¿Somos bioquímica?

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Recuerdo que por esos años, cuando tenía 25 y en su momento llegué a creer que todo lo podía y que para mí no habían imposibles, siendo esto válido para remontarme aún más años atrás cuando a mis 18 años, desde un café, mientras conversaba con un amigo a propósito de lo imposible, desde un discurso bastante osado y desafiante, llegué a exclamar que quería enfrentarme a lo imposible, sin saber que esta experiencia llegaría a mí, de la manera menos pensada si acaso no fue atroz y propia de una soledad mayor donde no podía expresarme con propiedad y mi habla se vio afectada a pesar de ya ser un Escritor que había publicado 6 números de una revista que tenía sus seguidores dentro de la ciudad.

Que debemos entender que el término de intelectual que va muy relacionado con el ser muy culto o versado en materias que entendidas, otorgue una capacidad de asimilación desde donde la condición humana es vista de forma más amplia, con connotaciones lúcidas y precisas, en mi caso llegué a asumir esta categoría de intelectual por entender aquello que estando al alcance de las lecturas de mis demás colegas escritores, solo podían aprehenderlo más no de una manera consciente, es decir, desde un aprendizaje personal y no de lectura o investigación.

Y es que si a mis 18 años pretendí enfrentar a lo imposible, no reparé que esta vivencia llegaría a mis 25 cuando habiendo fracasado en mi intento de querer cambiar la facultad de arquitectura, me aboqué a escribir con más frenesí y hurgar en la palabra para saber qué pensaron otros poetas, pensadores o historiadores que trataron de visualizar de forma exacta al mundo y al ser humano.

Que me era muy común andar siempre con un diccionario a la mano, para no solo contentarme con usar en lenguaje mecánico que es usado con naturalidad por las personas que no hacen un ejercicio literario donde la palabra debe ser usada con exactitud según sus acepciones y el contexto desde el que deba ser usada para que se dé el entendimiento sino desde el diálogo, al menos en el rigor de los escritos, donde uno debe ser lo más objetivo posible, y por cierto, claro, muy claro.

Llevándome esto a recordar una de esas tardes plácidas en las que junto con una de las que fuera mi enamorada, solíamos ir a un parque a conversar entre otros placeres propios de la juventud que en mi caso se había prolongado por seguir en la universidad a una edad en la que ya debía trabajar o acaso estar casado y asumir responsabilidades propias de mis años.

Sentados desde una banca donde nadie perturbaba nuestro encantador momento compartido, no sabía que ella aún no me había revelado sus mayores temores o si yo estaba cumpliendo mi rol de apoyo psicológico hasta verla descubierta en una de sus reacciones, llena de temor, pánico o miedo al verse en evidencia, para luego terminar llorando entre un enredo de palabras de las cuales no entendí nada y asumí como una verborrea propia de una crisis que se le pasaría al momento, lo cual no fue así.

Que luego de habernos besado y abrazado, frente a una cancha de frontón, deporte muy propio de Arequipa, que consiste en golpear en el rebote con una raqueta contra un muro de aproximadamente 4 por 5 metros, dentro de un perímetro con el doble de relieve desde el que dos o cuatro jugadores según sea el caso, hacían un derroche de energía comparado al del tenis con la diferencia que este juego se hace contra un muro, con una pelota pequeña similar al deporte mencionado y una raqueta por persona por lo cual se le reconoce como frontón, acaso este tipo de deporte generalizado en la ciudad era motivo de inversión por parte de los alcaldes elegidos, quienes haciendo lozas deportivas no dudaban en  incluir canchas del mencionado deporte, frontón llamado, en distintos distritos de la ciudad.

Siendo que de pronto mientras yo creía que la pasábamos bien, por habernos hecho la de vagos y no estar en clases, porque era bien rico estar juntos y besarnos y abrazarnos y comentar sobre nuestros proyectos o los sucesos que se daban dentro de la universidad en la que cabían comentarios que iban desde el qué nos parecían algunos catedráticos o también, las actitudes de algunos compañeros de clase a quienes queríamos entender, riéndonos desde nuestra soledad compartida, ella repentinamente en medio de una charla espontánea giró sus ojos hacia la parte elevada del muro del frontón, y entonces empezó su crisis después de decir un:  hola.

Me explicaré con más detenimiento para que mi estimado amigo lector me pueda entender, que párrafos arriba había escrito que los que postulaban a la alcaldía tenían la costumbre de invertir en lozas deportivas para los jóvenes de la ciudad, con el fin de difundir el deporte y alejar de vicios nocivos a quienes siendo aún inexpertos en la vida y sus excesos, podían caer en el abuso de sustancias como las drogas o el alcohol. Siendo que por ese entonces, a manera de manifestar la obra dejada en pleno ejercicio de la alcaldía, se acostumbraba  a dejar en una parte de estos muros para jugar frontón, pintado el logotipo con el cual se había empezado la campaña recargada de promesas que acaso, con este logotipo pintado, recodaba a la ciudadanía que se estaban cumpliendo las promesas electoreras yendo a lo que fue motivo de crisis justamente de la enamorada con la cual salía en ese entonces, detallando que este logotipo tenía la forma del volcán más representativo de la ciudad llamado Misti, que significa en lengua castellana: Señor, y que llevaba un sombre propio de los chacareros a los cuales se les reconoce en la ciudad como “characatos” con dos brazos estilizados saludando, acompañados de una viñeta donde recordaba que las obras iban avanzando.

Y es que cuando ella dijo ese hola, no lo había dicho precisamente a alguien que ella conociese  que seguramente debía pasar por donde estábamos. Le había dicho hola al personajillo del logotipo a lo que no le presté importancia en breves segundos por pensar que estaba bromeando.

Lo que no sabía y me enteré en ese momento es que en realidad le había saludo al personajillo. Que en suma estaba muy confundida, lo cual terminaría en una crisis de ella ante la que tuve que insistirle que no estaba loca, que eso le pudo haber pasado a cualquiera, que los estudios a veces estresan, que no era para tomarlo tan en serio.

Pero ella insistía en decir que se sentía muy mal, que yo no reparaba en lo que ella había hecho, que estaba perdiendo los papeles, desquiciándose por saludar a un volcancito pintado que con una mano dibujada sobre el  muro hacia el gesto de saludo.

Decidí que ella sola hiciera su catarsis hasta que se calmase. Media hora después me dijo entonces: quiero que conozcas a unos amigos, a lo que acepté mientras nos levantamos de la banca del parque solitario, para a paso calmado dirigirnos hacia la casa de las personas que me iba a presentar y que me decía, eran estudiantes de derecho y debía yo conocerlos.

Fue así que cruzamos unas cuantas calles hasta llegar a una casa de dos pisos con un intercomunicador que usamos para presentarnos. La voz de su amiga se alegró de la visita esperada con: qué bueno que ya hayan venido, justo estábamos comentando sobre algunos autores que están siendo analizados por un grupo de compañeros de la escuela a quienes les gusta leer.

Esa voz franca y espontánea, llena de vitalidad y relajo me hizo visualizar a una persona afable, tranquila y con buena vibra. Estaba con su novio en el estudio de su padre leyendo justamente unos textos, porque fue así como los encontramos cuando ya dentro de su casa la persona que nos hizo pasar nos condujo hacia un estudio abarrotado de libros que empecé a seguir con ávido interés por ser un devorador de libros y por tanto, sentirme muy cómodo y augusto.

La enamorada con la que salía en ese entonces me presentó a su par de amigos quienes habían leído parte de mis escritos y acaso celebraban que me sintiera Escritor o que persistiera en una pasión a la cual ellos ya habían renunciado porque pensaban casarse pronto, y otros apuros urgían que en  nada se vinculaban con  la literatura y el arte de narrar historias.

Y fue que se conversó de todo un poco hasta que el estudiante de derecho que era novio de la hija del dueño de casa me hizo la pregunta puntual para la cual me habían hecho ir a visitarlos y de esa forma hacerme recordar el porqué siempre llevaba un  diccionario a la mano a mis 18 años, cuando habitaba literalmente la Biblioteca Municipal Ateneo y leía con dos o tres libros a la mano junto con mi cuaderno de apuntes o mamotreto.

Mauricio, qué significa la palabra Real.

A lo que contesté: que está vinculado  con la realidad.

Un silencio tenso me envolvió mientras los presentes se miraban unos a otros. El interpelador se paró de su asiento, tenía en sus manos el Diccionario de la Real Academia, se me acercó con el libro abierto justo en la letra R, para ser exacto, señalo la palabra “Real” y pidiéndome que leyese lo que allí decía, leí en voz alta: 1. adj. Que tiene existencia verdadera y efectiva. 2. adj.  Perteneciente o relativo al Rey o a la realeza.

Es casi lo mismo que he querido decir, les dije, salvando la omisión  de lo concerniente a la realeza.

Sí, es casi lo mismo, pero no lo es. Casi lo mismo no siempre es lo mismo. Hay palabras que tienen hasta 16 acepciones y para un Escritor, es necesario saber usarlas con propiedad según la connotación que quieras darle en tus escritos. Todos los escritores manejan un lenguaje propio que corresponde al aporte de su literatura. Pero ellos no usan las palabras porque les sugiera algo o suenan bien. Usan las palabras precisas para dar a entender lo que ellos piensan, y tratan de ser lo más objetivos posibles al momento de narrar una historia. Es casi la misma labor que hace un periodista que conquista día a día el lenguaje para comunicar algo a los demás.

Si a mis 18 años quería enfrentar a lo imposible, ya a mis 25, luego de haberme retirado de la facultad de arquitectura y retornado a mis escritos y lecturas arduas, junto a mis libros de consulta, reparaba en el lenguaje mecánico y el intelectual a lo cual vuelvo como lo escribiera en el principio de este escrito donde acoté que intelectual es el que entiende, y si acaso es Escritor, entiende a través de sus vivencias para encarnar a la palabra que se hace verbo, con precisión. Y es que llegado el momento, absorbido por la soledad y las lecturas voraces de libros, entre conflictos de no querer tomar los medicamentos que el doctor me recetaba ambulatoriamente y, siendo sometido a una truculenta novatada o lo que se llama, pagar derecho de piso, por habernos cambiado de casa y haber ido a vivir a un pueblo tradicional llamado Cayma, donde la bohemia como los festejos eran constantes como el lanzamientos de petardas o cohetes a todo momento, recién aprecié el valor del silencio y la paz que éste significa, al menos para los que escribimos o leemos o somos de buen vivir.

Ya a esa edad supe de mis primeros estados de confusión donde los medicamentos no hacían un efecto positivo en mi persona, empezando a padecer estados de ansiedad incontrolables como los de la desesperación y acaso desde mi mutismo y aislamiento involuntario por no contar con amigos con quiénes tertuliar por no compartir los gustos que ellos tenían como era: beber hasta el amanecer o drogarse hasta el exceso, era que parte de mi juventud solo pudo ser consolada con la lectura de libros y el recuerdo de las enamoradas que tuve como la mencionada, quien un día de pronto cambió de planes en medio de un llanto propio de ella, y dio por terminada la relación.

Pero acaso empecé a padecer desde mi mutismo, eso que se llama dislalia que acaso era producido por un neuroléptico que acompañado por alguna pastillas de Akineton me impidieron por años poder expresarme con la soltura mecánica por ejemplo con la cual lo hacía cuando era locutor de radio a mis 16 años en Mollendo, la ciudad donde nací y viví hasta mis 17 años.

Esos largos años en los que inyectado con Haldol Decanoas de 100ml. Que me producían una perturbación terrible al momento de querer no solo hablar sino, escribir, me conllevaron a comprender que siendo consciente de todo lo que me pasaba, mi habla afectada medraba en mis deseos de querer expresarme.

A propósito de esto, conversando con mi psicóloga hace unos días, me comentaba el cómo la ciencia había avanzado tanto siendo el hecho que los pacientes medicados, por fin no solo no tuviesen la mencionada dislalia y problemas cognitivos producto de las drogas que se les medicaba, sino que además ya no sufría mucho el paciente quien no padecía de parkinsonismo ni los muy temidos estados catatónicos o la desesperación.

De una u otra forma, el haber llegado a sentir la frustración de no poder verbalizar lo que sentía, me conllevó a reflexiones mayores desde donde quedó evidenciado en mi aprendizaje que somos bioquímica, que lo que pensamos o sentimos puede ser alterado por sustancias sean legales o no, que van  desde la perturbación del habla, pasando por los estados de ánimo hasta los catatónicos.

Si bien, mis dificultades para entender el discurso de las demás personas se me hizo difícil tiempo después, por haber estado muy aislado de las personas de mi generación, a tal punto de desconocer la jerga usada comúnmente por mis coetáneos, durante años sentí que conversaba con personas a las cuales no les entendía  nada, y no precisamente porque mi capacidad intelectual estuviera dañada: la razón era que otras vivencias respondían al uso de su lenguaje, vivencias que yo desconocía y por tanto, como no formaban parte de mi aprendizaje, solo a lo mucho podía intuir mas no captar el mensaje dado, quizá porque la persona que enunciaba el mensaje o no sabía expresarse con propiedad, o simplemente el uso de su jerga era demasiado grosero y su abuso ya mayor.

Que entendemos solo que conocemos. Nunca la teoría pudo hacer de un ser humano un maestro. Siendo ello la razón fundamental que como escribiera en parte de este escrito, cada Escritor tenga sus propios términos al momento de hacer literatura, y esto esté claro muy vinculado con su aporte, y lo que tiene que decirle al mundo, o en todo caso, a sus lectores.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 

 

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