La soledad de la familia ante la esquizofrenia

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 
 

Somos una muchedumbre solitaria, de ello no nos cabe duda. Más aún cuando se trata de una familia que está en crisis y tiene  dentro de su seno, un familiar con esquizofrenia. Allí se hace difícil la vida, no solo para el enfermo, sino para todos sus integrantes. El qué dirán las demás personas queda relegado a aquellos familiares que sufren por ver a uno de sus integrantes con esta enfermedad.

Lo peor es que un esquizofrénico, nunca aceptará que tiene esa enfermedad. Lo considera más que una humillación, una injusticia. El dolor, el sentimiento de desamparo, la certeza de ser víctima por parte de extraños que le hacen daño, está tan enraizado en la conciencia del enfermo, que al ser diagnosticado con esquizofrenia, genera todo un conflicto dentro de su persona y la familia que tiene.

El problema está en el cómo la sociedad ve a un enfermo con esquizofrenia, los prejuicios en torno a ésta, la marginación y exclusión a la que se ve sometida la víctima, que se termina por convertir en un chivo expiatorio, es decir, el que carga con las culpas, miedos y temores de las demás personas quienes le juzgan y contribuyen a enfermarlo más.

Si bien esta enfermedad puede ser hereditaria, hay razones para pensar que también puede ser aprendida, cuando la víctima ha sido desquiciada por personas malintencionadas, quienes han medrado en su salud, hasta hacerle perder la razón: enemigos del trabajo o la universidad, o conspiraciones por parte de algún vecino o persona poderosa, quien a manera de venganza, somete a novatadas a las víctimas. He allí la explicación del porqué, la víctima, jamás aceptará que se le diagnostique con esquizofrenia: siendo inocente, se le humilla con un diagnóstico en donde se le quita la razón, y se le niega todo derecho a tener justicia.

Los derechos humanos acaso no se ejercen, y dejan en la orfandad a las familias que tienen un paciente con esquizofrenia, dejándolos en la soledad, sin saber qué hacer ni a quién recurrir. 

Dada la enfermedad en proceso, desquiciada la víctima por el acoso hostil de personas que deberían ser ellas quienes reciban un tratamiento especial, por su actitud poco humana antes quienes son víctimas de sus malas intenciones, queda sobre la palestra preguntarse quiénes son los enfermos: ¿los que victimizan al esquizofrénico, o los que tienen esta enfermedad?

La crueldad por parte de quienes infringen dolor, y su falta de sensibilidad, ha creado en torno al diagnóstico, todo un tabú del cual es bien difícil salir. Allí el estigma.

Es por ello que hacen falta políticas de avanzada, en las que dentro de los centros de estudio, desde la niñez, se incluyan dentro de la plana docente, un psiquiatra y por lo menos dos psicólogos, quienes deberán evaluar a posibles torturadores psicológicos, para así de esa forma, intentar proponer un equilibrio dentro de la convivencia social dada desde la niñez, en la que los valores y principios de formación, sean solidarios y realmente humanos.

Todo esquizofrénico ha sido realmente torturado psicológicamente de tal manera que llegado el momento, termina por verse involucrado en crímenes horrendos que causan pánico y miedo dentro de sociedades enfermas, que contribuyen al desquicio de aquellas personas que no saben cómo defenderse, y se ven como el centro de burlas o victimización, ante la insensibilidad por parte de agresores psicológicos que cruelmente contribuyen a crear "monstruos" en serie, sin considerar que todos somos seres humanos, y por lo tanto, necesitamos ser reconocidos y respetados como tales dentro de la sociedad.

Todos tenemos dentro un  potencial esquizofrénico si consideramos que de 7,000 millones de habitantes que tiene el planeta, el 1% tiene esquizofrenia, revelando que la convivencia social no funciona, ya que estamos hablando de 70 millones de personas que adolecen esta enfermedad. Sea por presiones dentro de los centros de estudios o en la comunidad o el trabajo, la competitividad genera enfrentamientos donde siempre los más débiles terminan perdiendo esta lucha de progreso, quedando rezagados en la carrera de la vida, hasta verse disminuidas por quienes han atropellado con desventaja sus derechos legítimos a ser felices.

No se trata simplemente de decir que la esquizofrenia debe ser vista como una enfermedad cualquiera en donde, sea tratada y vista como lo es una gripe o la diabetes por ejemplo. Los daños infringidos en las víctimas son irreparables, y en casos severos, irreversibles.

Un orden establecido, donde las personas se respeten entre sí mismas, y aporten en solidaridad a objetivos en común, hablará de una sociedad madura, en la que no se hagan necesarios los chivos expiatorios o las víctimas que padezcan esquizofrenia. Insisto, se hace necesario desde la niñez, la observación de psiquiatras y psicólogos, para de esta forma, participar en la formación de personas y no torturadores, es decir, seres humanos íntegros y sensibles como solidarios, que aprendan a convivir en sociedad, sin necesidad de disfrutar del daño que se le pueda hacer a aquellos que no pueden defenderse por sí mismos, y que vienen de familias con problemas económicos, de baja autoestima o constante crisis.

La participación de la psiquitaría y la psicología debe tomar un rol más protagónico como mediador de los derechos humanos de las personas, para así en este presente, no nos encnotremos con más víctimas o enfermos en el sistema.

Una familia que no funciona, y que padece crisis, revela acaso el rostro oculto de una sociedad que está enferma y que requiere más que críticas, aportes, soluciones. Particularmente he podido constatar en mi pesona que los métodos de la ciencia funcionan, como en el caso de la medicina, mas su protagonismo no es relevante aún: esperamos a que aparezca la enfermedad para recién tratarla, desde donde la psicología intenta rescatar a las víctimas cuando el daño ya está hecho. Medidas preventivas que propongan una convivencia social con una toma de consciencia en la que, se controle los desórdenes dentro de un grupo en el que se está dañando en la salud mental a uno o varios integrantes, exigen por parte de la ciencia, una participación Moral y más involucrada, para atender antes que se de el brote esquizofrénico y se trate a las personas que sean por adicciones al alcohol u otras drogas, o problemas económicos, afectivos o agresivos, puedan evitar anticipadamente la aparición de la esquizofrenia.

Puntualizando las conclusiones: se hace necesaria una participación más comprometida por parte de los psiquiatras y psicólogos en  conjunto dentro de los centros de enseñanza, para contribuir a formar a personas solidarias, sensibles y con valores humanos más arraigados, con la capacidad de comprender que todos sentimos, y todos podemos ser víctimas del maltrato psicológico, que en consecuencia podría desencadenar en una esquizofrenia y en el peor de los casos, un victimado victimizador. Y segundo, siempre con la psiquiatría y la psicología, proponer nuevos tratados que aspiren a una Moral Social que solucionen la convivencia social, reorientando nuestras dosis violentas y agresivas hacia objetivos en común, atacando a los puntos vulnerables del grupo  social, desde donde se puedan encontrar personas que se aislan por miedo, retrayéndose a la vida, por poseer una naturaleza desconfiada que puede ser producto de un hogar violento y que no funciona. Por ello, es importante que desde los primeros años de formación de las personas, los especialistas asumiendo una actitud más comprometida, deben involucrarse en la familia, y por tanto, en los niños que podrían ser víctimas a futuro de la sociedad en que vivimos: una sociedad altamente competitiva y deshumanizada.

La soledad de la familia por tanto, acudida por los especialistas mencionados, debe estar incluida dentro de planes preventivos en donde se priorice la salud mental de las personas y su desarrollo integral y grupal.

Hasta el momento solo contamos con esquizofrénicos que batallan contra el diagnóstico y su estigma. Estimo que en pocos años, otra será la mentalidad que inspire a las siguientes generaciones a proponer soluciones para nuestra sociedad que debe ser inclusiva, y por tanto, generadora de personas exitosas, con buena autoestima, y actidudes solidarias que permitan un mejor modelo de convivencia social. Mientras tanto, habrá que esperar que políticas como las planteadas en torno a la prevención en pro de la salud mental de las personas se hagan realidad, y se tome consciencia del porqué son necesarios psiquiatras y psicólogos en los centros de enseñanza, quienes amparados en la ciencia, contribuyan a un orden integrador, sin agresores ni violentadores de la salud de otros, para fomentar una sociedad, sin vícitmas.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

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