La persistencia del Escritor

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

En mi juventud escribía mucho sobre la búsqueda del espacio propio. Sin saberlo, ya lo había ganado desde el momento en que escribía sobre él.

Mis visitas constantes a la escuela de literatura, en donde empecé a participar en los recitales de poesía, de manera entusiasta, con vehemencia y una energía que despertaba del letargo y la apatía a quienes no creían en un futuro donde se viesen como poetas o escritores. Esa mística acompañada por el placer de sentirse diferente, donde todos nos abocábamos a la lectura, desde bibliotecas donde encontrábamos a los maestros del pensamiento humano y, las vivencias más ricas que acaso ampliaban nuestra visión del mundo, nos hizo comprender que ser poeta era a la vez decirle al mundo, que cada uno de nosotros tenía una voz propia, que desde sus escritos, comunicaba lo que sentíamos y lo que creíamos, debíamos decirle al mundo.

Desde 1990, época en que ya estudiaba ingeniería industrial, por las tardes me refugiaba en la escuela de literatura, donde encontraba personas que tenían un verbo especial, otra visión del mundo, y por sobretodo, el deseo de ser escritores. Un año después fui invitado para dar mi primer recital de poesía, donde fui publicado en unas plaquetas con mis primeros poemas, esos poemas que yo mismo había pasado a máquina y encuadernado a manera de libro, y llevaba a todas partes donde fuese.

El sueño de ser publicado me condujo a hacer decenas de cartas de solicitud para ser auspiciado para ver publicada mi obra, sin mucho éxito. Ya para el 2010, a título personal, recorrí todo el cercado de la ciudad donde radico, solicitando el auspicio para la publicación de mi tercer libro, consiguiéndolo en menos de un mes, demostrando con ello que el no tener capital para ver publicada una obra no era impedimento para ser publicado. Había que ingeniárselas a costa de entrevistas constantes en donde siempre decía: soy Escritor.

Recuerdo mucho los auditorios desde donde declamaba mis poemas o disertaba mis ideas, siempre proponiendo un mundo mejor desde mi discurso.

A veces los auditorios estaban repletos, otras veces semivacío, y en otras ocasiones, parecían reuniones privadas en los que sentados frente a 10 personas, más que declamar o leer poemas, la presentación se convertía en una charla de amigos.

Ya a mis 32 años, era un poeta conocido que improvisaba recitales en cualquier lugar y que sin saberlo, sería publicado por decisión unánime de un sello editorial que iba a empezar a publicar a poetas de la ciudad.

El ajetreo de ir a los talleres de imprenta o el reunirme con amigos en casa para compaginar la obra y la alegría de saber que por fin mis manuscritos serían un libro real me dieron una certeza más: a este mundo hemos venido a realizar nuestros sueños.

El viejo libro del cuero de mamut, título de mi primer opúsculo,con un tiraje de 500 ejemplares, se había hecho realidad.

Y vinieron las entrevistas a página entera en los diarios de la ciudad, las preguntas en la televisión en vivo por parte de los entrevistadores,preludiando mi presentación en la sala Mariano Melgar, nombre del poeta más célebre de la ciudad.

Hasta que llegó el día de mi presentación, donde decenas de personas esperaban con curiosidad mi discurso.

Al terminar la presentación, fue maravilloso firmar mis libros a las personas que se acercaban a mi mesa con el fin de autografiarles o dedicarles mi obra.

Había perseverado en el saber de los equivocados como lo escribiera años después en un ensayo. Perseverado en el afán de ser escritor, poeta, un intelectual que había tomado el camino más difícil: la literatura.

Con los años, acostumbrado ya a los recitales de poesía o presentaciones literarias, la sensación de sentirse vivo frente a los auditorios, no la cambiaría por nada a lo largo de mis 40 años, desde los que mis mejores satisfacciones las he tenido gracias a la literatura.

Algunos años después, a mis 37 años, fui homenajeado en mi ciudad de origen, en Mollendo, por un grupo de poetas qye conformaban una asociación, y por el mismo muncipio de la provincia. El auditorio estaba repleto de personas que me habían visto crecer y por profesores que me conocieron desde niño.

El declamar en vivo para la televisión o ser entrevistado para el programa del domingo que era visto por todo Mollendo, me hizo entender después de decir que el mejor amigo que tiene el ser humano, es el libro, que esos años en  los que iba de un lugar a otro, con el fin de querer ser publicado, tuvieron su reconocimiento a mi esfuerzo de querer ser Escritor, y tener como escribí al principio, mi espacio propio.

La persistencia hizo que llegara a tener 4 libros y una visión diferente de la vida: los sueños se hacían realidad.

Pero tuvieron que pasar muchos años, y tuve que pelearme contra muchas dificultades o recibir comentarios pesimistas en donde se me decía que era un soñador y, que la vida era otra cosa.

Supe qué era la vida sin embargo, al ver auditorios repletos de personas, escuchando atentamente mis palabras, y sintiendo el ser seguido por jóvenes lectores que se identificaban con mis escritos.

Había demostrado al destino, que ser consecuente y perseverante, despertaba no solo entusiasmos, sino certezas sobre si era posible o no ser publicado, o mejor dicho: un Escritor influyente, cuyo verbo disertaba discursos optimistas, dando esperanzas a los lectores, desde la responsabilidad de saber que la palabra tiener poder, sobre el que la lee y cree.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

 

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