La desestigmatización

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Durante un mes para ser preciso, recorrí las calles céntricas de la ciudad, tocando puerta por puerta, con el fin de conseguir auspiciadores para mi novela. En una caminar constante donde tenía que esperar a que llegase el dueño del local por no encontrarse, o avanzar unas cuantas cuadras más por estar en otro local, hicieron de esos días previos a la publicación de mi primera novela, Los derroteros de la soledad, toda una empresa inédita en la que como novelista, conocido en el medio intelectual por mis dos primeros opúsculos publicados por un grupo de amigos, que tenían su propio sello editorial llamado Grita Ediciones, que en el 2004 dieron a conocer mi ópera prima: El viejo libro del cuero de mamut, que contenía poemas de mi primera juventud, poemas escritos a mis 18 años y que tardaron cerca de 14 años en llegar al público lector, para luego, al año siguiente, ser publicado por el mismo sello con otro opúsculo titulado: Los cantos de la maldición, acaso me dejaban como precedente la fama de poeta, pero no de novelista.

Ese andar lleno de entusiasmo, presentándome a título personal como Escritor, para solicitar entrevistas con dueños de cafés, restaurantes, discotecas y hasta panificadoras, no lo sabía, significaron el credo sobre lo que había escrito y que evidenciaba que no era necesario contar con la cantidad estimada para poder uno mismo publicarse sus libros con su propio dinero, cosa que es muy común hasta en España.

Y la verdad es que iban desde diálogos en los que era auscultado por personajes solemnes que representan la clase alta de Arequipa, hasta jefas del área de marketing quienes atentamente me decían el porqué no podían auspiciarme ya que este tipo de presupuestos eran hechos a inicios de año, y yo estaba sobre la marcha en el mes de febrero, con las planchas de la novela ya en la imprenta, a la espera de conseguir el dinero que requería, para que se imprimiesen los 300 ejemplares de mi primera novela.

No me estaba aventurando en una empresa que desconocía. Años atrás, buscando siempre auspiciadores para publicar El viejo libro del cuero de mamut, envié oficios a bancos, empresas de seguros y hasta logré entrevistarme con los representantes del área de cultura de la Municipalidad de la ciudad quienes me dijeron lo mismo: el fondo de cultura con el que contamos ya está destinado para publicaciones a auspiciar durante el año que queda.

Acaso con esta novela, volví a insistir, encontrándome con quien es un poeta reconocido en la ciudad, siempre en el área de cultura de la Municipalidad, quien con una mirada escéptica y pesimista me dijera que ni para él había presupuesto para publicar sus poemas. Le pregunté entonces si acaso el Gobierno Regional podría auspiciarme, a lo que me comentó que él  mismo estaba hace 4 meses esperando la respuesta del área de cultura de la región  y aún no le respondían, si acaso iba a ser o no auspiciado.

Recuerdo vivamente el cómo entonces ese mismo día le dijera al poeta laureado: entonces si no puedes auspiciarme, concédeme un espacio para convocar a una conferencia de prensa dentro del Portal de la Municipalidad,  (que queda en el centro histórico de la ciudad, en la misma Plaza de Armas) para dar a conocer mi presentación, que dicho sea de paso, también estaba sobre la marcha, ya que un gran amigo había hecho la gestión de conseguirme el auditorio del Centro Cultural Peruano Norteamericano, que gustosos,  enterados de  mi empresa, decidieron apoyarme, cediéndome el auditorio donde escritores de prestigio habían dejado discursos memorables que acaso hacían más digno tal escenario.

El poeta se me quedó mirando y me dijo: bueno, te doy de plazo hasta fines de febrero, si para ese entonces ya tienes el libro, yo mismo me encargo de convocar a la prensa enviando oficios a todos los medios de comunicación  desde la radio, pasando por la prensa escrita hasta la misma televisión.

Al despedirme luego de un fuerte apretón de manos, tenía dos certezas: no tenía el capital para sacar el libro que se iba a imprimir, pero sí el auditorio y la sala para la conferencia de prensa en el Portal de la Municipalidad que era usado para eventos de la envergadura estimada como era el caso, de la difusión de una novela.

Enterado que el presidente de la región auspiciaba a escritores que hubieran estudiado en la Universidad Nacional de San Agustín, y siendo el presidente de dicha región, quien fuera el rector de la universidad mencionada a quien llegué a conocer y estuvo en  mi casa en cierta ocasión cuando le autografiara un ejemplar de  mi ópera prima que le entregaba de recuerdo, mis remembranzas iban hasta la época cuando tuve un proyecto ambicioso en el que quise sacar una revista multidisciplinaria que contó con el apoyo de 8 decanos, y por supuesto el clamor de muchos universitarios que querían publicar sus artículos vinculados con sus carreras en mencionada revista.

La advertencia sin embargo era clara: me tienen esperando 4 meses y no me dan respuesta aún. Esas eran textualmente las palabras del poeta reconocido que me había ofrecido a cambio del auspicio, el salón de conferencias para días antes de la presentación, la prensa divulgara la fecha en que daría a conocer desde el Centro Cultural mi novela a todo el público lector.

Y fue que me topé con la burocracia y los papeleos que demoraron solo dos semanas en contestarme con una negativa ante mi pedido de ser auspiciado por el Gobierno Regional, ante lo que volví a presentar otra carta dirigida al presidente de la región, puntualizando que si acaso en mi juventud fui revolucionario y cumplí mi compromiso como poeta en la sociedad (cosa que en su momento les narraré y que forma parte de mi biografía) era porque había seguido fielmente los dictados de la cátedra de la universidad de la cual él había sido Rector, y que por tanto, mi formación como Escritor tenía la influencia de quienes seguían su lineamiento o política de formación e ilustración. Lo que motivara que dos semanas después, cuando ya había logrado conseguir el auspicio total para sacar el libro de la imprenta sin que estén enterados los del gobierno regional, me llamaron a mi casa desde el departamento de cultura, para solicitarme una entrevista en relación con la novela que iba a presentar ya programada para fines de abril.

Agradecido ante la atención , el dinero que pensaban darme para la novela ya no lo necesitaba, porque hasta los bocaditos para la presentación los había conseguido de un prestigioso restaurante quienes después de una brevísima charla me dijeron que volviera dos días antes de mi presentación, solo para recordarles sobre éstos.

Recuerdo esa misma noche, en que estaba en los ajetreos con mis amigos, el mismo día que en el auditorio, daría un discurso con el fin de desestigmatizar la esquizofrenia, sentado desde el primer salón del restaurante auspiciador, un señor se me acercó y me pregunto si me estaban atendiendo, a lo que le respondí que sí, que la señorita encargada de administrar El Viñedo, me había pedido por favor que esperase unos minutos porque estaban preparando unos bocaditos que generosamente el dueño del local me iba a brindar como auspicio, a lo que este señor se me presentó y me dijera: usted es el Escritor, es un gusto, yo soy el dueño, descuide usted que en breve haré que un par de mis mozos le lleven al Centro Cultural los bocaditos. Recién había conocido al dueño. El trato lo había hecho con la administradora a inicios del mes de marzo. Le agradecí inmensamente su acto desprendido a favor de la cultura a lo que me dijo que no era necesaria tanta deferencia, que se había enterado por los medios de comunicación sobre mi novela (esto ya desde la conferencia de prensa dada en el Portal de la Municipalidad) y que para él era un gusto poder auspiciarme y que estaba bien lo que estaba haciendo.

Pasó que en términos de agradecimiento, le envié mis saludos al señor Guillén Benavidez, Presidente de la Región de Arequipa, diciéndole que ya contaba con el capital que requería para sacar como escribiera párrafos arriba, mi novela de la imprenta, y que con gusto aceptaría su apoyo económico para otras publicaciones.

Porque recuerdo a la señora Corrales-Nieves, nieta de una notable Escritora de la ciudad, a quien le envié oficios de solicitud para ser auspiciado, pasando por ser entrevistado por el administrador de Las Américas, Panificadoras, quien gentilmente me atendió en una conversación que duró cerca de media hora, donde hablamos sobre los poetas clásicos de la ciudad y acaso nuestras raíces arequipeñas, coincidiendo que Arequipa era sin duda cuna de poetas y revolucionarios, siendo así que al finalizar la entrevista, el señor administrador me dijera: venga usted mañana a las 11:30 a.m. que a esa hora encontrará a la dueña del local.

Y así fue, al día siguiente, puntualmente la señora apareció y me dijo: ¿usted es el Escritor? Yo pensaba en darle a conocer mi discurso, tratando de ver la manera en cómo hablarle sobre mi obra y la novela de la cual necesitaba su auspicio, ante lo que me interrumpió educadamente y me dijera: está bien, ¿cuánto necesita?

Esas semanas de esfuerzo denodado, en los que a título personal, presentándome como Escritor, en el centro histórico de la ciudad, donde las mejores familias de la ciudad en su momento vivieron y acaso ahora es patrimonio mundial de la humanidad, me fue conocido en base a un  vigor y anhelo de ver mi obra ya impresa, sobre una marcha desde la que tenía todo, menos el capital para sacar el libro de la imprenta.

Acaso fue mayor la alegría de mis padres, al verme desde el Portal de la Municipalidad, dando mi conferencia de prensa, desde la que decenas de periodistas me sacaban en vivo para la radio, u otros me grababan para la televisión como también me tomaban fotos para los diarios.

No contento con ello, hice todo un recorrido al día siguiente para que en todos los diarios, prensa radial y televisiva, me brindaran un espacio para dar a conocer un discurso que paradójicamente estaba vinculado con la esquizofrenia y su desestigmatización.

Que acaso esto fuera visto como una buena iniciativa contó, para recibir el apoyo de quienes vieron en mi esfuerzo el deseo de hacer realidad un sueño: no quedarme de brazos cruzados para esperar que alguien me publicase, sino más bien, ser yo mismo el gestor de quien sin contar más que con un nombre y apellidos propios de la ciudad, y todo el empeño, obtuvo lo que para muchos podría ser considerado imposible, considerando que la desestigmatización era personal, siendo mi novela testimonial, y acaso de lenguaje claro y simple, sin ser no menos profunda por abordar un tópico que para muchos es temible: la esquizofrenia.

Siendo así que al llegar el día, luego de haber hecho la mayor publicidad posible luego de haber sido entrevistado una y otra vez por los periodistas cuando iba ya con mi libro en mano, pidiendo una nota de prensa o un espacio para ser entrevistado en vivo sea en la radio o los canales de televisión locales, llegado el día de la presentación, me encontré con la sorpresa que los presentes creían que yo era psicólogo y que había hecho un serio estudio sobre la esquizofrenia y, por tanto, tenía que dar un aporte importante a la sociedad, cosa que antes de subir al estrado negué y dije bien claro: el que tiene esquizofrenia soy yo.

Y es que acaso, las noches previas a que se hicieran las planchas de mi novela, arduas en la labor de corregir errores que podrían desmedrar el discurso literario dentro de los machotes a imprimir, evitando las erratas y leyendo una y otra vez una novela que empecé a sabérmela de memoria, dejaron que esas noches de entrega placentera se fueran sumando una tras de otra, hasta el día de la presentación en el auditorio del Centro Cultural, cuando ya frente a un auditorio lleno, no cabía de más dicha y felicidad, porque ante mí me había demostrado, que los sueños, se hacen realidad.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

 

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