La identidad como cuestión

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

¿Y tú qué has hecho?

Partiendo de esta pregunta, que para los escritores o filósofos comprometidos lo significa todo, orientada siempre hacia el qué has aportado como ser humano a la sociedad, el sentirse desamparado por no contar con una biografía a través de la cual esté de por medio alguna lucha noble donde haya estado en juego la vida, por defender causas que otros las daban por perdidas, puede ser motivo de mortificación ante los chachareros cuyo verbo solo está lleno de  lecturas sin ningún precedente que evidencie la respuesta al ¿Y tú qué has hecho?

Escribiendo en términos de compromiso con el mundo, lo primero que sale a la palestra es si acaso uno tranzó o no con la corrupción, se enfrentó ante el poder en determinado momento o su literatura o filosofía se sostenga a partir de acontecimientos aunados a la lucha diaria de un mundo que lo que requiere es luchadores.

Lo peor sería para un poeta en estos casos decir que su compromiso es con la literatura teniendo como referente a un García Lorca fusilado por sus ideas sin que el que escriba necesariamente sea comunista, o a un Jean Paul Sartre contando los segundos para ser llevado al paredón del cual se libra, para escribir su notable relato El muro. O el caso de Hemingway y su participación en la Guerra Civil Española o luego como integrante del cuerpo de la Cruz Roja en plena guerra mundial.

¿Y tú qué has hecho?

Con los ejemplos precedentes, cualquier poeta quedaría sin discurso o acaso sería tomado no tan en serio para la historia. Es que el poder del verbo no se resume solo a ideas, hay un fuego visceral que mueve los músculos de la historia cuando el compromiso llama. No se trata de hacer solo poemitas o novelitas que nadie leerá o que su contribución a la evolución del pensamiento humano sea pobre, o como se dice, no revele nada nuevo de utilidad para el ciudadano de a pie que va entre ganarse el pan de cada día, los estudios o el cuidado de los niños por ejemplo.

Es que este descreimiento producto del conocer a los que se llenan la boca con tesis marxistas o propias de quienes creen que al poder se llega solo por la fuerza se desvanece, cuando los representantes o abanderados en su intimidad de escritores, abusan de la marihuana u ácidos que les conlleva hacia experiencias alucinógenas donde su compromiso con una mejor sociedad, planteada desde el comunismo, hace descreer de lo que podría suponer es la sociedad que ellos quieren.

El cómo por ejemplo la generación de Marcuse quien se jactaba de ser el portavoz de las 3M, es decir: Marx, Mao y Marcuse, quien con toda su influencia inspira al movimiento hippie de los 60´s como representantes de una identidad de pensamiento que en unión, pedían amor y paz, se desvirtúa cuando terminaron por convertirse en “mascadores de flores”, es decir, adictos a hierbas y demás drogas como la heroína o LSD, echando al piso todo el discurso por parte de aquellos que se opusieron por ejemplo a la invasión de Vietnam y que por nobles ideales, terminaron por enfrentarse a la Casa Blanca, para decirle no a la guerra.

El hecho que esta generación sucumbiese a las lacras con las cuales lucha duramente la sociedad para no ver a sus juventudes perdidas, destruyó todo intento de querer en su salvar al mundo, hundirse ellos mismos y dejar bien en claro que la rebeldía en la juventud solo sabe de excesos como los mencionados, si es que nos remontamos al presente y hallamos en maestros de la palabra, máscaras que impiden ver el cómo poetas de trayectoria reconocida, abusan de sus adicciones mientras que frente al público otro es el discurso que se dá, o se oculta.

¿Para qué se escribe entonces? Alguien me dijo que era para entretener. Alguien por allí como Mario Vargas Llosa dijo que es por la Libertad, explayando su discurso en términos democráticos bajo premisas como la despenalización del aborto, la legalización de la venta de drogas y su consumo y el matrimonio gay. Alguien también escribió: si no te gustan las drogas, no te drogues, sino te gustan los gays, no te metas con ellos, sino estás de acuerdo con el aborto, no tengas sexo sin protección. Otro escritorastro me dijo que su compromiso era ante sí mismo y a partir de su literatura ejercer el arte como manifestación de su vivencia.

¿Queremos escritores que nos cuenten su vida, o necesitamos escritores como Milan Kundera por ejemplo, quien integrante de La Primavera de Praga, desde La insoportable levedad del ser, denuncia el cómo los controlaban los soviéticos, convirtiéndose en la voz de los que estaban en contra de la imposición del comunismo como modelo económico dentro de Checoeslovaquia, (cuando aún estaba unida). Creo que él sí podría contestar la fútil pregunta en la que nunca reparó por estar más atento a lo que ocurría en su país de origen antes de nacionalizarse francés, el ¿Y tú qué has hecho?

¿Qué modelo social proponen los nuevos escritores de esta generación? Tomar la tercera vía, es decir, juntar el capitalismo con el comunismo y en  base a esta simbiosis plantear la solución del modelo de convivencia social. Lo dudo, un obrero chino que trabaja con sobre tiempos mensualmente gana entre 500 a 800 dólares en se supone la economía que cuenta con 3 millones de personas que son millonarias. Se da el caso que conversando con una estudiante francesa que estaba de paso por la ciudad donde radico, me expresara su preocupación por lo que está pasando en la comunidad europea donde a los jóvenes se les reitera una y otra vez que estudien una carrera profesional en la universidad, a sabiendas que el futuro en Europa no les brinda certezas de una calidad de vida propia de quienes ejercen su profesión: “para que me sirve un título profesional si voy a terminar como mesera en un bar, y con un salario menor al establecido. No solo no ejercería mi profesión, sin que competiría (cómo es de increíble esto a escribir) con alguien no calificado que estaría presto a ganar menos que yo, siendo una profesional, con tal de tener el trabajo.”  Acaso mi observación fue más allá cuando acoté siempre en la charla que tuvimos que la economía  social de libre mercado fue una fiebre que hizo soñar al Viejo Mundo con una bonanza que ahora ha dejado por poner ejemplos puntuales a España en el tercer mundo o a Holanda en recesión. Y es que leyendo el diario El País de España, repasando los comentarios de los indignados las cifras eran abrumadoras en torno a las denuncias: 8 millones de alemanes viven con 400 euros al mes, si es que consideramos que en la España la generación de mil euristas  ya no sabe cómo ingeniárselas para vivir entre promesa y promesas de Mariano Rajoy quien se presentó a las elecciones como el representante del pueblo, y terminó siendo el defensor de aquellos oligarcas que son beneficiados al momento del pago de impuestos, sin que su riqueza se afecte con la crisis europea, si consideramos que de cada 4 españoles solo 1 tiene trabajo y acaso, los únicos que pueden protestar son los estudiantes universitarios porque el que trabaja, en términos de la francesa con quien conversaba, no recibía los beneficios de su salario por haber dejado el trabajo, digamos en un mes de huelga. “¿Y de dónde voy a sacar dinero para vivir en un mes? Mejor me conformo como todos y no participo de la huelga. Que sean los más jóvenes, los universitarios, los que asuman el compromiso.”

Retomando entonces sobre la marcha en lo escrito, el cómo un ciudadano de a pie reduce su mundo al trabajar y el disfrute de una modernidad de la cual muchas personas ignoran y acaso Mario Vargas Llosa señala de frívola y apegada a los gustos culinarios y consumistas como los de la moda, no nos dice lo que él conoce desde la Europa donde  está, con conocimiento de causa, muy al hecho de ser ultraliberal  y Marqués de Vargas Llosa. Porque si el pueblo europeo tiene hambre, a qué sociedad se refiere en La civilización del espectáculo Vargas Llosa si la vida allá solo está al alcance de los que siendo ricos, pueden disfrutar de la modernidad de los inicios del siglo XXI (no estimo por ejemplo cuánto podría costar un traje de gala Giorgio Armani y si estará al alcance de digamos, una sevillana que cuida ancianos y gana en el mejor de los casos 1,000 euros que dicho sea de paso no alcanza para nada ni para una persona).

Ya entrando en términos más humanísticos habría que tratar de entender la psiquis de aquellos que son solo una estadística dentro de sociedades como las planteadas desde donde literalmente en medio de la grandeza de esa Europa, se es un don nadie. El problema de la identificación y el cómo uno se justifica como persona ante el mundo lo puedo plantear con un ejemplo propio del Perú. Basado en las lecturas de Correspondencia en Luis Alberto Sanchez y Victor Raúl Haya de la Torre, ambos desaparecidos y bastiones del único partido político que hay en mi país si es que debamos otorgarle crédito a los corruptos y sinvergüenzas seguidores de Fujimori o las débiles facciones del nacionalismo representadas por un Ollanta que entendió que lo que el Perú requiere ya no son discursos de izquierda o alborotadores, sino propuestas económicas que hagan más sostenible nuestra economía y nos encumbre hasta el primer mundo a visión futura sin pecar de pedantería, por ser Perú un país sumamente rico en recursos, me remito como dijera a que Luis Alberto en una de las cartas que le escribiera a Victor Raúl sobre el caso de uno de los intregrantes del APRA o PAP (partico aprista peruano) en una de las reuniones interrumpió de manera desaforada ante el asombro de los presentes diciendo a viva voz que él era Haya de la Torre.

Acaso se deba hacer un estudio más amplio del cómo las personalidades fuertes logran enajenar a aquellos que depositan su admiración en quien ven como héroes o en todo caso como quisieran ser ellos. Se dio el caso de que un político de poca influencia dentro del partido mencionado, perdió su identidad para ser otro, y negarse así quizá sus miserias, por no decir su poca relevancia o trascendencia dentro del medio en que se desenvolvía, porque seguramente alguien le preguntó ¿Y tú qué has hecho? Lo  cual sin duda debe haberle hecho entender la realidad de la mayoría de personas en todo el mundo: nadie.

Siempre a propósito de este problema que trato de tocarlo con suma delicadeza, la razón de ser de las personas en algún momento de sus vidas fue ambiciosa, es decir, se quiso alcanzar lo más elevado según los sueños personales dentro del mundo, pero por alguna razón esa fuerza interior fue diluyéndose con el devenir de los años y la experiencia de vida ganada, hasta verse conformadas las  personas con requisitos de vida casi mínimos como explicación motivadora de su sentido de vida.

¿Y qué soy yo entonces? ¿Será que el modelo social que tenemos solo funciona para pocos dejando en al anonimato a miles de millones de personas que no saben qué son en el mundo?

Esas frases consoladoras en las que se trata de suavizar esta angustia de no ser nada en el mundo no solucionan el problema. En Francia por ejemplo es común encontrar pacientes psiquiátricos que aseveran ser Napoleón Bonaparte. Esa compensación esquizofrénica desde la que el paciente ha tomado consciencia que él no es nadie pero que a través del delirio de ser un Napoleón Bonaparte es alguien trascendente, alguien que existe en el mundo y ha hecho historia, nos conlleva a pensar en una autoestima poco valorada en una sociedad donde, los logros materiales ya no lo son todo, y acaso la búsqueda de otras explicaciones para la existencia remonten a los jóvenes hacia la necesidad de hallar nuevas verdades que sepan interpretarnos, sin que tengamos que apoyarnos en el delirio de ser el héroe que no se es como en el caso de Bonaparte, para no tener que soportar el terrible anonimato mundial ante la sociedad.

Estimo que las posturas eclécticas cuyo discurso parta de la unión de muchas voces (polifonía) que siendo representativas, nos otorguen certezas dentro modelos de convivencia donde el individualismo no sea condenado o el hombre en términos de “masa” sea tampoco la salida luego de los desengaños que la historia nos ha dejado cuando se intentó aplicar el comunismo en el mundo, o el cómo ahora, este individualismo se convierte en una competencia entre unos contra todos, lacerando las románticas ideas de igualdad, armonía y tolerancia, nos hacen reparar con seriedad sobre qué propuesta está dejando esta segunda década de este siglo, más allá de la tecnológica  y una modernidad que no da tiempo para ser disfrutada por aquellos que la estructuran y solo observan a quienes sirven, convirtiéndose acaso su identidad en  la de la empresa a la que pertenece, perdiendo el nombre y apellido para decir por ejemplo, “sí, claro, yo soy Coca Cola.” Es decir, se es a través de lo que representa una marca dentro de la sociedad, y se deja de ser uno por haber tomado consciencia que asumiendo la aceptación, se es un don nadie.

Este tipo de cuestionamientos ronda mucho dentro de los jóvenes quienes aún no han dado su brazo a torcer y perseveran en mantener firme aquella identidad que los representa ante el mundo, sin saber que cuando entren en la realidad donde el dinero es ganado en base a mucho esfuerzo, dejarán de ser ellos, para convertirse en generadores de una riqueza que no es suya y que pertenece por ejemplo a Coca Cola, razón social que la asimilarán en uno o dos meses como identidad social, luego de un proceso de adaptación en el que la persona termina negándose a sí misma para ser “el que forma parte de Coca Cola”. Es decir, en términos sociales, existe en el mundo a través de la Coca Cola, no en base a aquella identidad de la cual se jactaba en sus épocas universitarias cuando tenía ideas propias y el mundo se quería cambiar, si acaso esto también no era producto de un medio llamado Álma Mater, es decir, la formación madre del alma.

Por eso, cuando empecé este ensayo con el ¿Y tú qué has hecho? La intención acaso ha sido la de preguntarnos, ¿qué lugar como personas ocupamos dentro del mundo? ¿Existo para el  mundo o solo estoy vivo en relación a un determinado grupo de personas que no son relevantes?

La pregunta final sería entonces: ¿Este modelo social permite el desarrollo de la personalidad de cada uno de sus integrantes, o son solo pocos los que alcanzan esta plenitud de desarrollo, y por lo tanto plantean alternativas para la historia?

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor.

 

Comentar este post