La calidad de vida

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Hace pocos días tuve la oportunidad de recibir un diploma de reconocimiento en mi terruño, Mollendo, Puerto Bravo, donde además se me publicó en un libro donde se congregó a los poetas más representativos de la comunidad siendo acaso otra más de las satisfacciones que la literatura me entrega, partiendo de mi compromiso como Escritor y el cómo abocado a escribir, encuentro la mejor manera para expresar lo que muchos sienten, o me comentan, y que no lo hacen por motivos de tiempo u otras responsabilidades.

Al llegar al puerto o balneario, pude recordar aquellos días sombríos propios de la costa, en los que el clima además de haber estado agradable, me permitió reencontrarme con personas a quienes no veía desde hacía mucho tiempo y con quienes pude intercambiar recuerdos y preguntar por ex compañeros de promoción de quienes no sabía mucho.

Pero lo más bonito de todo fue al llegar a la Estación de la Cultura, donde se realiza este tipo de eventos, que es auspiciado por la Municipalidad Provincial de Islay y la Asociación de Poetas y Escritores de dicha provincia, entre otras entidades que se preocupan por difundir la cultura en la comunidad, fue el testimonio de quien preside dicha Asociación, con quien pude compartir puntos de vista relacionados con el destino elegido, que en mi caso es el de ser Escritor, y el cómo, contando con el privilegio de poder dedicarme enteramente a escribir y crear se había convertido en un estilo de vida que con el tiempo, en mi familia, fue abriendo su espacio propio, hasta convencerse mis familiares que, no concibo la vida sin la literatura, y que es a través de ésta el cómo le hallo sentido a la vida y cómo la interpreto, usando el verbo para expresar aquello que es motivo de mis inquietudes y propuestas.

Entre otras charlas, tuve la oportunidad de conversar con el profesor de artes que es Asesor de dicha Asociación, quien me comentó que su sueño de querer ser músico no fue entendido por sus padres, quien al verlo a sus 15 años tocar el violín con un talento poco usual en la comunidad, a pedido de él, estudió en el conservatorio de música de la capital del país, y acaso, interpretaba magistralmente música de cámara con la facilidad propia de los talentosos, aquellos inspirados en el universo que entrega esta musa y que sirve para el deleite de los espíritus sensibles, que han sabido cultivar ese don para con la música.

Es que su apostolado es de por sí admirable, comentándome siempre que dedica todo su tiempo a la enseñanza del piano, la guitarra y otros instrumentos que  domina y que por cierto le brindan momentos de placer siempre desde la labor de profesor, desde la que me decía, contaba con alumnos precoces que iban desde los 4 años, hasta personas de entrada edad, que a sus 80 años, perseveran en lo maravilloso del arte, y acaso, al querer dominar un instrumento, hacen de esta labor gratificante, un estilo de vida que contribuye a la comunidad con un aporte positivo y de ejemplo para quienes abocados a otros menesteres poco mencionables, ven con pesimismo a la vida sin darse cuenta que se trata de encontrar en la vida lo que realmente a uno le gusta hacer y dedicarse de lleno a ello, como razón de vida.

Es que el hecho de que por ejemplo uno pueda entregarse de lleno a aquello que además de brindarle reconocimientos públicos, genera éxitos no buscados que vienen a ser la consecuencia del perseverar en lo que uno estima, es con lo que quiere uno desenvolverse en el mundo y la vida, nos habla de ver otra forma la libertad y el don de la vida, a la cual la vemos de manera importante y trascendente cuando, hallados con gusto en lo que hacemos, disfrutamos cada momento o acto de creación, inspirado justamente en esa fuerza interior que nos mueve e impulsa a vivir haciendo arte, desde un discurso que esté inclinado hacia el desarrollo de la personalidad o los talentos, fortalezas con las cuales nacemos, y que por diversas razones dejamos de lado por obligaciones que van surgiendo y que de manera no prevista, apartaron a cada uno de nosotros de lo que en realidad era nuestra vocación.

Y sobre ello justamente hablaba con la presidenta de la asociación, quien emocionada me escuchaba y estimulaba a seguir escribiendo, cuando le hablaba del privilegio con el que cuento cuando me presento como Escritor, a sabiendas de todo lo que ello implica: tiempo y dedicación para la investigación y la creación literaria.

Que no hay nada más retribuyente que el hacer lo que a uno le nace, y con más razón  si acaso orienta un discurso optimista que intenta entregar visiones nuevas sobre realidades que se daban por perdidas y que otros dejaron en el camino.

Este privilegio del cual les hablo que es respaldado por mis familiares, quienes han posibilitado esta libertad de la cual les escribo, desde la que mi economía me permite sin apremios hacer un apostolado de la literatura, y por cierto, un testimonio de vida desde el que trato siempre de rescatar los verdaderos momentos, que siendo maravillosos, evidencian que tras la constancia y la obstinación con lo que uno quiere para con la vida, es el tiempo el que se encarga de llevarnos donde ese maestro interior que nos entregará los frutos de algo que se cultivó con frenesí desde siempre.

Es que los comentarios que recibo acaso me hablan de una juventud en la que sin saberlo, mis escritos influenciaban a amigos muy allegados que llegaban a pegar mis escritos en sus habitaciones, siguiendo de cerca el destino que me enfrentaba contra el mundo y al cual encaraba claro que con miedo, pero sin rehuir la batalla por decirlo de alguna forma.

Como me dijera un allegado con el cual tengo oportunidad de filosofar de vez en cuando, cada uno de nosotros inspira siempre algo. Unos pueden inspirarte paz, alegría, otros por el contrario te hacen sentir más fuerte o te instan a recorrer los caminos más difíciles.

Esa sensibilidad que es tocada por el otro o lo que llamo inspiración, todos la sentimos, siendo esto motivo de que nuestras amistades siempre tengan algo en común entre ellas y uno.

El saber elegir amigos por ejemplo es una cualidad que he ido cultivando con los años. No es que me haya equivocado muchas veces, pero pasa que a medida que voy conociendo a las personas, sean varones o mujeres, me voy percatando quienes muestran un discurso sincero y acaso hay algo de enseñanza en sus palabras y acciones.

El alejarme por ejemplo de las personas que padecen de la envidia o resentimientos, no lo hago por ser excluyente, puesto que manejo un discurso inclusivo y que aspira a que desde mi literatura se entienda el porqué es necesario que vivamos en tolerancia, armonía, libertad e igualdad. Pero es que creo que es cierto eso que dicen que uno elige a sus amigos porque sabe que de ellos puede aprender lo que uno no ha recorrido en su camino personal y saber que, esa persona, tiene un aporte interesante qué brindarle a uno y por lo tanto, el crecimiento grupal permita que se desarrolle habilidades o posibilidades de soluciones a circunstancias en las que solos no sabríamos qué hacer.

Es por ello que suelo rodearme de personas afables, honestas, honradas o con valores arraigados con los cuales he sido formado, con el fin de seguir cultivando estos principios con los cuales interpreto la realidad y desde los cuales me aperturo al mundo, con afanes de crecimiento personal.

Es por ello que el recordar a profesores como el mencionado de la asociación, se convierten para mí en motivo de reflexiones de quien siendo una persona proba, abnegada y dedicada enteramente a aquello que es motivo de su pasión, deja un claro ejemplo de vida que estimula a artistas como yo y la presidenta ya mencionada de la asociación, a seguir en este camino tan vasto, desde el cual el Escritor puede reescribir la historia y armar la suya propia, haciendo una labor constante de limpieza desde la que los pensamientos negativos son dejados de lado por citar un ejemplo, y se condiciona más la visión optimista de la vida.

Que si bien, pensamos todo el tiempo, creo que lo más saludable es elegir con qué llenar nuestras consciencias  para así poder disfrutar de una calidad de vida que conduzca hacia los parajes donde mora la realización y culminación de logros que incrementan la autoestima, y por tanto, hacen entender que este brevísimo tiempo en el que estamos en este mundo, debe tener un objetivo sino una lucha social o personal, desde donde se contribuya a mejorar el orden establecido y se fortalezca la fe en aquellas personas que no teniendo un amigo cercano que contando con una lucidez sana, pueda al menos desde un escrito, entender que pese a todo lo que pueda pasarle a una persona, la vida es hermosa, y es un acto egoísta sufrir en esta, cuando lo magnánimo de ella lo podemos encontrar en los más mínimos detalles que despiertan en el observador la inspiración necesaria para sonreírle al mundo y llenarse de ese vigor que requerimos todos para con las labores sociales, desde el trabajo o el hogar, donde la comunicación va precedida de cargas pesadas que se arrastran y que sin embargo con paciencia y buen humor, pueden ser quebradas estas vibras naturalmente normales en cada persona, por llevar a cuestas días duros que necesitan más que de palabras de aliento, gestos y hechos que ennoblezcan a la  vida y renueven la fe en lo que se hace.

La vida de por sí es un compromiso entre el mundo y uno, y esa decisión que permite a las personas estar felices desde circunstancias adversas y muy difíciles, nos habla claro del cómo el deseo de no quedarse en el sufrimiento, esboza un optimismo propio de verdaderos luchadores y luchadoras que no se rinden ante las experiencias duras de un mundo donde la soledad o los problemas diarios, intentan derrotar el buen ánimo, desvirtuando el mundo que nos rodea, que siendo perfecto, nos encuentra a veces en estados de crisis que nos hace sentir incomprendidos.

Sé que esto de madurar es todo un proceso desde el que se ha librado batallas y rituales de los cuales no necesariamente se ha ganado todos.

Queda el conocimiento o en todo caso el recuerdo de aquello que en su momento fortaleció nuestra certeza que la vida merece ser escrita, como lo hago ahora, y que por encima de todo lo malo que pueda habernos pasado, está este universo desde donde la pregunta más importante la esbozamos día a día: Dios, dónde estás.

Este genio perfecto acaso nos cría entregando vivencias con las cuales nos humanizamos y hacemos más maduros y prestos para entender los misterios de un Creador que en nada se ha equivocado y que es la fuente de mi inspiración y por tanto de mi credo que el mundo puede ser mejor.

Expresado de esta forma, considero en plena tolerancia que somos libres de llenar nuestra mente de los pensamientos que deseemos. Que los problemas con estos o sin estos siempre van a estar allí y, que una mente  creativa busca soluciones y no círculos viciosos desde donde la persona se estanca en una etapa o estadio de su vida, sin poder pasar al siguiente, donde otra es la visión que se tiene en torno a la existencia, y acaso la energía con la que se cuenta es de mayor intensidad, y como lo escribiera párrafos arriba, solo puede ser entendida por aquellas personas como el profesor de música o la directora de la asociación, entienden también que somos muy breves en el tiempo, que debemos saber aprovechar los privilegios que nos otorga la vida, ser selectivos en las amistades que sabrán cultivar dentro de nosotros actitudes nobles y de crecimiento personal, y por supuesto, que creo es lo más importante de este escrito: elegir qué pensamos, elegir con qué vamos a llenar nuestra consciencia, qué pensamientos serán los que entren en esa mente que debe ser inexpugnable, y por tanto propicia para ver desde ella a la vida, con la dosis de lucidez y felicidad, de los que estamos agradecidos con el mundo.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor.

 

 

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