Los medicamentos y el paciente

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Aquella mañana de sábado, en el auditorio del Hospital, estábamos reunidos todos los integrantes de la asociación que vela por los intereses y protección del paciente con esquizofrenia. Los presentes eran familiares a quienes recién conocía y de quienes escuchaba testimoniuos desgarradores, testimonios que escuchaba atentamente. Agresiones verbales, discusiones, rechazo a los medicamentos, apatía, abulia, falta de aseo personal, desinterés en la vida, intentos de suicidio, entre otras quejas, era las que escuchaba, por parte de los familiares quienes con una expresión de cansancio y casi renuncia, hablaban de sus parientes sin esperanza, sin motivaciòn.

En ese entonces, fui invitado por mi doctora Carla, quien a sugerencia de ella, me dijo que estuviese presente, ya que además de darse las reuniones en el auditorio ese sábado de cada mes, nos ilustraban sobre la esquizofrenia,  detallándonos el cómo es ésta, y cuál debe ser nuestra actitud ante el paciente enfermo.

Alrededor de 40 familiares conversaban a cuya conversación no pude evitar dejar de participar. Y bueno, los comentarios iban y venían, y por supuesto, yo les entendía muy bien. 

 

Hasta que me preguntaron: ¿y quién es su familiar con esquizofrenia?

 

Mi respuesta fue: soy yo el que tiene esquizofrenia. El asombro fue mayor, y la atención que me mostraron fue inmediata mientras que las preguntas empezaron a hacerse sin poder salir de su admiración los presentes en el auditorio. Tanto así que me hicieron tomar la palabra la cual por cierto no rechacé, y mientras hablaba a aquel auditorio de manera espontánea y sin haberlo premeditado, al terminar de dar mi testimonio, similar al de los padres de familia que batallan día a día con sus hijos que padecen la enfermedad, la pregunta al unísono fue: ¿qué medicamentos estás tomando?

¿Por qué me hicieron esa pregunta? Porque primero, no creían que tuviera esquizofrenia y segundo, querían que sus hijos o familiares tomasen los mismos medicamentos que yo tomaba, porque hasta ese entonces, había solo una verdad: la esquizofrenia para ellos era una enfermedad incurable y sin retorno. Al presentarme sin pensarlo esa mañana en el auditorio, a partir de ese entonces, otra fue la visión y espectativa en torno a la enfermedad.

Luego de sentarme, las señoras se me acercaban y me pedían mi correo electrónico o me hablaban de la urgencia de que yo hablase con sus hijos, (como si con palabras pudiese ser solo tratada la esquizofrenia), sin embargo, el concenso fue general: los medicamentos que yo tomaba funcionaban, y los familiares exigieron a los doctores que sus hijos recibiesen el mismo tratamiento que yo recibía.

Y efectivamente así se hizo.

En los meses siguientes algunos pacientes mostraron una mejoría que entusiasmó y devolvió la alegría a sus familiares, pero en otros casos, el oir voces y tener ideas paranóicas o de daño, permanecieron. ¿Qué sucedía entonces? ¿Por qué conmigo el tratamiento sí funcionaba a la perfección, y no de igual manera con otros pacientes?

La respuesta era clara: no todos tenemos la misma bioquímica. Cada paciente tiene un organismo propio y de tal forma, el efecto que producían los medicamentos variaba de uno en uno. Así, si a mí persona, Zyprexa me caía muy bien, sin que subiera de peso o tuviese apatía, a otros el efecto del medicamentos les producía otras reacciones.

Semanas después, en otra reunión, uno de los psiquiatras que daba las charlas para las reuniones, habló entonces a pedido de la asociación, justamente, sobre los medicamentos.

"No hay medicamento malo, solo hay pacientes con bioquímica diferentes."

 

La paciencia es uno de los requisitos que se nos pide al momento de iniciar un tratamiento. Si bien el proceso de la enfermedad es largo, la ciencia ha avanzado tanto, que es posible tener espectativas de vida óptimas para el que padece esquizofrenia. Los medicamentos de última generación han roto los esquemas y nos ofrecen una mejor calidad de vida. Es probable que al principio, el paciente se sienta muy sedado o "lento", pero hoy por fin se puede afirmar, que no será por siempre, que las terapias funcionan, que en unos meses, el paciente estará en grados aceptables altos para su reintegración social. Ésto es el siglo XXI señores.

Porque fue así en mi caso. Durante años era medicado con todo tipo de pastillas, sin que el doctor que me trataba, lograse hallar aquel que me estabilizace, me hiciese bien. Hasta que encontraron el medicamento que llevo tomando más de 9 años, y que me devolvió las ganas de vivir.

Por tanto, nada está perdido. Reitero, solo hay que tener un poco de paciencia, hasta que el doctor halle el medicamento adecuado para el paciente, quien además deberá integrarse a una terapia grupal con su psicóloga, para aprender a readaptarse a la vida, reinsertarse socialmente, luego de las severas crisis o temores,en donde sí tallan los piscólogos, de manera efectiva y motivadora.

Mañana les hablaré un poco más del cómo son nuestras terapias de grupo con Fabiola, la psicóloga que dirige el grupo de terapia.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco


Escritor

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