de todo ciudadano. ¿Pero eso no era ir contra mi naturaleza, mi esencia? ¿No es cierto acaso que siempre me hallé escribiendo o componiendo canciones? (Para los que aún no lo saben, tenía una banda de hard rock donde componía canciones y algunas veces cantaba). La vida es justamente eso: el tomar decisiones y saber renunciar. No lo puedes tener todo. Ayer por ejemplo, una amiga colombiana, que pasa por un trance difícil, y con quien converso eventualmente y sé, leerá este escrito, me preguntaba: Mauricio, ¿cómo lo lograste? Obviamente se refería al hecho de que pudiese vivir dedicándome a lo que me gusta que es escribir. (Ahora estoy escuchando a Whitesnake y Here i go again). El caso de esta amiga es que salió de su ciudad con afanes optimistas. A sus 22 años se dio cuenta que quería demostrarse así misma hasta donde podía llegar sola, sola contra el mundo, en una urbe más grande, desde donde ella creía, podría contra todo y seguiría su plan trazado: encontrar el camino que le condujese a concretar sus sueños. Ha pasado un mes de esto. Su experiencia a mi entender es valiosa. Ahora sabe que no es fácil conseguir trabajo, del esfuerzo de sus padres al momento de haberle dado todo lo que estuvo en la medida de sus posibilidades más allá del cariño y afecto dentro de un mundo difícil donde pocas personas logran encontrar ese espacio propio desde el que se alcanza el triunfo. Me hablaba de su orgullo y a la vez de su enfrentamiento desde su soledad ante una realidad en la que lo que prima es la economía. Me hablaba también del tiempo, de que ya no es tan joven y que en nuestra sociedad competitiva se estaba relegando, quedando atrás. No está mal saber de qué estamos hechos cuando nos enfrentamos a la adversidad, creo que es la mejor forma para saber hasta donde uno puede llegar solo. Pero lo que mi amiga no reparó fue el hecho que es necesario tener aliados para que en el camino, las probabilidades de éxito sean más viables. Y ella lo quiso hacer todo sola, seducida por Bogotá y sus encantos, por las supuestas ventajas que ofrece la capital y su modernidad. (Ahora estoy escuchando a Ozzy Osbourne y Shot in the dark). Me decía que sus padres la habían llamado. Que querían que ella volviese, que la apoyarían en sus estudios, que el hecho que se hubiese ido de forma rebelde de casa en nada cambiaba las cosas. Es que nunca es tarde para volver a empezar como también, el éxito no se alcanza de la noche a la mañana. Al conversar ayer con ella comprendí que se sentía más sola que nunca, que de alguna manera tenía razones para sentirse defraudada y con la autoestima baja: se había dado cuenta que sola contra el mundo no se puede lograr lo que uno quiere. Le pregunté si acaso tuvo algún plan A o B o Z ante lo que estaba viviendo. Me respondió que solo tenía a su corazón, es decir, sus deseos de demostrarse así misma que ella podía, valía y que antes de viajar a la capital, estaba plenamente convencida que todo le saldría bien. Es que esos personajes que a veces encontramos en las novelas, cuyo destino difícil fue afrontado y culminado con la gloria, para mí particularmente no dejan de ser ficciones propias narradores que de forma excepcional se abrieron camino acotando que el reconocimiento para ellos llegó tarde, siempre tarde, como en el caso de Bukowski, quien a sus 50 años recién pudo dedicarse a la literatura y vivir de ella, mientras que en sus escritos decía que en la Norteamérica de su generación, habían 12 millones de escritores que querían seguir el camino que él mismo llevaba. Acaso cuando se le enviaban cartas para que él les recomendase ante algún sello editorial, contestaba siempre: a mí me costó llegar hasta donde estoy solo, si quieren llegar a mi cima, que les cueste también. Este acto egoísta desde el que Charles Bukowski se niega ayudar a los demás, nos revela también cuán difícil es llegar a la cima, y cuánto también cuesta matenerla. (Ahora estoy escuchando a Reo Speedwagon y Keep the fire burning). Estas lecciones de vida acaso nos sirven para crecer como persona y ver con un optimismo sensato a la vida. Le dije a mi amiga que el orgullo es una manifestación interior muy fuerte, pero que el amor es más fuerte que el orgullo, en este caso, me refería al amor de sus padres. A sus 22 años ella ya sabía qué significa estar sola en una ciudad donde no tiene a nadie. ¿No es de verdad una mujer de armas tomar? Me gusta su valentía y temeridad. Pero lo que también me gusta es su sensatez. Ahora sabe que sola contra el mundo las posibilidades de trabajar y estudiar son menos. Que para enfrentar al mundo hay que estar preparado y no solo requerir de la sola voluntad. Volverás le dije, pero cuando tengas herramientas para conquistar la capital, y eso no será mañana mismo, podrá ser de aquí a unos años, cuando no sea solo el corazón quien te impulse a ir tras del mundo, sino también los estudios que se requieren para empezar a hacer esa escalada profesional desde donde quieres verte como a una ganadora. Porque los ganadores no se hicieron tales digamos a los 22 años, si es que comprendemos como ganador a quien por sus propios medios, ha entrado a los grandes círculos sociales y está en el poder. Todos los días, personas como mi amiga, libran estas batallas en las que, peleando contra el tiempo y la incertidumbre de temerle al futuro, hace que ansíen la autonomía y los méritos propios de los que triunfan en el mundo. Lo que ignoran estos jovencitos es que en el mundo de nosotros los adultos, que hemos aprendido a renunciar a muchas cosas, para aprender a ser selectivos y dar prioridad a lo fundamental, dejando de lado a muchas cosas, no por ser poco relevantes sino porque sabemos, no lo podemos tener todo. Los actos de desobediencia incubados quizá en la mayoría de adultos se deba a que las personas mayores recibimos órdenes siempre de alguien superior, y ante ello no podemos decir un no, que es propio de los adolescentes, quienes creen que el mundo está al alcance de lo que su deseo estime. Al despedirse mi amiga, mientras me hablaba de lo mal que sentía, me preguntó entonces, ¿y cómo lo lograste tú? Se refería al hecho que pudiese dedicarme enteramente a estudiar, investigar y a escribir con fervor y pasión. La respuesta fue clara: me pelee contra todo para llegar hasta donde estoy, pero mi ventaja fue que nunca estuve solo, siempre tuve mi familia a mi lado hasta cuando más solo me sentí en medio del mundo. Otras personas suelen apoyarse en su pareja o acaso en la invencible sonrisa de su primer hijo que le rompió el corazón cuando le sonrió y su primer palabra de tanto balbucear y noches en las que no se dormía nada para atender al bebé, dijo papá o mamá. Las motivaciones suelen ser siempre personales y acaso particulares. En mi caso, el escribir y reencontrar mi guerrero interior hace que limpie todo lo que no deseo llevar dentro de mí, porque no quiero como en el caso cuando conversaba con mi amiga colombiana, dejar certezas erróneas. Quiero decirle a mis amigos lectores, que a las personas no se les debe reconocer por sus triunfos en la vida, sino por el cómo enfrentaron sus momentos críticos y sus derrotas. Y creo que eso me dio el temple a lo largo de mis 40 años, para entender que tuve más derrotas que triunfos, pero acaso supe ver en mis derrotas el estímulo para decirle no al pesimismo y las negativas visiones de la vida. Como me enseñara alguna vez un viejo amigo: debes sacar el extravalor, que viene a ser, el esfuerzo que ya no hay dentro de ti, cuando vez que estás derrotado de manera innegable. Es allí cuando debes dar cara tu pelea, porque es justo ese el momento que tanto has esperado en tu vida, para saber qué hay dentro de ti, y debes aprovecharlo al máximo. La Madre Teresa de Calcuta dijo en términos generales que solo es necesario estar totalmente solo en el mundo un día, es decir, totalmente solo, sin una moneda en el bosillo, y sin nadie a quien acudir en esa angustia de sentirse entre millones de personas a las cuales no les importas, desde donde Dios escuchará tu verdad, para recién ser digno de ser llamado hijo de Dios, porque nunca fue la relación entre tú y el mundo, sino entre tú y Dios. Yo creo que tiene razón la Madre Teresa de Calcuta. No podemos salir casi siempre solos de las circunstancias adversas, y así suene a perogrullada: la unión hace la fuerza, a lo que acoto: y eso hace más fuerte al corazón. Y así como ven mis estimados lectores, mientras escucho ahora a Reo Speedwagon y su tema Roll whit the changes, he salido de mi tristeza, liberando todo aquello que pudo haberme sumido en un día que no quise perderlo vanamente encerrado en mis recuerdos del pasado. Como dijera Aristóteles: la experiencia es engañosa. Y tiene razón. En mi caso supe hallar en la literatura el método eficaz para reencontrarme conmigo y conocerme. Ahora ya tranquilo y relajado, te pregunto amigo lector: ¿ya has encontrado tu propia fórmula para dominar tus emociones? Porque hoy día podrías estar encontrándote con la oportunidad de tu vida, si es que en tu rostro está la sonrisa que te abra la puerta, hacia lo que esperas, porque, ¿un día triste es un día menos de vida en medio de un mundo en el que queremos todos ser felices, no? Venga, que ya no estoy triste, je je. ¡Me gusta mucho la vida! Y ante ello no hay nada que pueda hacerme creer lo contrario.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 


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