Las novatadas y la corrupción

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Naturalmente todos tenemos miedos o fobias. El cómo aprender a superarlos implica una entrega desde la que la persona, preocupada por querer superarlos, busca formas diversas desde las que pueda enfrentarlos y así pueda aperturarse hacia un mundo donde, todo empeño desplegado que sea orientado hacia metas mediatas necesite del desarrollo de las fortalezas propias para así, poder concretar los anhelos personales cuando se vive con una razón de ser.

Teniendo claro el porqué se vive, la persona que desea ser libre de sus temores, al reflexionar sobre el cómo podría salir de estos, en la medida que sean mayores sus temores y le imposibiliten a desarrollarse como persona, es recomendable que acuda a especialistas quienes con técnicas óptimas, trataran de hallar la razón de los miedos o fobias, y ayudarle al paciente a que los enfrente y con el tiempo, los supere.

Considero personalmente que la vida es demasiado breve como para hundirnos en estos miedos que privan del disfrute de la vida y de lo que brinda la postmodernidad, desde la cual, todos deseamos no solo ser personas exitosas sino además, desenvolvernos en esa libertad que permite al ser humano encontrarse con las bondades generosas que puede otorgar por ejemplo: una caminata plácida por la orilla del mar, el saber valorar una tertulia donde se cultiven tópicos o temas en común que aporten al crecimiento personal, o en todo caso, saber desde las relaciones humanas comprender a la otra parte en las relaciones de pareja con la cual se tiene objetivos en común sea el caso, vistos de cara a la realidad, con afanes de desarrollo.

Me es muy común encontrar en mi rededor personas que se lamentan de padecer ataques de pánico que les impide llevar una vida normal. Temores que parten de prejuicios no esclarecidos por parte de la víctima, o nociones erradas de la realidad que les dificulta integrarse a un medio social, son obstáculos que frustran los legítimos derechos que como personas, aspiran para conocer aquello que desde sus metas de vida ven pasar, por sentirse derrotadas por el miedo.

No podemos hablar de cobardía en el caso de aquellas víctimas que, habiendo tenido experiencias negativas, contemplen al mundo como un potencial verdugo al cual han de temer por no contar con un punto de apoyo que les brinde la seguridad que se requiere, para estar en el mundo en plena libertad. Quizá podríamos afirmar que esto es común en los adolescentes, quienes aventurados en la vida, empiezan a tener sus primeras decepciones o desengaños, encontrándose con la soledad y el desamparo.

La falta de diálogo con sus padres acaso les conduzca a una soledad mayor que será resuelta con los líderes de su entorno, quien sin que necesariamente tengan las respuestas requeridas, ofrecerán soluciones que les exijan ciertos requisitos para formar parte de su grupete, en el que tendrán que superar ciertos rituales para sentir el recaudo de quienes les darán el apoyo y aceptación, para así entender que los miedos son comunes como también las adicciones, sea porque las complicidades surgidas dentro de la sociedad conllevan a seguir una conducta que es consentida por todos los integrantes.

Esto me hace recordar a los conocidos de la universidad que estudiando literatura, al salir del salón de clases, evidenciaban un estrés muy notorio y desmotivador.

Era común verlos fumando marihuana sentados desde la pileta del claustro universitario, conllevándome con ello a cuestionarme qué era lo que les ocurría. ¿Qué pasaba con ellos?

La constancia en el abuso de alucinógenos y bebidas alcohólicas partía de un fracaso académico desde donde la respuesta era casi siempre la misma: no entiendo nada de lo que dicta el catedrático, o en todo caso: no soporto más de dos horas en el salón, me estoy enloqueciendo.

Otro de los problemas constantes dentro de la universidad radica en el no poder acabar con la carrera, por no haber podido integrarse a los grupos sociales desde donde todo se hace común, sin dejar de sentirse espontáneos o desembarazados los integrantes, siendo esto razón para beber desmedidamente faltando así a clases.

El aliento entre cortado, el temblor en las miradas, o la ansiedad conocida por parte de aquellos que ven en el otro, el temor de ser excluidos o invisibles o por el contrario, si es que hay intereses políticos: un enemigo a quien siempre hay que considerar y tomar cuidado es solo una muestra superficial ante el desgaste social universitario.

Esta paranoia de estar todos contra todos quizá evidencie la desunión que es propicia para quienes estando en los centros estudiantiles o centros federados de la universidad, sepan cómo manipular a los universitarios y hacerles sentir su poder, hasta derrotarlos o ganarlos para su causa.

Recuerdo la plática que tuviera con un escritor quien me comentaba siempre sobre sus ataques de pánico. Que cómo eran. Pues el temor a la gente. A estar en medio de multitudes de personas que pudiendo ser amigas o amigos, siempre le hacían sentir vulnerable instándole a buscar el respaldo de alguien superior, que ejerciera el poder en la universidad, acatando lo que estos les decían, luego de la imposición de su poder.

Es que está claro. Los enquistados en las universidades que hacen este ejercicio del poder, conocen o saben de los mecanismos que se requieren con el fin de poder manipular a los estudiantes, infringiéndoles novatadas o coacciones, desde las que solo pueden obedecer ante la advertencia que el escarmiento a dar sería irreparable y por lo tanto marginador.

Quizá los miedos de sociabilización dentro de las universidades partan de una carencia de libertad de expresión, donde la opinión propia en vez de ser alentada, podría ser una aguja que estorba a quienes manejan la universidad.

Estos órdenes establecidos en vez de procurar el desarrollo de la personalidad, lo que hacen es generar personas en serie que acatan, obedecen, corrompidas moralmente y sin los escrúpulos que se requieren para mejorar la sociedad.

Siempre hay un  chivo expiatorio en  cada escuela, es decir, un universitario con quien se divierten y a quien toman como  modelo de escarmiento para que los demás universitarios acaten las imposiciones que vienen desde los que ejercen la autoridad.

Acaso los que ya se han insertado en estos órdenes establecidos gocen de la malicia propia de quienes entre ellos se reconocen y saben que no son dignos de confianza y que están dentro del recaudo establecido, pero sin la garantía de estar libres de nuevos enemigos.

Considerando esto, cómo podríamos entonces considerar como personas respetables a aquellos que han tranzado con la corrupción dentro de la universidad y que además arrastran en sus conciencias el haber destruido vidas de víctimas que no quisieron adaptarse al medio, o que ignorantes de cómo funciona la universidad, fueron motivo de la vileza de quienes siendo profesionales, están preparados para lo que llaman el ser competitivos que es otra forma de decir: sacar del camino al de al lado para ocupar su espacio, a toda costa.

Estos antivalores acaso nos evidencian el porqué las universidades en el Perú en vez de formar personas dignas de confianza y respeto pueden resultar todo lo contrario ante quienes no conocen de la realidad universitaria, desde donde las egresadas pueden lograr un puesto de docencia dentro de la universidad por favores sexuales o acaso, algunos catedráticos induzcan a los jóvenes al consumo de drogas por ser estos mismos consumidores.

Si quieres conocer a una universidad, conoce a un estudiante de ésta.

Los cambios necesarios que deben darse para tener personas de bien, probas y con un aporte honesto y constructivo para la sociedad no parten necesariamente de los profesionales quienes enterados de una realidad desde la que trasgredieron los principios con los cuales fueron formados en sus colegios, al entrar a los centros de estudios superiores se terminaron por encontrar con otra de las mentiras mayores de la sociedad.

Estas contradicciones desde donde se educan de una manera a los adolescentes en los colegios para luego, dentro de la universidad, sea otra la visión y experiencia que se tenga sobre la realidad nos pone sobre el tapete el porqué la sociedad tiene delincuentes encorbatados o estafadores hábiles de la picardía y el engaño, quienes haciendo un derroche de cualidades histriónicas y conocimiento, sacan ventajas deshonestas y no honradas ante los trabajos que tengan, donde por cierto el mundo es otro y si alguien estorba a los intereses de otro, pues se aplica lo que se aprendió en la universidad, generando más víctimas en un orden establecido donde la justicia va de la mano del que más dinero tiene.

Empecé escribiendo sobre los temores y miedos de las personas. He tenido que hacer una pequeña representación del cómo estos pueden también en convertirse en las razones del miedo en quienes habiendo destruido la vida de víctimas, les quede en su conciencia la sensación que en cualquier momento los de seguir sean ellos, por estar rodeado de verdugos que son de su misma calaña, en esa competencia donde quitar al de al lado es visto deportivamente, sin sentimientos de culpa y con mucha frivolidad, amparados en la hipocresía y la mentira, y sobre todo, en la vileza de quienes con poca sensibilidad tienen ante el otro, que en este caso es una persona, pero visto desde la óptica de un universitario, es una cosa, no un ser humano.

Quizá por ello, al ir perdiendo sus naturales dosis de agresividad e ir envejeciendo, recién empiecen a temer por sí mismos y a entender a las víctimas, porque otro más joven con mejores técnicas para sacarlo del camino ha aparecido, para victimizarlo y provocarle esos ataques de pánico que tanta risa les causó, cuando desde la universidad, se dedicaban a destruir vidas.

Este artículo ha sido escrito en nombre de las víctimas que siendo tratadas como chivos expiatorios, ahora están en el desamparo y frustrados, como destinos sin importancia, muy propios de una sociedad, donde estimado lector, eres solo un número más, en medio de gente que no dice nunca la verdad, por más buena que esta parezca.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor.

 

 

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