LA MUJER QUE SE ADUEÑÓ DE SU VIDA

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

 

 

A mediados del 97, cuando era uno de los pocos en la ciudad que nos rapábamos la cabeza y así, manifestábamos nuestro rechazo contra la Dictadura, una noche en La Alianza Francesa, cuando se estaba celebrando en su patio principal, El Día de la Música, y los muchachos y muchachas disfrutábamos del concierto dado por bandas locales que tocaban covers  y otras, temas propios, si acaso, más de 10 años después hiciera yo también música con un grupo de amigos con una banda que tenía temas propios, Semental, como nos hicimos llamar, remontándome a esos años, como empecé este relato, tocaban un cover de Supertramp, para ser más preciso: The logical song, si acaso los presentes calando algunos tabacos, y otros bailando, seguían a la banda en lo que tocaban, al finalizar el tema, le gané al silencio a todos los presentes y a la banda y alcé la voz gritando: “¡quiero saber quién soy yo!”. La primera impresión que tuve al ver el silencio que vencía y los rostros de todos los presentes cuando se quedaron quietos, en vilo, observándome inmovilizados por largos segundos, fue darme cuenta que esa pregunta se la hicieron ellos también, el querer saber quién es uno.

En nuestro paso pausado en la orilla, ella me comentaba sobre las puestas de Sol o el cómo nacía el astro solar en un país rodeado de mar, donde habían playas de aguas mansas y playas de aguas bravas, las primeras para niños y la familia, las segundas para los que practican el surf. No sé si exageraba al decir que en esas playas el agua a uno lo dejaba en pelotas por ser muy brava, como lo escribí hace un momento. Pero pensaba más mientras contemplábamos el atardecer desde Mejía, La Perla del Pacífico, playa peruana concurrida por la clase alta de Arequipa y Lima, digo, pensaba que le había costado mucho ser lo que era hasta ahora. Las coincidencias entre ambos eran bastantes. “Contigo hay tema siempre”, solía repetir una y otra vez, creo que la empatía fue tan espontánea que el sentirnos acompañados frente al ocaso, era lo mejor que me pudo haber pasado después de mucho tiempo recalcaba a cada momento

, y es que repito, las coincidencias eran muchas, ella quería ser escritora, pintaba cuadros al óleo, si acaso era tan buena con el dibujo como lo fui yo alguna vez, y encima, había estudiado para asistente de arquitectura, cuando eran los tiempos de la tinta china, no como en estos cuando todos los planos se hacen por computadora y en AutoCad. Recordaba cuando se me embarraba la tinta china sobre el papel y que era limpiado con hojas de afeitar. ¿Le Corbuiser?, lo recuerdas, le pregunté, ¡claro!, entonces nos pusimos a hablar por un largo rato sobre El Funcionalismo, sobre si debía o no funcionar la arquitectura en base a las necesidades del nuevo propietario.

Hasta que habló de lo que le ocurrió en el 2009, año difícil para ella, por esos entonces a sus 28 años aún tenía sobre sí el peso terrible de ser mujer, es decir, le costaba mucho esfuerzo ser mujer, como si ello fuera una terrible carga. Le entendí inmediatamente porque eso preguntaban en el Inventario Multifásico de la Personalidad, el conocido MMPI-2,, ese manual utilizado para la evaluación de la psicopatología en adultos en los contextos clínicos. Allí estaba esa pregunta que ella se hacía también en relación a la mujer. Me hablaba del ataque de pánico que le sobrevino, que sentía que se moría, que no podría más con la vida, y le entendí. Por ello me alegró de sobremanera el que ahora estuviera a mi lado, sonriente, disfrutando no solo mi compañía como me lo decía a cada momento con esa espontaneidad que seguro no la sintió desde cuando fue adolescente. Ello me satisfizo. Pues que me dediqué al flamenco, el practicar la danza del flamenco me abrió otro mundo, hallé la paz, ésa fue la terapia que me ayudó a encontrar el equilibrio en medio del mundo. Pensé que tuvo suerte, porque sé de víctimas mujeres que ni con medicamentos sobrellevan esos ataques de pánico que los especialistas intentan controlar. Amo España, decía una y otra vez, así como pinto óleos sobre paisajes y casas coloniales por donde viajo en mi país, Uruguay, así de igual manera lo hago con las casas coloniales. En suma, le interrumpí, ¿el flamenco te ayudó?, sí, la danza española me dio respuestas que los terapeutas no alcanzaron a dármelas, me liberó. La pregunta es entonces, ¿de qué te liberó estimada? De mis miedos, del qué dirán, de las críticas, del temor a ser censurada por todo el mundo, del miedo a ser dueña de mí misma. Ahora puedo darme el gusto de viajar, mira que me gusta Perú, me gusta estar sola del otro lado del continente conversando con un Escritor, ya no hago caso al qué dirán cuando siento que me observan y me están condenando como si cometiera un crimen. Es decir, a mis 28 años era un crimen que paseara a estas horas por la playa contigo, Escritor, no era libre simplemente. ¿Y ahora, eres libre? Ahora soy la dueña de mi vida.

Paseamos hasta ver cómo el mar cambiaba de tonalidad. Cada uno de nosotros es dueño del infierno de sus miedos. Salir de éstos para disfrutar de lo que está en nuestro entorno y de las personas que permitimos entren en nuestras vidas, habla del cómo en nuestro aprendizaje vamos evolucionando hasta llegar a ser adultos y saber de la paz.

Ella ya estaba en paz.

 

Julio Mauricio Pacheco Polanco

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