La experiencia del Yo y la esquizofrenia

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

En un mundo donde todos llevamos un perfil anónimo y no trascendente, nuestra insignificancia nos enfrenta ante el dilema de no saber quiénes somos, y cuál es nuestro destino.

El propósito en la existencia para cada persona, es tan difícil de hallar, que el ser humano, al vivir sin una razón de ser, encuentra el vacío de la existencia y el absurdo de no saber para qué vivimos.

No todos tiene la suerte de tener el genio de Dalí, o la lucidez de Kant, o el talento de Michael Jackson. Llegado el momento comprendemos que somos simples seres humanos, que daríamos cualquier cosa, por no serlo.

El pensamiento oriental se dio cuenta de ello hace miles de años: no todos los hombres están llamados a trascender. Hesse hablaba que podemos hallar gusto a la vida en los placeres sencillos. Osho nos invita hacia la aceptación personal y la negación del Ego, como generador de todos los males. Hay toda una estructura de pensamiento planteado por Freud en torno al Yo.

Pero es que este conocimiento del Yo viene desde tiempos inmemoriables, desde que el hombre tomó conciencia de sí mismo y supo de su soledad en el universo, y el reclamo a un Dios que le explique el porqué uno tiene vida, y si acaso no somos simples animales.

Es sobretodo en los adolescentes donde se va formando este Yo del cual escribiré, que ambiciona no una vida común sino una llena de gloria, fama y grandes éxitos. Al menos ésa es la mentalidad de los que no quieren vivir en vano. Otros escritores nos hablan de la necesidad de ir tras la leyenda personal y de encontrar nuestra propia verdad en medio de este mundo. Más aún, en El Corán está escrito que: todos los hombres venimos a este mundo con una misión. Y en el Torá está escrito que aquel hombre que ha salvado una vida, ha salvado al mundo.

Literatura trascendente como filósofos que han experimentado la libertad y el verdadero sentido de la existencia humana, acaso nos revelan que hay un mejor mundo dentro de este mundo, que está allí ante nuestros ojos que no lo ven, y que es un deber encontrarlo ante un despertar divino, como el que alude Buda.

Quizá todos seamos llamados tras estos buenos propósitos, para saber qué es la vida y porqué el mundo nos necesita a todos para que éste sea un mejor lugar en donde vivir.

Sin embargo, como escribiera líneas arriba, no todos nacemos con dones excepcionales. El 99% de la población  lleva una vida "rutinaria" desde la que a la vida se le ve con desinterés o indiferencia. ¿La razón?: no somos tan especiales.

Y es entonces cuando comenzamos a seguir a otras personas que despiertan nuestra admiración, o representan la lucha o voz de quienes sumergidos en los estudios o el trabajo o los quehaceres familiares, nos sentimos identificados con alguien que responde a lo que somos.

Quizá deba hacer una acotación importante en torno a la rutina: el hecho que nuestra vida sea reiterativa, y desde la que, las emociones fuertes o excitantes, estén carentes, no significa que hallamos llegado al final del conocimiento y no tengamos nada más qué aprender. Cumplido el ciclo de vida para las personas compettivas, es decir, el haber estudiado, el que trabajen y tengan hijos y los eduquen, mantiene la mente orientada hacia otros objetivos y metas desde la pareja,( al menos esto es lo ideal), pero la vida no se resume a lo anteriormente escrito. Siempre el nuevo día nos trae algo nuevo a lo que hay que enfrentar, mientras que la vida se pasa, hasta que se llega a la senectud, y bien o mal, las personas que se realizan, retornan a esos años en que se filosofaba sobre la vida, y vuelven los cuestionamientos, y el recogimiento hacia la busqueda de Dios.

Otro es el caso de las personas solitarias, quienes abocadas solo al trabajo o desesperadas por la soledad, luchan día a día contra el tiempo, en medio de una carrera en la que solo vemos la meta con objetivo, sin reparar que la vida no está en ese objetivo, sino en el trayecto que conduce a la meta.

Si todos tuvieramos esa capacidad para afrontar la existencia, y el suficiente soporte emocional, como para poder disfrutar de lo que el mundo nos dá, creo que la palabra rutina no existiría, y otra sería la visión del mundo que tendríamos, sin importarnos cuán anónimos o simples hombres fuésemos.

Pero no es tan simple.

Desde que empezamos a trazarnos metas, el adolescente se tiene que enfrentar a todo aquello que casi ritualmente, lo tendrá que graduar de adulto en este mundo. Y uno de los requisitos para ser adulto es ambicionar se alguien trascendente, es decir, no ser un mediocre o uno más del montón.

Las diferencias entre una y otra aspiración para con la vida, parten de la formación que se haya tenido en el hogar, y el cómo se le haya alentado al niño desde pequeño en los centros de formación y por parte de sus familiares, para que pueda ser una persona feliz, abocada a lo que es su vocación. 

Pero el mundo está lleno de miles de millones de personas, y solo unos cuantos contados con los dedos de la mano, llegan a conocer la gloria y la pleitesía de los seres humanos. En cierta forma esto puede servir de inspiración para aquellos que han comprendido que somos breves en el tiempo, y que no queremos hacer de esta brevedad un despilfarro o desperdicio de vida.

Pero, ¿en qué medida es también perjudicial el querer ser el mejor?

Si , leyó bien: querer ser el mejor puede ser perjudicial.

Particularmente considero que los griegos tenían razón cuando hablaban del conócete a tí mismo, y de cuando otros autores han insistido en la aceptación personal, sin que llegue a afectar la opinión de aquellos que forman parte de nuestra conciencia social, (es decir, aquellos que están en nuestro imaginario, y solo para nosotros representan al conjunto de la sociedad sin que necesariamente sea toda la sociedad).

Las frustraciones empiezan a aparecer cuando de pronto miramos en el avanzar de la vida, y cómo unos han desplegado esa carrera con más éxito que otros o uno, quedando una sensación a fracaso y disminución o afectación en el amor propio.

No todos podemos lograr grandes objetivos en la vida ni todos podemos soportar la carga de ser por ejemplo: grandes jueces o reputados médicos o gerentes de empresas importantes. Las comparaciones pueden generar dolor y reitero: frustración.

Creo que un óptimo nivel de vida no se mide por la cantidad de dinero que uno tiene, o el éxito que en sociedad se haya ganado. Creo que ese óptimo nivel de vida descanza sobre sentimientos cultivados que conducen a la paz, la armonía, la tolerancia y la aceptación no solo de uno, sino, de los demás.

Sin embargo, cuando no logramos comprender esto, y cuando el adolescente empieza a tener su primeras experiencias negativas y fracasos sociales, es cuando el estrés empieza a manifestarse, como la pérdida de la tranquilidad emocional.

Los verdaderos guerreros ante la vida, si bien es cierto, nunca se rinden ante ésta.y se entregan de manera placentera a los obstáculos que nos dá ésta, quizá sean el modelo óptimo a seguir. Pero, ¿no suena esto más a literatura que a realidad? La vida nos exige estar entrenados y bien preparados para afrontarla, sin tener tiempo para darse un descanso, o una tregua. Llegado el momento, todo se vuelve lucha y no hay tiempo para meditar o filosofar sobre aspectos tan notables y maravillosos que dejamos pasar, por estar atrapados en una carrera tan veloz, que prácticamente nos roba la existencia, sin dejarnos disfrutar plenamente de ella.

Los índices de suicidios o crímenes ejecutados, en los países desarrollados, son elevados, y sea quizá la razón principal: la competitivad. El hecho de no aceptar que unos escalen de manera vertiginosa en sociedad mientras que otros se queden en el camino, con miserias que generan depresiones, ha creado todo un conflicto para el ser humano moderno. 

Por ello, un adolescente que viene de un hogar que en el que las condiciones económicas son apremiantes, o las exigencias para la vida son mayores, por contar con padres sumamente estresados y violentos, acaso provoquen los primeros miedos a la vida.

¿Y el quién soy Yo?

¿Dónde entonces nos ubicamos como personas en este mundo que otorga los laureles solo a los más grandes?

Ese anonimato o insignificancia del cual les escribí al principio, logra afectar considerablemente a la psiquis de los jóvenes que aún no han encontrado su espacio propio,o que lo que aspiraron como personas dentro del sistema, no se concretó.

El estrés, los trabajos bajo presión, la competitividad, y el rezagamiento social, hace que en algunas personas, esto genere estados de crisis en los que el desvaloramiento personal, al momento de compararse con los demás, junto con el desmedramiento de la autoestima, conduzcan a confusiones mayores, desde donde se pierde la identidad, y se adentra en los mundos oscuros de la esquizofrenia.

Creo entonces hacer ya oportuno la explicación del porqué hay relación entre La Experiencia del Yo, y la esquizofrenia.

Sentirse importante o ser alguien en la vida, es una condición de la juventud que vamos dejando en el avanzar de la vida.

Pero aquellas personas que no lograron sus objetivos y que en el peor de los casos, nunca llegaron a ser alguien en este mundo, desde sus batallas personales, entran en uno de las confusiones más incomprensibles para la humanidad: la alienación.

Se pierde la identidad por saber que uno es nadie en un mundo donde se quizo ser alguien. Poco a poco, las personalidades fuertes van llenando la conciencia de aquelllas víctimas de logros, hazañas y discursos que se quizo tener. El ser va cediendo su personalidad a otro ser. El Yo original sufre los cambios que van desde el Verbo hasta la personalidad, porque no solo sigue a alguien, sino que quiere ser como ese alguien.

Ante el fracaso social, llegado el momento ya no se quiere ser ese alguien, (por ejemplo: El Che Guevara),sino que se  es ese alguien.

El Yo en ese estado de confusión lo que en realidad está diciéndonos es que el deseo de trascendencia es tan intrínseco en la naturaleza del ser humano, que se niega a ser un anónimo más dentro de las estadísticas de la sociedad, que él existe.

Como vemos, el mundo no está resuelto a pesar que se ha investigado y estudiado y propuesto muchas alternativas

 

para el desarrollo normal del ser humano.

Tratar de entregar de manera abnegada, aportes que contribuyan a la mejora del orden establecido, fomentando otras formas de paradigmas o ejemplos a seguir, desde los cuales, sepamos reorientar o focalizar el deseo de trascendencia en el ser humano, nos plantea nuevos retos para sociedades como las nuestras, en las que estamos constantemente comparándonos unos con otros, ocasionándonos daño, sufrimiento.

Quizá la vida no sea solo éxito. Quizá los Yoguis tengan razón y la contemplación sea uno de los requisitos para ver en la naturaleza lo que en el mundo moderno no hallamos.

Quizá la alienación responda al fracaso del ser humano en sociedad, por no haber podido ser alguien importante y por ello renunció a su Yo para ser otro Yo, que sí trascendió, y fue importante.

A pesar de todos los estudios hechos sobre el Yo, queda uno pendiente que no ha sido resuelto: qué somos, de dónde venimos, y adónde vamos.

Yo particularmente tengo ganas de aventurarme más en este mundo y saber de él, sin deseos de creerme menos que nadie ni mejor que nadie. Solo quiero encontrar compañeros y compañeras en este largo camino, y ser feliz, que creo, eso sí es trascedente, e importante.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

 

 

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