La búsqueda del pensamiento propio

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Aquellos días plácidos antes de que nos diésemos cuenta que Fujimori emplazaría la peor de la Dictaduras, bajo un régimen corrupto que dejaría, como precedente, un legado que alteraría la visión de una generación que consideraría que la corrupción era algo normal, me abocaba a leer libros en la Biblioteca, donde buscaba fichero tras fichero, algún autor que respondiese a mis inquietudes. Por ese entonces mi tratamiento ambulatorio me permitía de alguna forma, al menos, poder dedicarme sin bien no a los rigores de la universidad, sí sentirme augusto dentro de la mencionada Biblioteca, basta en textos sobre literatura, filosofía, historia, psicología entre otras disciplinas. Por el año de 1995 acaso me aventuré en el proyecto de mi propia revista llamada: La Verruga, cuyo lema era: préstala antes que se agote, ya que su número de edición era reducido y además de repartición gratuita. Nuestra resistencia era ante una realidad que parecía la premoción hecha realidad de Marcuse cuando hablaba del consumismo, ante el cual sin necesariamente ser subversivos o de izquierda, otorgábamos razón. A lo largo de los años esto lo veríamos siempre, solo que en mayor escala. Los gustos por la lectura y su selectividad al momento de seguir a algún autor, dentro del medio que conocí, no fue un hallazgo de Mario Vargas Llosa, quien en su último libro La civilización del espectáculo, denuncia esos gustos frívolos y consumistas, en torno a lo que es la moda, la preferencia por la buena comida, o acaso, desde los 90´s, el respeto a las bandas de rock que tenían más jale que un libro de García Márquez quien ya era nobel de literatura. La intención era clara, plantear una propuesta que definiera el pensamiento de una generación, para así de esa forma, entendernos y querer saber hacia dónde íbamos como peruanos. Mi asombro fue mayor, cuando en 1994, siendo estudiante de arquitectura, carrera generalmente seguida por jóvenes que vienen de familias pudientes, y se debe entender, deben tener una cultura y formación con aporte dentro del discurso diario, solo hallaba silencio en esas largas conversaciones desde las que comentaba por uno y otro autor, sin hallar una reacción de reconocimiento o acaso alguna postura cuestionadora. Lo que sí pude percatar con el pasar del tiempo fue la clara tendencia al cambio dentro de los estudiantes de mencionada escuela. Todos al parecer se adaptaban a un estilo similar. Los mismos gustos musicales o la manera de vestir los hacía reconocibles y acaso dejaban una sensación de estereotipamiento que hablaba de cómo puede ser una persona o un joven adolescente ser tan influenciado por el medio que le rodea. Años después lo entendería en American Psycho de Bret Easton Ellis y los yuppies, quienes siendo los representantes de las mejores universidades de USA, acaso delineaban la pauta de sus gustos a inicios de los 90´s cuando Pat Bateman, graduado de Harvard se abría una espacio diferencial entre los ganadores, aficionados al buen vestir y a los lujos propios de una clase social donde primaba el derroche económico y su ostentación, prefiriendo los buenos platos de comida en los mejores restaurantes o acaso la frivolidad propia de quienes ya han triunfado y desatan toda su vanidad en el mundo. (Esto a propósito de lo que escribiera MVLL sobre su último ensayo). Esa búsqueda de autores recomendada por colegas escritores a quienes siempre oía decir que si lo que uno quería hacer era poesía, debía primero leer a los poetas clásicos y así hasta llegar a los contemporáneos, siendo aplicado esto de igual forma para los narradores. (En mi generación no habían novelistas si debo ser preciso. Era muy ambicioso pensar que alguien pudiese hacer una novela por no decir que imposible). Recuerdo por ejemplo un local que quedaba en la calle Ugarte del cercado de la ciudad de Arequipa, justo frente al Centro Cultural Peruano Alemán. “El Mecenas” era una biblioteca que alquilaba libros donde uno podía encontrar rarezas como al detestable Celine (por su antisemitismo) hasta Dos Pasos. Allí conocí los libros de John Updike o Knut Hamsun referido por los recién de moda textos de Bukoswki donde encontré que, era su autor preferido. El altruismo de Fernando quien alquilaba libros era acaso notable siendo por ello el nombre de su razón social, ya que solo pedía dejar el documento de identidad y el pago de un sol diario por la lectura de su Biblioteca por cierto bien abastecida con autores que iban desde Carson McCullers hasta Sábato o Borges. Las delicias de las lecturas me hicieron conocer a Almudena Grandes, quien se iniciara en el medio literario como escritora por encargo, escribiendo para otros autores novelas que eran best sellers hasta llegar a tener sus propias obras, (hace poco ha publicado una más donde detalla su interpretación de la Dictadura de Franco, algo que está muy de moda en España dentro de la intelectualidad), entre ellas la que fuera llevada al cine: Las edades de Lulú. Acaso las lecturas de Umberto Eco empezaron a fascinarme ante la posibilidad de tener un pensamiento propio. Eso estaba en ciernes, y sin saberlo, cuando escribía sobre el pensamiento propio en la revista La Verruga, lo que estaba proponiendo era sin duda: la visión del Escritor y su propuesta. Dentro de las editoriales, en una de ellas, en mención a sobre el porqué el título de dicha revista, declaré que en esos entonces acaso la cultura light imperaba de manera romántica por cierto debo reconocer, en torno a patrones estéticos, sobre una belleza que idealizada no correspondía a la identidad de jóvenes en formación que encontraban el punto de apoyo de su identidad en las apariencias mas no en la esencia. Si lo esencial es invisible a los ojos, debe ser sin duda porque éste mora en nuestro interior y solo desde él podemos ver hacia fuera lo que es el universo, con la contemplación o actitud propia de los que agudizan sus ojos, escrutando el mundo para fines buenos en el mejor de los casos. Sin embargo no nacemos con un oráculo que nos tenga resuelta a la vida, o en el peor de los casos, no nacemos con la virtud de escuchar a esos oráculos cuando los conocemos. Los errores los cometemos igual, y vienen a ser o formar parte de nuestra experiencia. Pero acaso nuestra conducta puede ser inducida para que reaccionemos de tal forma que una generación pueda ser manejada en términos psicológicos con condicionamientos que les estimulen a creer que lo que hacen está bien. Cuando hallé los textos de B.F. Skinner comprendí que era posible en base a estímulos alentados condicionar a las personas bajo un entorno manipulador del cual si es que se opera desde ámbitos de poder e influencia social, se podía obtener lo deseado de dicha persona. La pregunta era entonces si acaso nos comportábamos en mi generación como se esperaba que nos comportásemos, si acaso los medios de comunicación nos bombardeaban con ideas que de alguna manera permeables a lo que es nuestra personalidad, cabría el término de enajenación dentro de las conductas juveniles. He recordado la serie El Ángel vengador, (serie peruana en torno al caso del malogrado muchacho De Romaña y a Manarelli, quienes vinculados con la mafia y el mundo de las drogas marcaron un antes y un después en las series televisivas peruanas) y lo asocio con “el Síndrome de Estocolmo” en la medida que la persona afectada, se identifica con quienes le hacen algún daño, cosa increíble pero muy común ante la vista de quienes infringen algún abuso a otras personas y notan que esas personas siempre vuelven a pesar de las manipulaciones y agresiones sean verbales o físicas si acaso se tratase de una relación de pareja. Lo sé, suena descabellado, pero se dá en la vida real. Pero escribía sobre esta serie en la que el personaje se hace una leyenda urbana en esos años 90´s y acaso en las tertulias con las jovencitas de ese entonces, ellas mismas declararan que les agradaban así los hombres, que los veían muy bellos o atractivos o prototipos de varones a seguir. La prueba estaba dada desde el momento en que toda la propaganda televisiva dada en torno al caso de “Caligula” (De Romaña) había logrado crear un personaje mediático que vendía. ¿Y por qué? Era le pregunta. Porque lo prohibido atrae tanto a varones como a mujeres en una sociedad donde forman a las personas con un “No hagas esto” que viene desde el hogar hasta la misma escuela, claro sea, con fines de formación esperados en bien de forjar ciudadanos de bien. Pero ante un No queda ese deseo acaso de ser un trasgresor como lo es el adolescente que se rebela ante sus padres para reafirmar su personalidad y así definir su espacio propio. Quizá sea por ello que en la universidad, las experiencias con el alcohol, las drogas y el sexo se conviertan en la bandera de la libertad de aquellos que empiezan a vivir, sin que necesariamente haga apología al alcohol o las drogas. Hace poco estaba escuchando los comentarios en el canal del estado a propósito del cómo en las universidades que siendo Álma Mater de miles de jóvenes, en vez de inculcarles valores morales, contribuían a su corrupción moral total tras todos los excesos vividos y consentidos por la cátedra. Y tiene razón desde el momento en que consentimos pagarle a un catedrático para aprobar un examen o acaso recibir beneficios tentadores si acaso uno se mete en política dentro de la misma universidad entre los que caben los excesos ya mencionados bajo recaudos a merced de servilismos que no sorprendan con caudillismo agitadores que vayan contra lo establecido. Debo remontarme al porqué de todo este mundo, acaso los libros supieron entregarme la posibilidad de seguir un sueño, ser un poeta, y volver al inicio de la narración, en la que en la misma Biblioteca de la cual les mencionaba, una tarde plácida y generosa de silencio, hizo que me encontrara con quien con los años se convertiría en el columnista del área de cultura de la ciudad y lograra entrevistar a la mayoría de poetas y escritores que pasasen por Arequipa. Hice lo habitual que hace todo poeta que solo desea ser leído, le mostré el último poema que había escrito. A este amigo lo conocí en literatura, y por medio de él fue como conocí a los poetas que estaban en su apogeo y que señalaban su consagración a través de lecturas y recitales desde donde, la literatura se brindaba como un mundo alterno o paralelo, para aquellos que entendían que se podía vivir los poemas de otros poetas e identificarse dependiendo del talento o videncia del autor. Es que en ese andar con mis poemas a inicios de los noventas ya se había convertido muy propio de mi personalidad y acaso como lo dijera este amigo a quien encontré aquella tarde en la Biblioteca, se referiría a la búsqueda de la visión propia de un poeta en ciernes que anhelaba su propio verbo desde su propia vivencia, como él mismo lo dijera al terminar de leer el poema: Mauricio, te estás alcanzando. Éste poema forma parte de mi ópera prima que tendría que haber esperado más de 10 años después para que mis amigos de la escuela de literatura decidieran publicarlo, como aquella tarde en que caminando siempre con mis poemas en la mano en un cuadernillo que yo mismo artesanalmente me había hecho, para dentro de los claustros de la escuela, se me acercase mi primer editor, quien me publicara también un año después Los cantos de la maldición, diciéndome: Mauricio, queremos que partas la poesía en dos acá en Arequipa, te vamos a publicar. Más allá de la trayectoria que había recorrido, con mi frontal rebeldía y mi franqueza en el discurso por querer dar un aporte que mejorase el orden establecido, El viejo libro del cuero de mamut fue publicado en el 2004, donde finalizaba con este poema, que siendo vivencial, acaso se identifica con mi biografía y toda la pelea que hice en el mundo por concretar mi sueño: ser un Escritor. Les dejo el poema.

CANTO EN LA MONTAÑA

Y luego

Alzó lo ojos

Con orgullo y complacencia

 

( como cuando alguien

Llega por fin a ese fin

Después de tanto

 

Y sonrió

No importándole a quien

A todos y a nadie

Le salió

Le nació

El brillo en los ojos

La sonrisa en los labios

Los brazos abiertos

Extendidos hasta el universo

 

Y miró al Cielo

(con el derecho

Que siempre se había negado

…y lanzó el grito de gloria.

 

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor.

 


 

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