Todo sobre la violencia en la esquizofrenia

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

Nuestro mundo es violento y nos exige tener cierta dosis de agresividad para enfrentarlo.

Desde los medios de comunicación con titulares estresantes hasta las luchas territoriales propias de nuestro instinto, con las cuales, tratamos de marcar nuestro espacio para no sentirnos vulnerables, la naturaleza del ser humano se ha caracterizado a lo largo de la historia, por contar con episodios largos tras los cuales, en base a guerras y cambios revolucionarios, la violencia se ha manifestado siempre como una constante en nuestro proceso evolutivo.

El problema empieza entonces cuando esta violencia ya no se dá por razones políticas o sociales,sino, por razones más bien emocionales.

Mantener un temperamento ecuánime, que permita a las personas rodearse de quienes de carácter afable, nos brindan una sensación placentera y de paz entre otras más, es un arte que desarrollamos quienes tratamos de no frecuentar con personas conflictivas y de mal humor, por ser éstas, malas influencias a nuestro entorno.

Pero esto se dá en el caso de nosotros los adultos.

Pero en el caso de los adolescentes que recién se aventuran a la vida, el alcanzar la paz y tranquilidad, conlleva a todo un proceso mediante el cual, la autoestima, confianza y seguridad, solo se consiguen en base a luchas sean intelectuales, sociales o laborales, donde se derrocha una fuerte dosis de agresividad, naturalmente, por razones biológicas: solo sobrevivimos los más fuertes.

El hecho mismo que estos jóvenes quieran en base a argumentos de fuerza y no de coherencia, imponer sus normas ante una sociedad que tiene sus leyes, y nos exigen comportarnos de tal manera que la convivencia social, sea justa para todos, siempre ha sido motivo de estudio por quienes se han interesado en la Convivencia  entre ciudadanos.

Nunca podremos contentar a todas las personas, y nunca podremos hallar a un universo de gente conformes con lo que el sistema otorgue.

Las diferencias y discrepancias se dan en todas partes y siempre se termina apelando ante quienes son los llamados a poner el orden. Si funciona el sistema de esta forma o no, no es razón de este escrito.

 

Tratar de entrar  en la psiquis de un esquizofrénico que está alterado siempre, y que es temido por sus reacciones violentas que parecen estar fuera de control, considerando el daño moral y psicológico que pueda hacer a las personas que le rodean ,sean desde la familia hasta la comunidad, es mi intención esclarecer desde mi humilde entender, aclarando como escribiera en escritos anteriores en este blog, que no hay una sola esquizofrenia, que son muchas las esquizofrenias como son muchas las personas, y cada una de ellas merece un trato especial y por tanto, estudio particular.

 

Pero por ahora me abocaré a los chivos expiatorios o lo que es también entendido como "bombas de tiempo".

Soportar el estrés con cargas, responsabilidades que van desde la manutención de una familia o el roce diario en los medios laborales o estudiantiles, para los entendidos, implica el encontrarse siempre con problemas. Y siempre habrán personas más inteligentes, listas o con mejor recaudo que otras.

Es que estos chivos expiatorios, víctimas de circunstancias difíciles que vienen desde la comunidad y van hasta la familia, tarde o temprano terminan por explotar y verse atrapados en un temperamento incomprensible, y por lo tanto violento.

 

Se ha tratado siempre desde el momento en que se forma a una persona en las universidades (partiendo desde los colegios de enseñanza básica) que la conducta dada en sociedad se norme por reglas que no trasgredan el respeto, la tolerancia y el buen guardar de la conducta en comunidad. Pero como lo escribiera José Camilo Cela: solo escarmentamos en carne propia y no en la ajena.

Las agresiones por parte de aquellas víctimas que se hayan atrapadas en la confusión y por tanto, desentendidas de las personas más cercanas a éstas, experimentan de la soledad en el mundo, no solo genera frustración y sentimientos encontrados. Siempre hay alguien en cada hogar que paga los platos rotos. Siempre se forman sociedades en todas partes donde los débiles son quienes terminan por pagar por los errores de los fuertes. Y en este caso, son los chivos expiatorios, los esquizofrénicos, quienes convertidos en víctimas, reaccionan con violencia ante sus seres queridos por no sentirse entendidos, o en todo caso apoyados ante circunstancias mayores.

Puede parecer ilógico lo que escriba, pero hay mucho de verdad en todo esto. Los esquizofrénicos también podemos aprender la enfermedad cuando nos convertimos en los novatos de personas malintencionadas, que se divierten a costas de uno, con el afán de destruir la vida no solo de la víctima sino inclusive de un hogar.

En el mundo, los tratados de Ética y Moral, han tratado siempre de definir lo que es el Bien y el Mal, para de esa forma apartar a las personas malvadas de la sociedad,o en todo caso, condenarlas por sus hechos cirminales que generlamente quedan impunes, ante un justicia que hace honor a su alegoría: una mujer con una balanza entre sus manos y sus ojos vendados sin poder saber si la justicia que imparte es justa o no.

 

La desensibilización y el maltrato a los débiles acaso ocasiona personas que dentro de sí, desarrollen actitudes rebeldes o violentas, con razones propias que no son entendidas por quienes ajenos a su realidad, solo observan a un esquizofrénico y no  a un ser humano.

Lamentablemente el mundo en el que vivimos nos dá muchas razones para sentir angustia, miedo y por tanto pánico, que vienen a ser emociones motivadoras de mecanismos de defensa, expresados generalmente de manera violenta.

Es que si he de poner un ejemplo, lo haré puntualmente para que sea entendido: Jesús, el Hijo de Dios, para los católicos, predicó Amor, y fue crucificado por ello.

Pensemos un poco. Si a Jesús, que siendo Hijo de Dios, se le crucificó por querer salvar al ser humano, qué no hará el hombre con aquél o aquella, que no siendo perfecto, sino más bien, un ser con virtudes y defectos, lucha por querer ser feliz.

Las envidias y malas intenciones, por personas amargadas o más bien perversas, que disfrutan con el dolor infringido en quienes se convierten en motivo de su malsano placer, se ven a diario. Son comunes las venganzas mediante las cuales se desea ver al enemigo (o persona en cuestión) desquiciada, con el único fin de humillar totalmente a quien en su momento fue una persona normal.

El resquebrajamiento de la salud mental por tanto empieza por la desunión familiar, y el fracaso de la persona en sociedad.

Para ser más explícito y claro, resulta difícil que la victima, que siendo hostilizada o novatada por personas malvadas, en vez de ser asistida por la justicia, se le diagnostique como orate, o que no tenga razón. Ser un chivo expiatorio, que reclama justicia y encima ,en vez de ser ayudado por la Ley, se le niegue la razón y se le etiquete de loco, no es la manera en cómo se ayuda a una persona para salir de sus problemas.

Y esto explica en parte el porqué algunos pacientes se vuelven violentos ante sus familiares y estén reacios a seguir con el tratamiento dado por los especialistas, quienes drogan al paciente, provocándole desde dislalias (que es la dificultad para poder hacer un uso coherente del habla) hasta estados catatónicos desde los cuales, el paciente, hecho todo un zombie, no encuentra la manera para defenderse del mal ya consumado.

Los internamientos dados en contra de la voluntad del paciente acaso reflejan la violencia que se ve en los psiquiátricos, donde el ser humano ha tocado fondo, humillado, y quitado de sus derechos humanos, sin haber tenido un tratamiento justo en su circunstancia,su soledad en el mundo.

Las mismas drogas legales que recetan algunos médicos, no solo pueden provocar alucionaciones auditivas o visuales, sino que además, afectan en el articulación del habla, convirtiendo la crisis del paciente en un círculo vicioso del cual no puede salir, porque ante los demás, es un loquito, y no una persona, como lo dice bien la Ley, al menos de Perú, en la que se estipula que los esquizofrénicos somos incapaces, o no categorizados por personas.

Todo lo escrito, pasa por la consciencia de un esquizofrénico o víctima del sistema, quien no entiende cómo siendo él un chivo expiatorio, sobre el que se ha infringido un daño moral, en vez de ayudársele, se le desahucie, y se le niegue la razón, es decir, se le categorice como: loco.

De allí el porqué de su violencia y el porqué ésta se da en los núcleos familiares donde precisamente, no todos son normales, si acaso hay personas plenamente normales en una sociedad donde ser normal exige tener todo bajo control, un soporte emocional a prueba de cualquier suseso o desaveniencia, o en todo caso visicitud.

Gustavo Jung decía bien claro en sus escritos que no hay adultos en el mundo, que la mayoría de personas son niños y niñas que asumen el rol de padres y ciudadanos, sin  poder soportar con la carga que el mundo nos dá a todos.

El temple, la ecuanimidad, la ponderación y el carácter afable no lo tiene todo el mundo, si añadimos a esto mi consideración personal que quizá sean pocas las personas, las que estén adaptadas a un sistema donde, el que es bueno, termina siendo malo, o crucificado como pasó con Jesús, el Hijo de Dios.

Y es que el mundo se diferencia entre los opresores y oprimidos. Los que éstán a buen recaudo y siempre harán lo que les venga en gana sin ser condenados por ello, y las víctimas, es decir, aquellos chivos expiatorios sobre quienes se descarga por decirlo de alguna forma, todo nuestro instinto animal, con el cual hemos evolucionado y sobrevivido como especie, donde solo los mejores quedan.

Oscar Wilde lo dijo claro: en este mundo no se premian ni se castigan, a los buenos y a los malos; el triunfo es arrebatado por el más fuerte, y la derrota es concedida al débil.

Como escribiera en un principio, no hay una sola esquizofrenia; hay personas y esquizofrenias. Cada quien es un mundo aparte y nadie es lo suficientemente fuerte como para poder soportar lo que la vida dá a cada uno. (William Blake escribía: ¿cómo puede alguien mantenerse tranquilo, si lleva dentro de sí la carga de tres flechas feroces en su pasado?).

La violencia se acentúa más cuando se dá el diagnóstico, y la víctima reacciona como cualquier persona reaccionaría: defendiéndose ante su última pelea, la que se relaciona con su razón, y el estigma de ser etiquetado como esquzofrénico, y toda la discriminación que esto implica.

Espero haber dado un nuevo alcance sobre la violencia en las víctimas que fueron desquiciadas, y que diagnosticadas con esquizofrenia, intentan como yo, rehacer nuestras vidas, integrándonos en la comunidad, desestigmatizando algo sórdido e incomprensible para quienes se creen perfectos y dicen: yo nunca me equivoco.

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco.


Escritor.

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