La Psiquiatría también es un Humanismo

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

También podría ser titulado este escrito como: psiquiatras al rescate. ¿Por qué?

A lo largo de la historia en el proceso de evolución del ser humano, todos los grandes pensadores y guías espirituales han tratado de definir la conducta y el pensamiento humano, para así poder entendernos y hallar el punto de equilibrio entre el mundo que nos rodea y las vivencias que desgastan a las personas.

Cada generación mantiene a sus pensadores referentes en la medida que éstos respondan a sus necesidades sean: filosóficas, religiosas, o algún punto de apoyo a partir del cual se logre interpretar la realidad y nos explique e interprete.

Sin duda esta generación es más original que todas las anteriores. En una era donde el conocimiento es evaluado en una competencia diaria, en la que la valía de las personas se mide por la cantidad de ingresos con los cuales cuenta para poder tener un status digamos, aceptable, los rigores del día a día nos conllevan a  un estrés o tensiones  que se ven reprimidos en los diferentes medios o ámbitos desde los cuales todos nos desenvolvemos. Y la pregunta es: ¿ésto es la vida?

La tecnología acaso brinda más beneficios de los que pudimos imaginar hace digamos, 20 años atrás. Todo está más cerca y al parecer a nuestro alcance. Pero para ello, primero debes ser un triunfador, un ganador o una persona exitosa. Y esto solo se da en un universo reducido de personas que gozan de los privilegios de una postmodernidad, donde nos vamos deshumanizando constantemente, y convirtiéndonos en elementos que hacen dinero y consumen, amparando su personalidad en logros materiales que pocas veces logran llenar los vacíos del alma.

No solo se trata de hacer dinero y tener todo lo que uno desee con éste.

Nos hemos a mi humilde entender alejado de nuestra primordial esencia: el saber para qué vivimos; el cómo ser felices; el cómo disfrutar de este mundo emparejando este disfrute con la lucha diaria desde donde se esté.

Para los sabios orientales, en sus orígenes estaba por sentado que quienes menos necesidades tenían, acaso eran más ricos que aquellos que contaban con poder reconocido, (entendido en riquezas) y por supuesto, todas las ventajas que esto implicaba.

Pero este escrito ve la cosas desde la perspectiva del que ya ha logrado sus metas y conquistado su espacio propio desde donde tiene todo, y solo le queda esperar la muerte, llenos de un vacío que es intentado llenar con consumo y más consumo, que van desde viajes, hasta la adquisición de bienes lujosos, con las cuales ostentan su triunfo en la vida ante los demás.

Seré más preciso: la esquizofrenia aparece justamente en edades tempranas como la pubertad o adolescencia, y quizá una de sus razones sea: el miedo al futuro.

La incertidumbre que genera convertirse en adulto, vencer todos los rituales necesarios para ser una persona a la cual se le deba respetar, conseguir pareja, frustrarse por la economía y la autonomía entre otras cosas, no hacen sino decir claramente que se ha desvirtuado la noción de vida que podríamos tener.

En mi generación, la de los 80's, el apremio era ser un buen profesional, tener la mejor casa en la zona de clase alta de la ciudad, un automóvil del año, la mejor ropa, los mejores tratos personales sea en servicios y atenciones, y por supuesto, la tranquilidad de tener una cuenta en el banco que de respaldo al futuro, con las implicancias de que esto conllevaría a ser visto por la sociedad como: alguien realizado, una persona digna de ser ejemplo a seguir.

Sin embargo, en esta lucha diaria, en la que pocos logran llegar a lo más alto del éxito, la resignación en los que se quedaron en el camino, por no haber podido superar los rituales competitivos para ser notables profesionales o empresarios, acumularon una frustración tan grande, que incrementó los índices de alcoholismo, drogadicción o suicidio ante el fracaso social evidente, en proporción a las espectativas de vida propuestas como metas a largo plazo.

Se sabe que solo 10 personas en este mundo poseen toda la riqueza mundial, y los demás acaso solo observamos, y tratamos de arreglárnosla como podamos, mientras estemos satisfechos con lo elemental o básico para vivir.

Con esto quiero decir que los niveles de ansiedad provocados por la competitividad que se da desde las escuelas, universidades y medios laborales, son mayores que en otras generaciones. Es común oír decir: hoy tomé mi reanimador porque no podía más. Y esto lo oímos en distintas partes, porque algo está pasando. ¿Qué?

Que nos hemos dado cuenta que no somos invencibles, que en nuestro diario vivir, las presiones, el trabajo intenso y arduo, que bien puede venir desde el obrero no calificado hasta el más remunerado trae como consecuencia desgaste emocional y físico.

En los 90's, vivir al máximo, contando con un horario bien agendado, que iba desde el gimnasio empezado el día, para pasar al trabajo, y terminar por la noche en algún café bar que verificara lo obtenido, significaba: éxito.

Pero... no contábamos con la revolución tecnológica que se nos venía, y con la demanda que ocasionaría en la nueva generación, la del 2,000. Es decir, aquella que tendría nuevas formas de cuestionar la vida, y por supuesto, distintos referentes cuturales, sociales y económicos.

La bipolaridad entonces se hizo popular. Ser bipolar siginificó: ¡hey, estoy aquí, estoy vivo, escúchame!

Si bien, la depresión en sus orígenes en el siglo pasado, se identificaba con los grandes magnates de USA, quienes la padecían por la quiebra de sus corporaciones o grandes empresas, con el tiempo, esta alteración del ánimo fue desplazándose hacia las personas comunes y corrientes como nosotros. Los estados del ánimo se veían afectados por  razones diversas que iban desde la economía hasta las afectivas.

Sin duda, en nuestra sociedad, la evolución en torno a nuestra mentalidad en las útlimas décadas ha tenido cambios sustanciales, importantes y cuantiosos.

Al prinicipio se hablaba de la psiquiatría como una especialidad de la medicina que trataba a personas incurables. Los alienistas como eran conocidos en sus orígenes, inquietados por la salud mental de sus pacientes, trataron durante años de encontrar la manera de recuperar a las personas que en sociedad eran etiquetadas como "locas", con un fin humanístico. Los resultados tuvieron que hacerse esperar unas décadas más.

Hoy en día, tener terapeuta o psicólogo, o mejor dicho, psiquiatra, le da cierto glamour a la existencia del paciente.

Se ha estructurado una nueva sociedad desde la cual, las personas se han volcado más hacia su mundo interior, y el cómo relacionar a éste con el de todos. El interés por querer ser felices ha buscado el punto de apoyo en la medicina. Si bien, el tener éxito se veía reflejado en las comodidades otorgadas por la capacidad adquisitva, hoy en día el éxito se ve reflejado por la salud mental y calidad de vida que cada persona.

Hemos tocado el techo de un primer piso entre los tantos que tenemos para saber hasta dónde llegaremos por decirlo de alguna forma.

Las crisis propias de los adolescentes, quienes antes tenían que ser tratados con dosis fuertes de neurolépticos, padecían acaso los síntomas secundarios de una ciencia que iba fortaleciéndose en bien de la humanidad.  Eran tan intensas estas crisis, que no había otra forma de calmar la angustia, el pánico, el miedo o la confusión.

Tuvieron que pasar muchos años para que nos diéramos cuenta que somos bioquímica. Que las drogas legales podían alterar nuestras emociones, y así tener un punto de apoyo desde el cual, la vida se hiciese tolerable, llevadera y eficaz desde nuestro desempeño.

La ciencia había logrado dar un paso importante en la historia de la humanidad: había humanizado su labor desde el momento en que se reorientó a la interpretación de la vida, es decir, el tener la posibilidad de dar al paciente la opción de enfrentar nuestras ansiedades, temores y presiones, con más probabilidades de éxito.

Y aquí el porqué consideré que debía titularse el escrito: psiquiatras al rescate; porque de alguna forma, el interés por querer resolver la condición humana, desde las crisis severas, en las que las víctimas llenas de miedo, acudían en grados de emergencia a éstos, estableció una nueva forma de humanismo a través del cual, los índices de suicidios se redujeron, o en todo caso, la fe en el ser humano se fortaleció, por tener la esperanza que aún había razones para seguir viviendo, y maneras con las cuales, poder enfrentar a la vida.

La angustia, estudiada por casi todos los pensadores empezó a ser entendida de manera revolucionaria. El psiquiatra había empezado a dar luces de salidas en los túneles sórdidos y oscuros de la enfermedad. La esperanza estaba ya asegurada, había soluciones a los problemas mentales.

Y es que se dieron cuenta pronto que nuestra bioquímica reaccionaba de manera positiva a los medicamentos que recetaban, y los índices de calidad de vida aumentaban en la medida que el tratamiento guiado por ellos, revelaban significativos avances para la salud de los pacientes.

La psiquiatría había dejado de ser ese monstruo relatado en los cuentos de terror. Empezó en la medida que la ciencia avanzaba a dar certezas. La esquizofrenia podía ser controlada y tratada, dando paso a la desmitificación de anacronismos desde los cuales, se le había satanizado y tabuizado, para convertirse en la nueva expresión de este siglo XXI en el que al lado de la tecnología, interpretan mejor que nadie qué nos está ocurriendo.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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