Momentos de bienestar, ¿es posible?

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 


 

La conversación había girado hacia un libro de Francis Fukuyama en donde se preguntaba si acaso hay un sentido dentro de la historia. Expresamente se refería a “el último hombre”.

 

Y entonces le pregunté a mi amigo que echado sobre su cama bebiendo su mate de la mañana, sonrío mientras se levantaba y me dijo:

-El último hombre es el último que se folló a tu mujer.

-Eso está en duda, es como tratar de afirmar que en una habitación donde se hace el amor solo hayan dos calzoncillos de varón.

-¿Qué no sabes? La vez pasada Martín Ugaz estuvo toda la noche despierto mientras su mujer dormía, hasta que sintió una voz que provenía del closet.

-¿El último hombre?

-Nada. Esa voz dijo, ¿ya puedo salir?

-Qué pasó.

-Nada, que su esposa se despertó inmediatamente, la situación se puso peliaguda. Eso de las infidelidades es algo terrible. Martín volteó desde su cama a ver a su mujer para ver qué explicación le iba a dar.

-Bueno, estimo que una persona asertiva habría sacado ventaja de tal circunstancia y se habría animado a hacer un trío.

-Bueno fuera que la reacción de ambos hubiese tomado fines tan creativos y generosos con el amor, pero no fue así.

-¿Y qué dijo ese hombre que estaba en closet?

-Nada, lo de siempre: ¿Puedo salir ya?

-Pobre Martín Ugaz. A estas alturas su mujer debe tener una biografía más interesante que la de nuestras vedettes promiscuas e insaciables.

-Es que no sabes el desenlace, la historia es acaso más truculenta. Se vieron ambos a la cara y acaso en la vergüenza de sus rostros se dibujó  una interrogante mayor cuando Martín dijera temeroso y bastante mortificado: “Todavía no”.

-Siempre estimé que Martín fuera una loca.

-Loca de atar, lo cual plantea otra tesis, “el último hombre” puede ser el último hombre que se folló a tu mujer, o el último que se folló a Martín.

-Pero volviendo a temas relevantes. ¿Tiene un sentido la historia? Fukuyama dice que el deseo de trascendencia hace que el cause de la historia hecha por el ser humano, explique nuestra evolución dentro del mundo.

-¿Le llamas evolución por ejemplo a Justin Bieber?

-No, iba por otro lado, digamos por ejemplo, la trascendencia de Pablo Carbonell y “mi agüita amarilla”.

-Estimado Mauricio, eso fue en los 80´s, cuando se podía beber hasta el hartazgo y acaso en condiciones mancebas creíamos en cosas que no entendíamos y pretendíamos saber mucho sobre la vida.

-Vuelves a ser profundo. Yo me quedo pensando más bien en un Freud desesperado de tanta neurosis e histeria, consumiendo cocaína porque Adler y Jung habían hecho sus propias tesis sobre el psicoanálisis.

-Lo cual no quiere decir que Pablo Carbonell no haya envejecido. Ésa es nuestra única certeza: envejecer.

-¿Me hablas de envejecer? Dímelo a mí, las caderas de la negra me está rompiendo la pelvis cada vez que ella me monta cuando tenemos sexo. Definitivamente mis calambres han afectado mis técnicas cada vez menos creativas e inspiradas.

-Madame Xaviera sabía todo sobre sexo, menos sobre el cómo no envejecer.

-Y bueno, eso mismo me comentaba una amiga que recién está yendo al gimnasio: todas las mujeres tienen unos cuerpos monumentales, pero unos rostros octagenarios.

-Ja jaja. Ésa es otra de nuestras grandes contradicciones de nuestra generación: los octagenarios tienen el viagra y las octagenarias el cuerpo de una  doncella de 13 años, pero al llegar a la cama se quedan dormidos en menos de dos minutos. Al despertarse se pregunta. ¿Qué íbamos a hacer? Tener sexo. Ah bueno, está bien. Pero yo ya me olvidé. Yo también. Entonces volvamos a dormir.

-Patético.

-Tan patético como la vez en que Frida estuvo reclamando un poco de polla y nosotros solo queríamos hacer música.

-Jajaja. Estimo que en ese momento habíamos profanado el dolor de los mártires onanistas.

-Razón por ello tiene nuestro “filósofo” Felipe Carbonell cuando trataba de explicar la trascendencia en el mundo con su tema “mi agüita amarilla”.

-Eso me evoca los estadios de todo hombre.

-Estás insoportable hoy mi estimado Mauricio, primero me recuerdas al último hombre que se folló a mi mujer y ahora me quieres hablar de la condición humana.

-Pero tiene razón, la vez pasada cuando fui a mi consulta con mi psicóloga, que por cierto estaba muy lenta porque se le había pasado la mano con  el Alprazolam, en su consultorio había una banner desde donde se describía con dibujos los estadios de los cuales te hablo.

-Sí, ya sé a qué te refieres: el hombre pasa por cuatro etapas: la del chupón, la de la Coca Cola, la de la cerveza, y por último la del suero.

-A propósito de las cervezas, dicen ciertos estudios alemanes que beber dos cervezas diarias incrementa la inteligencia de las personas.

-Claro, lo evidencia Marx y sus extensos tomos de El Capital.

-O los brillantes aportes de los estudiantes universitarios que han decidido dejar los estudios para convertirse en estrellas porno.

-Sabia decisión.

-Pero Edgar Allan Poe se empecinó en su propio infierno. Un bebedor veterano que hizo Narraciones Extraordinarias sin una piza de humor.

-Por eso prefiero a Bukowski, sobre todo en un sus primeros escritos cuando pretende escribir sobre sexo sin saber nada de él.

-¿De dónde sacas eso?

-Él mismo lo escribió en uno de sus relatos, literalmente dijo refiriéndose a su persona que los críticos decían sobre él que hablaba de sexo con el conocimiento propio de los que se aventuran en temas que desconocen salvo desde sus largas sesiones onanistas.

-Eso explica el porqué los escritores de nuestra generación insisten en copiar su estilo narrativo.

-Es temprano y creo que se imponen dos cervezas.

-Es lo más inteligente que has dicho hoy. ¿Entonces la llamamos?

-Claro, un poco de sexo con la Frida nos despertará de este letargo que nos ha sumido Fukuyama y el sentido de la historia. ¿Trascender? Jejeje.

-El legado es otra de las grandes contradicciones mi estimado.

-¿Y qué, le dejamos el legado al mundo en el vientre de la Frida?

Frida es una mujer cuarentona de ojos celestes, rubia y adicta al sexo. En términos más precisos, una mujer que disfruta plenamente de su sexualidad, sin prejuicios ni culpas, con la suficiente personalidad como para poder elegir al hombre que se le antoje y follárselo las veces que se le de la gana sin temor al qué dirán.

-Pues llamemos a Frida y bebamos nuestras dos cervezas.

-Vale, pero antes pongamos el video de nuestro”filósofo” Pedro Carbonell.

-Oye, pero está viejo.

-Pedón, de qué me hablabas…

-¡Cada día estás peor! Solo soportas 5 minutos de charla.

-Es que estaba pensando en el último hombre.

 

 

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor.

 

 



 

 

 

 

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